Saberes comunitarios

Iniciamos el mes de noviembre con una de las festividades más esperadas de todo el año: el Día de Muertos. En estos los primeros días de noviembre se conjugan el misticismo, la tradición, la historia y la nostalgia. Nos recuerda la fragilidad de la vida y también la constante movilidad de la cultura y las tradiciones.

Sin duda, el culto a los muertos era una celebración común en la Mesoamérica prehispánica, cada civilización tenía sus propias celebraciones y rituales para honrar sus muertos, pero compartían elementos comunes como las ofrendas que consistían en alimentos, bebidas, semillas y flores, entre otros.

Por supuesto, la llegada de los conquistadores y la imposición del catolicismo produjo un sincretismo en todas las prácticas religiosas de los nativos mesoamericanos. Particularmente, en la Nueva España, la celebración del Día de los Muertos tomó especial importancia, dado el culto que las culturas antiguas tenían a la muerte; sin embargo, esta festividad se transformó y fue adaptándose de acuerdo con las diferencias culturales de las zonas del país; es precisamente por estas variaciones que resulta tan colorida y versátil.

Cabe señalar que a pesar de que el culto a la muerte en la época prehispánica abarca toda Mesoamérica, el Día de Muertos, es una celebración que se origina en México y que se extiende sólo a algunos países de Nuestra América como Argentina, Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, Venezuela, República Dominicana y Cuba.

En la actualidad, los mayas de Campeche, de la zona del Camino Real, todavía acostumbran a visitar las tumbas de sus difuntos para limpiar la cripta y las osamentas de sus ancestros mientras hablan con ellos. En Yucatán, las familias conservan la tradición de esperar a los pixanoob, que son las ánimas o el espíritu de sus familiares difuntos preparando una comida especial que ponen en un altar con velas, dulces tradicionales, las fotos y aquello que les gustaba a los difuntos. Por eso, a esta celebración le llaman Janal Pixan, Comida de Ánimas, cuyo origen parte de la región sur del estado.

Sin embargo, en los últimos años, pasó de ser un ritual sacro para los mayas a una actividad escolar y de política pública, la cual se institucionaliza en los años ochenta con la finalidad de mantener la tradición, cuyo resultado es la superficialidad y la información equivocada que, en muchas ocasiones, se transmiten con el afán de cumplir, al tratar de dar significados desde una perspectiva cristiana a elementos que tienen un origen maya.

Es curioso cómo la tradición se transforma, se inventa y reinventa. Lo mismo ocurrió con las catrinas y calaveras que hoy son símbolo de esta festividad mexicana, cuya tradición comienza a partir de la creación de la obra de José Guadalupe Posada, quién pintó por primera vez a la Catrina Garbancera en 1910. El caricaturista mexicano la creó como una burla a los vendedores de garbanzo que, a pesar de ser pobres, aparentaban ser ricos y despreciaban sus orígenes y costumbres; y en 1947, Diego de Rivera, le pone a “La Catrina” el traje elegante que se ha convertido en la inspiración de tantas caracterizaciones.

Estos días de honrar a nuestros ancestros, son también una buena oportunidad para conocer los saberes de los abuelos, reunirnos a la mesa y escuchar las historias que a lo mejor ya las hemos escuchado una y otra vez, pero que debemos mantener vivas. Son días de hacer una pausa y aprender un poco más acerca de estas prácticas ancestrales que nos acercan a nuestras raíces, a quiénes somos.

Por eso, esta edición de noviembre de Lectámbulos la titulamos Saberes comunitarios, porque si algo nos enseñaron nuestros ancestros es que no caminamos solos en este mundo, que en cada tradición se encuentran quienes caminaron antes de nosotros en el tiempo, por eso es necesario volver la mirada a la sabiduría de nuestros pueblos originarios, de nuestros abuelos y abuelas, antes de que sea tarde.

Nació en Mérida, Yucatán el 3 de enero de 1978. Licenciada en Educación Secundaria con la especialidad en Español por la Escuela Normal Superior de Yucatán y Maestra en Cultura y Literatura Contemporánea de Hispanoamérica por la Universidad Modelo. Diplomada en Competencia Lectora: un Enfoque para la Vida y el Aula (Tecnológico de Monterrey, 2013); Investigación Literaria con enfoque de estudios culturales (Univ. Modelo, 2008); Periodismo, protocolo y Literatura (IECY, 2004-2005) y Literatura y Crítica Literaria (ICY-Santillana, 2002-2003). Actualmente, estudia el Doctorado en Ciencias Filosóficas en la Universidad de la Habana. Narradora, poeta y editora. Ha recibido el Premio Estatal de Cuento Corto El espíritu de las Letras (2015); el Segundo Lugar del Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa (2005); el Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2005) y la beca del Programa Creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Yucatán (FOECAY- 2004). Becaria en dos ocasiones del Programa de Fomento y Coinversiones Culturales del Fondo para la Cultura y las Artes en 2006 y 2016, la primera por su proyecto Palabra Viva (2005-2008) para mujeres internas, jóvenes acusados de delitos violentos y enfermos de VIH y SIDA internos en el Cereso de Mérida. La segunda, fue por el proyecto Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo que tejió un puente de memoria a partir de la palabra entre hijas, madres y abuelas de cuatro comunidades mayas de Yucatán. Es presidenta de Zedík, A. C., miembro del Centro Yucateco de Escritores, A. C. y miembro distinguido del Colegio de Profesores de Educación Básica de Yucatán, A. C. por su labor educativa dirigida generar estrategias de fomento a la lectura con niños, como el proyecto Kanules del Mundo Maya (2012-2018) y públicos vulnerables. Titular la cápsula radiofónica A salto de página, en Grupo Rivas dentro del noticiero Arcadio en la Radio, un breve espacio dedicado al placer de la lectura (2013-2016). Ha participado como ponente y conferencista en diversos encuentros y coloquios nacionales e internacionales de escritores y de educación. Coordinadora fundadora de la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes y de su programa de formación (2008-2011), así como del programa Biblioteca Básica de Yucatán de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado de Yucatán (2009-2013) y de la Unidad Editorial de la misma Secretaría de 2013 a 2018. Creadora y organizadora del Foro Regional Educación y Cultura, con el tema En los espacios que habitamos en octubre de 2014 y La filosofía y la imaginación en las lenguas originarias de América en 2016; asimismo del Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia y de las Grandes Ideas en octubre de 2015 y que en su emisión del 2017 llevó el subtítulo Cosmogonías de los pueblos vivos de América; y el Seminario Internacional de Periodismo que reúne a colaboradores del periódico Por Esto!, evento que se realiza desde 2015. Directora editorial del suplemento infantil MUNDOS del periódico Por Esto! (2016-2020) donde también publica artículos periódicamente. Entre sus publicaciones se encuentran Cartas a Sofía, epistolario filosófico para niños publicado por entregas en el periódico Por Esto!, el libro digital Ko’olelo’ob, migrantes del tiempo, hijas, madres y abuelas escribiendo la memoria (FONCA, SEGEY/2017), la colección infantil interactiva Kanules del Mundo maya (SEGEY/2012-2018), el libro de cuentos Vestido rojo y sin tacones (H. Ayuntamiento de Mérida/2008) y Memorias de mujeres en prisión y otros relatos (ICY, Zedík/2006), entre otros.