Unos artículos atrás, escribí sobre las denominadas “Brujas” de Hitler, aquellas mujeres despiadadas que hacían hasta lo imposible por hacer sufrir a sus semejantes, disfrutaban torturando, infligiendo dolor, así como humillar a quienes tuviesen enfrente. En esta ocasión, hablaré de la contraparte, de aquellas mujeres que con su bondad y talento con las manos lograron sobrevivir al Holocausto.
El libro “Las Costureras de Auschwitz”, de la escritora e historiadora británica Lucy Adlington, permite al lector adentrarse entre sus páginas para ir descubriendo cómo era la vida de aquellas judías que con su talento para la costura, lograron sobrevivir a los horrores de los campos de exterminio, ya que se hicieron indispensables ante las esposas de los altos rangos del ejército de Hitler.
El miércoles 10 de noviembre de 1938 comienza la brutalidad hacia los judíos, y de igual manera el despojo de sus negocios. Desesperados comienzan a tratar de huir, al principio para los alemanes era mejor dejar que salieran del país. Sin embargo, luego de analizarlo con el monstruo de Hitler, llegaron a la conclusión de que era una mejor idea exterminarlos, pero antes torturarlos.
Desde 1935, a través de las Leyes de Núremberg, se despojó a los judíos de la ciudadanía alemana, aun que la obtuvieran por matrimonio con alemanes no judíos. De igual manera, se les prohibió la entrada a los baños públicos, parques, restaurantes, teatros, entre otros sitios.
Al momento de capturar a las mujeres judías que gozaban de cierto prestigio en la moda, al llevarlas al campo de concentración de Auschwitz, Hedwig Hoss, quien era la esposa del comandante del campo, las juntó y creó el “Estudio Superior de Confección”, donde las esposas de los altos mandos iban para encargarles a aquellas mujeres prendas con lo último en la tendencia alemana, así como de la parisina. Dentro de ese taller, aquellas mujeres judías pudieron mantener sus nombres, afuera de aquel lugar, todos eran un número más.
Todas las prendas de los alemanes llegaron a tener una etiqueta de la Federación de Fabricantes Alemanes-Arios de la Industria de la Ropa (Adefa); esa etiqueta significaba que era una prenda aria “pura”. La Adefa se desmanteló en 1939.
Aquellas mujeres costureras sí tenían un poco más de privilegio al poder laborar en el taller de costura dentro del campo de concentración, sin embargo, tampoco era para nada fácil: “A cambio de doce horas de producción ininterrumpida recibían un poco de sopa y el derecho a seguir vivas”.
En total eran 25 mujeres las que trabajaban día y noche cosiendo las prendas arias, sin saber si sus maridos, hijos, padres y/o hermanos seguirían con vida. Habían sido despojadas de sus núcleos familiares, de lo que conocían. El vínculo que iban forjando entre ellas era lo que las mantendría de alguna manera estables emocionalmente, ya eran una familia de la desgracia, con sus sentimientos y emociones rotos, pero unidas se encargaban de hilvanar y coser para que el ánimo no decaiga.
La última superviviente de aquellas mujeres guerreras murió en 2021, permitiendo que a través de su testimonio podamos conocer los horrores de aquel momento deleznable de la historia, y demostrar que a pesar de las adversidades, hubo un grupo de superheroínas que contra todo pronóstico pudieron salir avantes.








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