El discurso apolítico es el más político de todos, pero también el más peligroso y manipulador, ya que no reconoce abiertamente las intenciones de quienes lo impulsan mientras que son movidas las piezas del oportunismo.

El desvergonzado deslinde de Calderón es muestra de esa complicidad que deberá ser investigada si queremos llegar a la justicia en uno de los capítulos más dolorosos de las últimas décadas en México