Los topos

Los topos son unos mamíferos placentarios que junto los desmanes pertenecen a la familia conocida científicamente como Talpidae. Se caracterizan por habitar en cuevas subterráneas y en algunos casos acuáticas. Casi ciegos y sordos, utilizan los sentidos del tacto y el olfato para obtener sus presas y preparar sus madrigueras, de las cuales salen en escasas ocasiones, lo que los hace difíciles de avistar.

Debido a las mencionadas características, el ser humano en determinadas circunstancias ha intentado imitarlos, generalmente en situaciones de peligro en donde requieren de un refugio para esconderse del enemigo. En todos los rincones del mundo se han encontrado cuevas y subterráneos, tanto naturales como creados por el hombre, que le han servido como guarida en diferentes épocas.

Entre los casos más conocidos e incluso emblemáticos del siglo XX figura el de la familia y amigos judíos de la joven Ana Frank, los cuales, después de permanecer por dos años (de julio de 1942 a agosto de 1944), escondidos en unas estrechas habitaciones arriba de las oficinas del padre de Ana, en Ámsterdam Holanda, son detenidos por los nazis y enviados a diferentes campos de concentración, falleciendo Ana y casi todos los refugiados, con excepción del señor Frank que sobrevivió a Auschwitz.

También derivado de la segunda guerra mundial, causó gran asombro en el mundo el caso de los soldados japoneses que fueron saliendo poco a poco de sus escondites, generalmente cuevas en las islas del pacifico, después de meses e incluso años de concluida la contienda. A pesar de que el mismo gobierno japonés, conociendo la lealtad de sus ejércitos, en octubre de 1945 envió aviones que arrojaban volantes donde les informaban que la guerra había terminado: “La guerra terminó el 15 de agosto de 1945. ¡Bajen de las montañas!”, muchos permanecieron escondidos quedando, como los topos, ciegos y sordos, porque simplemente no querían escuchar o ver la derrota de su patria.

Tal es el caso del teniente del ejército japonés, Hiroo Onoda, quien fuera localizado en 1974 en una montaña de la isla Lubang en Filipinas, por un estudiante que acampaba en esa zona después de estar escondido por 30 años. Él se resistió a entregarse y repetía: “Solo me rendiré ante mi superior”, ya que según explicó después, la última orden que recibió fue que no se rindiera. También declaró que sí, había recibido los folletos que tiraban los aviones, pero creyó que eran un engaño.

Al igual que Onoda, el soldado Shoichi Yokoi de 27 años, se mantuvo escondido más de 30 años en las selvas de Guam. En 1972 fue localizado por cazadores del lugar y trató de luchar contra ellos, pero estaba muy débil y pronto fue sometido. Japón lo recibió con honores, pero él nunca se volvió a sentir cómodo en la sociedad moderna.

Otros casos especiales son los conocidos como Los topos de la España franquista, nombre usado para identificar a quienes se ocultaron al concluir la Guerra civil en 1939 para evitar la dura e inhumana represión desatada por el gobierno triunfante. Sus vivencias han dado origen a varios artículos, un libro con ese nombre de los periodistas Manuel Leguineche y Jesús Torbado donde se narra la historia de 24 personas, y una película llamada “La trinchera infinita”, entre otros documentos sobre el tema.

Fueron muchos los combatientes del bando republicano, que no pudieron escapar o asilarse en otro país y no tuvieron más remedio que esconderse, pensando que el triunfo de Francisco Franco sería efímero, o que pronto se emitiría un armisticio a los excombatientes, lo que les permitiría salir de su propia cárcel, cosa que no se dio hasta el año de 1977, después de 38 años y firmado por el rey Juan Carlos I y el presidente Adolfo Suárez y cuando ya había fallecido el dictador Franco (1975).

Escena de la película «La trinchera infinita», seleccionada para representar
a España en los premios Oscar

Algunos de los que se ocultaron, lo hicieron por algunos meses o años, terminando la mayoría siendo fusilados o apresados al salir o descubrirse su refugio, en ese festín de venganzas que se desató después del comunicado del parte de guerra: “vencido y desarmado el ejercito rojo…”, que no significó el fin de las hostilidades, sino el inicio de muchas e incontables masacres. Sin embargo, hubo casos extremos que estuvieron escondidos durante todo el tiempo que duró el gobierno franquista, tal es el caso de Protasio Montalvo Martín, oculto durante los 38 años mencionados, el de los hermanos Juan y Manuel Hidalgo España que se escondieron durante 28 años, en lugares cercanos, pero no se vieron durante todo ese tiempo, o el del alcalde de una pequeña ciudad malagueña, Manuel Cortés, en cuyas vivencias se basó la película “La trinchera infinita”.

La única mujer considerada “topo” producto de este conflicto, es Teodomira Gallardo, quien estuvo escondida varios meses. Al ser descubierta junto su marido Valerio Fernández y sus tres hijos pequeños, fueron confinados a distintas cárceles donde sufrieron palizas y torturas, su esposo fue fusilado en 1945 a los pocos meses de ser apresado acusado de matar un cura, que después se comprobó que se encontraba vivo, y sus hijos fueron internados en escuelas manejadas por monjas. En 1947 es liberada y años después logra recuperar a sus hijos y rehacer su vida casándose de nuevo.

Teodomira Gallardo

Justo es mencionar a otro tipo de “topos”, que no se ocultan de enemigo alguno, sino voluntariamente se introducen en pequeños espacios para realizar actividades heroicas. Hoy son reconocidos mundialmente y orgullosamente mexicanos, surgieron a raíz del gran terremoto de la ciudad de México en 1985, donde se ofrecieron para entrar en los pequeños, oscuros, y peligrosos resquicios de los edificios derrumbados para rescatar a personas atrapadas. Fue tal su éxito y entrega a su labor que se constituyeron como agrupación con ese nombre y participan en rescates en diversos lugares de la república y el extranjero.

Gran parte de la humanidad, ha tenido que ocultarse durante estos ya casi dos años para no ser víctimas de un enemigo común con nombre y apellido: Covid-19. Este virus nos ha mantenido, dependiendo de las zonas del planeta y de los temores personales, semi o completamente enclaustrados y pasará mucho tiempo para poder evaluar que nos está dejando esta experiencia a nivel personal y global. Muchas pérdidas, mucho dolor, muchas ansiedades son cosas innegables, sin embargo, también ha habido cosas buenas que se han derivado de esta experiencia. Temas difíciles en este momento de comentar y no caer en palabras irrespetuosas para los que hoy sufren, pero que algún día serán analizadas, revaluadas y contextualizadas.

Hoy la mayoría, ansía salir de la madriguera, recuperar el status de humanos y abandonar la sensación de ser unos “topos”.

Laura Elena Rosado Rosado
Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.