“La verdad en nuestros tiempos navega por mares tempestuosos, donde los medios de divulgación masiva están en manos de los que amenazan la supervivencia humana con sus inmensos recursos económicos, tecnológicos y militares”.
Fidel Castro Ruz
Alrededor de ella danzan, diabólicamente, sus atributos malignos, crueles, pérfidos, putrefactos, henchidos de hediondez; ¡y están contentos! ríen, bailan un baile extraño con su atributo de horror… y son felices, claro, a su manera. Curiosamente, sus lenguas no son fláccidas, vestidas de terciopelo; no, no son así, sino duras y cubiertas de dardos envenenados que sirven para el horror, para que afloren la perfidia y la maldad que venden al por mayor. Si los vientos están a favor ¡qué bueno!; y si los vientos arrecian, mejor, porque el pago, aunque indecoroso, es mayor.
No os asombréis, en este mundo hay de todo. Por ejemplo, está el que, en su fétido trayecto, va dejando el rastro que ofende; se ceba en escupir sobre el cristal transparente; y hasta se convierte en insecto que le roe el hueso a la patria que los nutre, al decir de Martí el hombre de Yugo y Estrella. Créame, algunos sin decoro sueñan que podrán, algún día, ser de los poderosos. Pero será tarde ya. Acumularon mucha maldad construyendo la hoguera donde quemaban los cuerpos de los difuntos y las víctimas de los sacrificios.
Su pecaminoso andar se nutre de la infamia; echar lodo sobre el rostro de los buenos; virar al revés lo que estaba al derecho; clavar el puñal donde más duele y, después, esconderse tras la columna; usar sus saberes para culpar a los que no tienen culpa; y, para colmo, arrastrarse en la alfombra roja por donde camine el emperador de turno. ¿Por qué, porque los lacayos tienen color verde?
Pero llegaron a ese punto porque se burlaron de la borrasca, esa gran tormenta del mar que arrasa también contra la podredumbre, y que no perdona, más bien, como una ráfaga, somete a juicio a los depredadores de la verdad. ¡Y LOS CONDENA! Pero, por supuesto, el tribunal de la conciencia popular, representado por órganos de prensa dignos que muy bien conocen al enemigo, defienden la obra buena donde quiera que se edifique, para orientar, esclarecer, opinar y, sobre todo, para combatir con las armas de la verdad, utilizadas como cuchillos que penetran en la masa putrefacta de la falsedad.
Y curiosamente, existen también personajillos de pacotilla que le hacen la gracia a los grandes medios. Cómo, pues sirviéndoles de caja de resonancia. Son los testaferros, lacayos, cancerberos y todo tipo de lacra social, que bailan también al compás de cualquier música por mala que sea. Son los políticos de esquina, de pacotilla, de propalar en cualquier ambiente y lugar “sus verdades” porque “lo dijo” la CNN, el Miami Herald o cualquier otro medio de manipulación, como diría AMLO, ¡qué horror!
Quieren desear en sus tertulias que Trump termine de acabar con el problema de Cuba y llegue, al fin, la libertad de su pueblo, para empezar a ingerir hot dog, fumar Chesterfield y beber Coca Cola por la libre, aunque tengan que postrarse ante la bota del invasor para perder así hasta la última molécula de su dignidad. Pero ¡mucho cuidado! Si locos de odio llegan a invadirnos se encontrarán en medio de fuegos cruzados: el del enemigo que es capaz de causar la muerte a su propia familia.; y el de los que son capaces de entregar su vida para salvar a la patria sagrada.








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