“The Road to October 7: Benjamin Netanyahu, the Production of the Endless Conflict and Israel’s Moral Degradation”, el revelador libro del historiador israelí y activista de derechos humanos Adam Raz, aborda una de las mayores cegueras en el discurso público israelí: la extensa y deliberada participación de Benjamin Netanyahu en el fortalecimiento de Hamás.
Raz argumenta que la prioridad del primer ministro israelí nunca ha sido la seguridad de Israel, sino impedir cualquier posibilidad real de resolver el conflicto palestino-israelí, ya sea mediante la división del territorio, el fin de la ocupación o una solución de dos Estados.
El Conflicto Perpetuo
Las revelaciones del libro de Adam Raz sobre la relación entre Benjamin Netanyahu y Hamás exponen una de las paradojas más perturbadoras del conflicto palestino-israelí: el primer ministro israelí ha dedicado décadas a fortalecer, directa e indirectamente, a la misma organización que ahora jura destruir. Esta aparente contradicción, sin embargo, tiene una lógica perversa que trasciende la mera incompetencia política: hacer impopular, tanto para palestinos como para israelíes, la solución de los dos Estados.
El patrón es claro: desde su primer mandato como primer ministro en 1996, Netanyahu ha trabajado sistemáticamente para sabotear cualquier posibilidad de una solución negociada al conflicto. Su oposición fundamental a la solución de dos Estados no se ha limitado a la retórica: se ha manifestado en acciones concretas diseñadas para hacer imposible cualquier acuerdo de paz viable.
La construcción de asentamientos en Jerusalén Este, la apertura unilateral de los túneles del Muro Occidental, y la decisión de retirar la solicitud de extradición contra el líder de Hamás Mousa Abu Marzouq son solo algunos ejemplos de cómo Netanyahu ha contribuido activamente a radicalizar el conflicto y fortalecer a los elementos más extremistas dentro de la sociedad palestina.
El dinero como arma política
Raz señala que quizás la evidencia más contundente de esta estrategia fue la decisión de Netanyahu de canalizar millones de dólares qataríes hacia Gaza, en contra del consejo de sus propios servicios de seguridad. Esta política, que comenzó como transferencias bancarias modestas en 2012, se transformó en 2018 en un flujo mensual de maletas llenas de efectivo. La justificación oficial de «estabilidad» apenas ocultaba el verdadero objetivo: mantener a Hamás lo suficientemente fuerte como para impedir cualquier reconciliación palestina que pudiera conducir a negociaciones serias.
Mantener a Hamás fuerte implicaba debilitar el poder de interlocución de la Autoridad Palestina.
Como prueba, el historiador israelí menciona un mensaje críptico entre Yahya Sinwar y Netanyahu en 2018, titulado «Riesgo calculado», que revela la naturaleza simbiótica de esta relación. Tanto Netanyahu como el líder de Hamás entendían que su aparente enemistad servía a un propósito común: la perpetuación del conflicto. Hamás obtenía recursos para mantener su control sobre Gaza, mientras Netanyahu conseguía el pretexto perfecto para argumentar que no había interlocutor palestino válido para la paz.
El costo humano
La tragedia de esta estrategia se mide en vidas humanas. Los eventos del 7 de octubre y la subsiguiente respuesta israelí en Gaza representan el clímax sangriento de años de políticas diseñadas para mantener el conflicto vivo. La dresdenización(1) de Gaza, como la describe Raz, no responde a una lógica militar sino a una de venganza que sirve para eliminar cualquier posibilidad de reconciliación en el futuro previsible.
Paradójicamente, la guerra actual representa no el fracaso sino el éxito de la estrategia de Netanyahu. El apoyo a la solución de dos Estados está en mínimos históricos de apoyo en ambos lados, la sociedad israelí se ha vuelto cómplice de crímenes de guerra a través de su apoyo a la campaña militar, y las condiciones en Gaza garantizan generaciones futuras de resistencia armada.
La corrupción moral
Lo que emerge del análisis de Raz no es solo la crónica de una catástrofe política, sino el testimonio de una profunda degradación moral. La sociedad israelí, enfrentada a las consecuencias de décadas de ocupación y la política deliberada de conflicto perpetuo de Netanyahu, parece haber perdido su brújula ética. Como presagió Yeshayahu Leibowitz hace más de medio siglo, la ocupación ha actuado como un veneno lento pero implacable en el tejido moral de Israel.
La capacidad colectiva para negar o justificar el sufrimiento masivo en Gaza, documentado y compartido en tiempo real a través de redes sociales, es quizás el síntoma más visible de esta corrosión moral. Los soldados que bombardean archivos históricos «por diversión», la implementación de políticas de hambre, los bombardeos indiscriminados y la tortura sistemática no son aberraciones, sino las consecuencias predecibles de una estrategia que ha priorizado el conflicto sobre la humanidad.
Así, el verdadero “riesgo calculado” de Netanyahu no fue fortalecer a Hamás, sino apostar el futuro moral y político de Israel en el altar del conflicto perpetuo. Fue apostar el alma misma de Israel en el proceso. La pregunta que plantea Raz, y que deberá enfrentar la sociedad israelí cuando se abran las puertas de Gaza, no es solo sobre responsabilidad política o militar, sino sobre la posibilidad misma de recuperación moral. La historia sugiere que el camino elegido será el de la negación, perpetuando así el ciclo de degradación ética que ha caracterizado esta era.
La tragedia última no es solo la pérdida de vidas o la destrucción física, sino la normalización de lo moralmente impensable. En su búsqueda por mantener un conflicto interminable, Netanyahu no solo ha fortalecido a sus supuestos enemigos: ha transformado fundamentalmente la sociedad que dice proteger, dejándola moralmente empobrecida y cada vez más incapaz de reconocer su propia degradación. Esta puede ser su herencia más duradera y devastadora.
Nota
(1) La “dresdenización” es un término que se refiere a la destrucción total y absoluta de una ciudad mediante bombardeos aéreos, inspirado en el bombardeo de la ciudad alemana de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial. En febrero de 1945, Dresde fue bombardeada por las fuerzas aliadas, resultando en una devastación masiva y la muerte de miles de civiles.
Bibliografía
Cypel, S. (2022). La memoria selectiva de la sociedad israelí. Nueva Sociedad, (302). Recuperado de https://nuso.org/articulo/302-memoria-selectiva-sociedad-israeli/
Raz, A. (2024). Estaba claro que Netanyahu iba a convertir a Gaza en un segundo Dresden. La Tercera. Recuperado de https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/adam-raz-estaba-claro-que-netanyahu-iba-a-convertir-a-gaza-en-un-segundo-dresden/PQD24PXUB5HNRIGAENDYIL6WWM






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