La exposición presentada en el Taller 62 (un espacio propicio para el arte) nos adentra a un viaje de retorno, un reencuentro del Ser que atravesó su propia esencia para evolucionar por razón de la meditación zen y alcanzar por sí mismo la capacidad de ver, de mirar aquello que se ignoró y que tras el proceso del renacimiento ahora es perceptible





