...quisiera decir que parece increíble el silencio generalizado por las naciones occidentales ante la atroz decisión del parlamento israelí, pero la realidad es que solo es reflejo de lo que ha acontecido durante estos años de genocidio.
El imperialismo estadounidense y el sionismo israelí son la amenaza actual más peligrosa para la humanidad; el riesgo es latente, ya que la deshumanización vivida y transmitida en tiempo real del genocidio en Palestina, ha puesto a prueba nuestra capacidad de sentir dolor y activarnos, o de alienarnos para mirar sin sentir y quedar callados; otra vez “la banalidad del mal” está rondando el mundo. Pero, ante este panorama desolador, la solidaridad internacionalista es la fuerza de los pueblos que unidos se defienden de la barbarie: la humanidad depende de sí misma para sobreponerse de estos tiempos oscuros.
En ese silencio, en ese frío que cala, entre escombros y destrucción, ahí, en lo profundo, donde las bombas del sionismo y el imperio no logran penetrar, donde la vida se renueva con la esperanza y las y los palestinos de todas las edades resisten, ahí están las voces que no callan y combaten el silencio genocida, ahí está, a pesar de todo, la Navidad palestina, y esa sí la debemos celebrar.
Lo extraordinario de esta tragedia no es solo la destrucción física. Es cómo la guerra ha invadido hasta los rincones más íntimos: los sueños. Ese refugio donde la mente siempre podía escapar ahora también está en disputa. La violencia intenta colonizar incluso el inconsciente de estas infancias.
El reciente informe de la ONU sobre la hambruna en la Franja de Gaza no debe pasar desapercibido en la comunidad internacional, ya que su difusión y utilización para las denuncias penales en cortes internacionales contra Netanyahu y sus aliados por los crímenes de guerra y lesa humanidad, son una pequeña ventana de luz en esta ya larga noche de crisis de humanidad.
Si el genocidio no es detenido ya y se restituyen los derechos del pueblo y la nación palestina a existir y a vivir en su territorio, estaremos clavando una espina en la devastada esperanza del futuro de la humanidad.












