El blanco y el negro. Siempre la polaridad. El tener que elegir si estás de este lado o estás allá. La connotación de lo negro como negativo y lo blanco, positivo. La base de la guerra y la paz. Pero en una guerra participan muchos colores. Colores que tienen poder, que ejercen poder sobre personas de otros colores. Colores que aunque luminosos, les cuesta ver la luz en medio de la oscuridad. Y la oscuridad no es mala. No es negativa. No lo es la negritud de la oscuridad. Es mala la fuerza que no deja ver, la que se esconde en la sombra, la de la guerra, la de la no paz.
En mi país hay dos opciones, como en tantos otros lugares. La guerra o la paz.
Hoy se celebra la cumbre de la OTAN en Madrid. En España, mi segundo hogar. Hoy el poder está aquí, escondiéndose en habitaciones lujosas de hoteles luminosos, coloridos, destellantes. Muchas personas de muchos colores, están esperando a que esta reunión les dé un rayo de luz. Pero ¿puede dar luz algo que está del lado de la oscuridad? Señores de corbata y trajes grises que nunca han vivido la guerra, que siempre han vivido la paz. Y la paz tiene muchos colores, el color verde de la educación, el morado de la libertad, de poder moverse en lugares donde no hay miedo, en castillos resplandecientes con olor a comida caliente, a comodidad.
En Colombia, mi país, se votó recientemente por un partido multicolor, y ganó. Un partido en donde la negritud es protagonista. Donde el color negro significa paz, buscando un país en donde se pueda “vivir sabroso”, hermosa consigna de nuestra nueva vicepresidenta Francia Márquez.
Un país donde se vive la guerra pero se sigue viendo el color. Donde quienes la han vivido y la viven, tienen el poder para saber cuál es su paz. Donde quienes sufrieron y sufren los horrores de la guerra son quienes tienen el derecho de decidir cómo acabarla. Donde sus voces color arcoíris son las que deben decir qué es la guerra y qué es la paz. Donde una corbata alrededor de un cuello blanco no es símbolo de solución, lo es de apropiación, de territorios, de cuerpos y de color.
La comunidad es la cumbre, es la verdadera cumbre.
La paz tiene múltiples colores, también el negro. La guerra podría ser la ausencia de color. No refleja la luz. El negro es el color protagonista hoy en mi país porque es conocimiento, experiencia y comunidad. Porque tiene voz. Porque canta a la paz. Pero la mitad de un país ensombrecido y carente de luz, votó para que esas voces fueran nuevamente silenciadas. El miedo como estrategia contra la diversidad y el color. Así que el 47,3 por ciento votó la ausencia de color, otro 50 por ciento votó su presencia. Y ganó.
La guerra y la paz.







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