¿Por qué compartir la lectura?

Nos han dicho hasta en la sopa que todos debemos leer, y hemos visto pasar una serie de iniciativas —unas más exitosas que otras— para que, sobre todo, los niños y jóvenes, lean. Podríamos hacer una lista de los spots: los libros son nuestros amigos, la lectura nos lleva a otros lugares y tiempos, pero estas no son más que frases trilladas carentes de veracidad. En realidad, pocas veces nos dicen el efecto concreto que la lectura puede producir en nuestra vida.

Tenía veinte años, aproximadamente, cuando una noche de tantas, leyéndoles en voz alta a mis hijos recuperé la memoria y encontré nuevamente mi conexión con la lectura, me reconocí lectora disfrutando cuentos infantiles de Andersen, Perrault y Wilde, que posteriormente se convirtieron en novelas juveniles, y a mí me llevó al mundo de la literatura.

Lo que parecía una práctica maternal me impulsó a retomar mis estudios. Me convertí en una mamá con uniforme y, después, en una mamá sola con tres hijos que tomó el pecaminoso rumbo de escribir.

De ser una mujer silenciada, invisibilizada y recluida en casa esperando lo poco o mucho que su esposo podía —o decidía dar—, me convertí en una profesional, independiente, autónoma y empoderada. Sin darme cuenta, la lectura había transformado mi vida.

Un día, Elena Poniatowska nos dijo en un taller: si quieren encontrar historias, vayan a la cárcel. Y con ese objetivo, entré al Cereso de Mérida el 8 de marzo de 2015, buscando historias para contar. Sin embargo, encontré mujeres con muchas historias y una gran necesidad de contarlas, así que iniciamos un taller de escritura femenina.

Pero, como la escritura y la lectura son un binomio inseparable, la hoja en blanco hizo su trabajo. Entendí que tenía que compartir lo que yo misma había experimentado, y esto me convertía de coordinadora de un taller literario a una mediadora de lectura. Fue necesario incorporar libros y atender una dinámica diferente que acercó a otras mujeres, a quienes leer también les cambió la vida. Hubieron libros más leídos que otros, como Vagabunda, de Luis Spota; libros que se leían en la clandestinidad de la noche, para que nadie viera, puesto que, al principio, leer las vulneraba. Después, libros eran solicitados, incluso desde el aislamiento; unas les leían a otras que urdían hamacas o tejían. Años después, fuera de prisión, algunas siguieron leyendo y escribiendo; incluso, una de ellas tomó la estafeta y volvió cada semana.

Definitivamente, compartir la lectura es un acto de amor para con la vida, consigo mismo y los otros, no porque sea necesario para alcanzar cierto nivel de conocimiento, lenguaje o estatus; sino porque leer nos permite descubrirnos a nosotros mismos, conocernos un poco más, y esto puede cambiarnos y transformar nuestro entorno. La experiencia de leer, si bien es completamente personal, sirve de pretexto para generar lazos, redes y crear comunidad, así como espacios interpersonales inolvidables. Es también un acto voluntario, porque la lectura sólo puede darse de forma libre puesto que es semilla de libertad. Si tendemos el puente, la lectura hará su propia magia. Al final de cuentas ¿Quién no quiere ser libre?

Nació en Mérida, Yucatán el 3 de enero de 1978. Licenciada en Educación Secundaria con la especialidad en Español por la Escuela Normal Superior de Yucatán y Maestra en Cultura y Literatura Contemporánea de Hispanoamérica por la Universidad Modelo. Diplomada en Competencia Lectora: un Enfoque para la Vida y el Aula (Tecnológico de Monterrey, 2013); Investigación Literaria con enfoque de estudios culturales (Univ. Modelo, 2008); Periodismo, protocolo y Literatura (IECY, 2004-2005) y Literatura y Crítica Literaria (ICY-Santillana, 2002-2003). Actualmente, estudia el Doctorado en Ciencias Filosóficas en la Universidad de la Habana. Narradora, poeta y editora. Ha recibido el Premio Estatal de Cuento Corto El espíritu de las Letras (2015); el Segundo Lugar del Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa (2005); el Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2005) y la beca del Programa Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY- 2004). Becaria en dos ocasiones del Programa de Fomento y Coinversiones Culturales del Fondo para la Cultura y las Artes en 2006 y 2016, la primera por su proyecto Palabra Viva (2005-2008) para mujeres internas, jóvenes acusados de delitos violentos y enfermos de VIH y SIDA internos en el Cereso de Mérida. La segunda, fue por el proyecto Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo que tejió un puente de memoria a partir de la palabra entre hijas, madres y abuelas de cuatro comunidades mayas de Yucatán. Es presidenta de Zedík, A. C., miembro del Centro Yucateco de Escritores, A. C. y miembro distinguido del Colegio de Profesores de Educación Básica de Yucatán, A. C. por su labor educativa dirigida generar estrategias de fomento a la lectura con niños, como el proyecto Kanules del Mundo Maya (2012-2018) y públicos vulnerables. Titular la cápsula radiofónica A salto de página, en Grupo Rivas dentro del noticiero Arcadio en la Radio, un breve espacio dedicado al placer de la lectura (2013-2016). Ha participado como ponente y conferencista en diversos encuentros y coloquios nacionales e internacionales de escritores y de educación. Coordinadora fundadora de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes y de su programa de formación (2008-2011), así como del programa Biblioteca Básica de Yucatán de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (2009-2013) y de la Unidad Editorial de la misma Secretaría de 2013 a 2018. Creadora y organizadora del Foro Regional Educación y Cultura, con el tema En los espacios que habitamos en octubre de 2014 y La filosofía y la imaginación en las lenguas originarias de América en 2016; asimismo del Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia y de las Grandes Ideas en octubre de 2015 y que en su emisión del 2017 llevó el subtítulo Cosmogonías de los pueblos vivos de América; y el Seminario Internacional de Periodismo que reúne a colaboradores del periódico Por Esto!, evento que se realiza desde 2015. Directora editorial del suplemento infantil MUNDOS del periódico Por Esto! (2016-2020) donde también publica artículos periódicamente. Entre sus publicaciones se encuentran Cartas a Sofía, epistolario filosófico para niños publicado por entregas en el periódico Por Esto!, el libro digital Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo, hijas, madres y abuelas escribiendo la memoria (FONCA, SEGEY/2017), la colección infantil interactiva Kanules del Mundo maya (SEGEY/2012-2018), el libro de cuentos Vestido rojo y sin tacones (H. Ayuntamiento de Mérida/2008) y Memorias de mujeres en prisión y otros relatos (ICY, Zedík/2006), entre otros.