El mito de la Arquitectura sustentable (Parte 2): La fábula del gallo arquitecto y el panda ecoloco

…Y entre tanto pensamiento, análisis y estructura,
decían conocer la neta y hasta también la locura.
Pero al llegar a su casa se liaba con su mujer:
sintiéndose de otra raza nunca daban pa’ comer.

Rockdrigo González

Ante la presentación de los proyectos, los jueces que decidirían al ganador entre el gallo y el panda eran el gobernador, el secretario de la Industria de la Edificación, el alcalde de la Selva de Concreto, el ministro de Economía y Comercio y la secretaria de Turismo.

El Gobernador era un caballo mestizo que se creía un pura sangre, quien, considerándose vanguardista y decidiendo hacer sustentable la ciudad, propuso un sistema de transporte urbano donde lo único sustentable era que, debido al costo tan elevado para la mayoría de la población, decidieron utilizar sus bicicletas para transportarse a sus trabajos y a sus casas. Por lo tanto, creó una ciclovía con miras a una ciudad prospera de primer mundo, amigable con el medio ambiente. El gobernador eligió al gallo.

El secretario de la Industria de la Edificación, un orangután que sólo sabía extender la mano y mugir para pedir las cosas, se presentó rodeado de bananas y abundante comida. Y, misteriosamente, a pesar de pertenecer al mismo gremio del gallo, eligió al panda.

El alcalde de la Selva de Concreto, una rata gigantesca, cuyo único objetivo era reelegirse por sexta ocasión, sólo buscaba obtener recursos para su campaña, elevando el pago de los impuestos al 400%, incluso el impuesto predial, sin importar se vive en la copa de los árboles o en una cueva. Nunca salía de su guarida ni se le veía más que en actos públicos bien custodiado, porque muchos gatos ya lo tenían al acecho. Él eligió al panda.

Edificios inconclusos o mal construidos con materiales naturales

El ministro de Economía y Comercio, un perro chihuahua que siempre andaba temblando y nervioso, nunca podía opinar ni decidir; era manipulado para conveniencia de quienes lo pusieron en el puesto. Le ordenaron que eligiera al panda.

La ministra de Turismo, un águila fuerte, inteligente y decidida, había sido enviada desde la federación; gran parte del financiamiento del proyecto llegaría desde ese mando. Debía evaluar las debilidades de la construcción, así como sus oportunidades y fortalezas para hacerlo un ícono turístico y un polo de inversión. No emitió un voto a primera vista, sino sacó una lista de rigurosos puntos a evaluar para cada una de las opciones que le presentaron. Esto generó disgusto entre los demás animales que ya esperaban ir al banquete para celebrar la asignación del proyecto.

La ministra con ojo de águila comenzó exponiendo los aspectos que debía evaluar para considerarlo un proyecto sustentable:

  1. El diseño debe estar adecuado a las condiciones del sitio (geográficas, topográficas y climáticas), también a la cultura donde se emplaza.
  2. Diseñar, calcular y proponer estrategias de iluminación y ventilación natural.
  3. Proyectar un uso racional y eficiente del agua desde su construcción hasta el funcionamiento del edificio, aprovechando al máximo aguas grises y de lluvia.
  4. Desarrollar a partir de los materiales locales y sistemas propios un adecuado aislamiento térmico y acústico.
  5. Utilizar fuentes renovables de energía. Al mismo tiempo, optimizar el uso de toda la energía del edificio (evitando lo más posible el uso de aires acondicionados y las luminarias durante el día cuando hay un brillante sol en la selva).
  6. Usar materiales adecuados para la construcción (en especial que puedan recuperarse, reciclarse y/o reutilizarse) que sean duraderos, que no contengan productos peligrosos o contaminantes. De preferencia, materiales locales para evitar la emisión de gases contaminantes en el transporte hacia el sitio de su uso.
  7. Reducir las emisiones de CO2 y otros contaminantes, desde su producción, construcción y funcionamiento.
  8. Evitar en la edificación la generación masiva de todo tipo de residuos y desechos o la minimización de estos.
  9. Construir un ambiente sano y cómodo reduciendo los costos de operación y mantenimiento, generando nuevos empleos y una economía local.
  10. Esta arquitectura implica proyectar espacios que sean saludables, viables económicamente y sensibles a las necesidades sociales de la población.
Techumbre de madera, carrizo y bambù

Al exponer los puntos frente a los demás animales del jurado y en presencia del gallo y el panda, comenzó pidiéndoles explicaran las debilidades y fortalezas de cada proyecto, anotando cuál de los dos cumplía con los requisitos establecidos para generar una puntuación que declinara en la edificación ganadora. Les pidió cerraran con una reflexión final sobre su propuesta penetrándoles con su mirada intensa y escudriñadora.

