El destino de García Luna evidencia dos cosas. La primera de ellas es la debilidad del sistema político y gubernamental mexicano para elegir servidores públicos competentes en el desempeño de sus funciones, asumiendo que competencia implica probidad.
El desvergonzado deslinde de Calderón es muestra de esa complicidad que deberá ser investigada si queremos llegar a la justicia en uno de los capítulos más dolorosos de las últimas décadas en México