Al tiempo que tomaba su mate traído directamente del hemisferio sur, el panda pidió la palabra y, de manera puntual, indicó que habitualmente la sustentabilidad “bien entendida” no interesa prácticamente para nada a los arquitectos y, en el mejor de los casos, la entienden como una restricción a sus ideas, proponiendo lo mismo de siempre. Su propuesta usaba sólo “lo natural”, sin importar las condiciones del lugar, clima, transporte ni precio, ya que el costo ambiental justificaba cualquier gasto.

El gallo, por su parte, mostró el balance de su propuesta con respecto a los objetivos calificados explicando que, según la cultura mediática y actual, todo es sustentable y, a la vez, prácticamente, nada ha cambiado en el mundo. El arquitecto con voz fuerte de kikiriki dijo:

—¡Hoy, todas las construcciones ya empiezan a ser sustentables, aunque no tengan absolutamente nada para ser denominadas de esa forma, a pesar de ser construidos con componentes “naturales” como mencionaba el panda! Lo mismo supone con cualquier otro material de construcción, ya no existe alguno que no se venda como ecológico o “eco-algo” —concluyó dándole un sorbo al agua fresca de pitahaya que le compró al ventero de la esquina.

Mala realización de edificios en tierra

De todos los jueces, el único que, medianamente, puso atención a la evaluación y las reflexiones fue el gobernador. Los demás estaban dormidos, bostezando y desesperados por ir a ingerir algún tipo de fermentación de la fruta, ya que consideraban que el ganador estaba dado desde el inicio de la presentación sin importar las votaciones.

La ministra eligió al gallo. Y, por mayoría, el veredicto estaba claro; había esperado que con el recuento de los objetivos evaluados, algunos cambiaran de idea. No fue así. La obra se le asignó al Panda.

Fue un secreto a voces que cada concesión implicaba un pago importante de sobornos para cada jurado. La ministra, sin recibir nada, no pudo más que verlo, anotarlo y reportarlo. El recurso de cualquier manera sería ejercido. Los habitantes de la selva supusieron que era una gran administración y un excelente proyecto; celebraron al panda, al alcalde y al gobernador y le refutaron a la ministra su decisión. El gallo siguió en sus trabajos locales sin rechistar sobre la decisión.

Epílogo

Dos años después de la asignación, la construcción del edificio más importante de la selva y sus reinos aledaños que planteaba un desarrollo económico y turístico para todos los habitantes, no se logró, no generó empleos ni mucho menos turismo, pero si creó mucho desabasto de materiales y suministros, además de elevar el costo de vida de la Selva de Concreto.

El costo inicial propuesto en cien millones de coronas selváticas se multiplicó por cien, aun cuando le faltaba el 50% de toda la construcción. No se concluyó, no había recurso y nadie quería seguir pagando. El panda vivía en su ecoaldea recién pavimentada con cal romana y mármol griego, importaba tomates de Baja Californa Sur, México; pan de centeno negro del Valle d´Aosta, Italia y queso Daysi menonita. De su fraude de edificio nadie hablaba. El intento de ser el mejor edificio de la selva quedó en total abandono. Lo terminó habitando un elefante blanco.

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Arquitecto y Maestría en Arquitectura por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. 2004 y 2010 Profesor de la Facultad de Arquitectura de la UADY de 2011 al 2017, de la Universidad Vizcaya de las América, del Centro Universitario de Valladolid (CUV) y la Universidad de Yucatán (UNY). Arquitecto responsable de los proyectos de Restauración de catorce edificios religiosos patrimoniales en el Estado de México derrumbados por el sismo de 2017. Asesor en dos proyectos sociales de vivienda en comunidades rurales sobre autoconstrucción asistida (en PLANCHAC 2015 Vivienda Popular como unidad doméstica sustentable; Medio ambiente y cultura) y Construcción de vivienda vernácula (en Tahdziú 2005). Y como Investigador asociado en el área de Seguridad en la construcción en los conjuntos de vivienda en serie del proyecto CONAVI – CONACYT clave 236282 y clave SISTPROY UADY 2015001. (2015 – 2016) Arquitecto copartícipe en la reconstrucción de viviendas destruidas por el sismo de 2017 en localidades de Chiapas, coordinando a estudiantes de Arquitectura participantes. Docente de las asignaturas de taller de materiales, Restauración, Taller de Proyectos y Teoría e historia de la arquitectura regional, Diseño Bioclimático, Así como de diversos cursos de materiales y sistemas constructivos, Técnicas de restauración y Autoconstrucción asistida de vivienda. Actualmente investigador sobre eficiencia en el uso de materiales entre los que destacan la madera, la tierra, la piedra y otros materiales naturales, así como la realización de proyectos arquitectónicos de vivienda.