Palabra y mundo en José Carlos Becerra. Seguda parte.

El poeta quiere cantar y, derrotada la memoria, se amotina en el instante germinal del canto y despierta en esa orilla donde el aliento funda la intuición del tiempo. Pero desde esta arcilla de las cosas olvidadas, el espejo de la palabra lo mira y lo conjura con una voz que ya no es la suya.

Una brisa muy joven sopla entre los almendros, una brisa lejana sopla entre mis labios, el silencio,
el silencio de la torre de la iglesia bajo la luz del sol,
el silencio de la palabra iglesia, de la palabra almendro, de la palabra brisa.

Esta mirada de las cosas olvidadas no es el encuentro decisivo de la voz de José Carlos con su realidad, pues como observara Octavio Paz: el poeta se vuelve hacia su pasado en busca de ese instante en que realmente fue. Pero la otra orilla del tiempo no está allá sino aquí.

El encuentro definitivo sólo habría de tener una prefiguración en Oscura palabra (1965) y ocurrir en los poemas reunidos de manera póstuma, en los libros Fiestas de invierno […] y Cómo retrasar la aparición de las hormigas […].

Espero una carta todavía no escrita / donde el olvido me nombre su heredero.

Esta experiencia de búsqueda, extravío y encuentro virtual, que expresa el vínculo entrañable entre el aliento del poeta y la circunstancia que lo mira, halla su punto de sustentación en un diálogo vivencial, en que la voz lírica aflorada desde la intimidad del autor, se desnuda y habla con su madre muerta. En tal camino doloroso hacia la liberación espiritual del poeta, perdida la memoria, el olvido es el medio para el reconocimiento de sí mismo, o de algo muy interno de su ser que es la angustia.

La conciencia agolpada de lo ausente, en Oscura palabra, que es ante todo pérdida, conduce a la intuición de un orden roto: lo perdido se ha llevado también algo suyo. Así, él advierte:

Hoy llueve, y la lluvia nos ha hecho entrar en casa a todos, menos a ti.

Algo se ha roto en alguna parte. En algún sitio hay una terrible

descompostura y alguien ha mandado llamar a unos extraños

artesanos para arreglarla. Así suena la lluvia en el tejado

Becerra enfatiza más tarde la presencia de su angustia en ese silencio oscuro de la palabra:

Me has dado una cita, pero tú no has venido,

y me has mandado a decir con alguien que no conozco,

que te disculpe, que no puedes verme ya.

Y ahora, me digo yo abriendo tu ropero, mirando tus vestidos; ¿ahora qué les voy a decir a

las rosas que te gustaban tanto qué le voy a decir a tu cuarto, mamá?

Pero en el principio, van quedando apenas escombros, pulsaciones vencidas, la intemperie y el polvo cayendo en el abismo.

En el fondo de la tarde está mi madre muerta. […]

y ahora la lluvia se acerca a mi pecho como si no conociera otro camino para entrar en la noche.

Y allá, abajo, más abajo,

allá donde mi mirada se vuelve un niño oscuro,

abajo de mi nombre, está ella sin levantar la cara para verme.

Ella que se ha quedado como una ventana que nadie se acordó de cerrar esta tarde.

Hay en esta entronización del olvido que se asila en el aliento, algo íntimo de suicidio en el silencio. En este pozo ciego, en este sedimento de la garganta a oscuras donde ocurre (acaso en el delirio) la recreación virtual de lo querido. Y el hombre (recién nacido) se obstina en alcanzar trastabillando, la huella del espejo. La percibe así, primeramente:

Esta noche hay algo tuyo sin aquí presente,

y tus manos están abiertas donde no me conoces. Y eso me pertenece ahora;

Únicamente después, el poeta podrá admitir y confesarle a sus adentros:

he caído al dar un paso en falso en la oscuridad de tu pecho. […]

y yo, mamá, nos hemos sujetado en quién sabe qué zona ciega, en qué aguas nos pusimos turbios de mirarnos,

de querernos hablar, de despedirnos sin que lo supiéramos.

Gravita en esta percepción de la oscuridad de las cosas, un sentido hondo, al par de renunciamiento y de transgresión: en tal aceptación de la ausencia –y sobre todo, de la muerte de un orden– parecen al mismo tiempo, nacer el hombre y morir el poeta. El hombre nace sobre el niño; pero el poeta descubre entonces la falsedad de la muerte, y se prepara para una ‘realidad’ más honda.

Mienten las cosas que hablan de ti

tu rostro último me mintió al inclinarme sobre él

porque no eras y yo sólo abrazaba aquello que el infinito retiraba poco a poco, como cae a veces el telón en el teatro,

[…]

y es necesario salir a la noche lluviosa.

Así, en su Oscura palabra como en toda su poesía, José Carlos Becerra –hombre y poeta– construye ante nosotros el manifiesto vital de su aliento:

madre, madre, […]

a solas como el mar que rodea al naufragio hemos de contemplarnos tú y yo,

nada nos une ahora, sólo ese silencio,

único cordón umbilical tendido sobre la noche como un alimento imposible,

[…]

Ahora un poco de flores para

de las que te llevan,

también en hay algo tuyo a lo que deberían llevarle flores ese algo es el niño que fui,

ya nada nos une a los tres, a ti, a mí, a ese niño.

El poeta ha llegado a ser de este modo, testigo de la muerte y de su oscura palabra, navegante por el río del olvido y vigía de su silueta.

Desde mi puesto de observador, he podido sentir –permítanme apoyarme otra vez en Gorostiza– que la poesía al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de la significación. Bajo el conjuro poético, la palabra se transparenta y deja entrever, más allá de sus paredes adelgazadas, ya no sólo lo que dice sino lo que calla. O sugiere.

Sé además que, tratándose de José Carlos Becerra –quien buceó con tal fuerza en ese río entre su aliento y el mundo hasta el destino de su canción– existen muchas otras miradas posibles. Esta es tan sólo la de un testigo: una leve escucha a contraluz del viento.

Pero: Allí está la voz en el aura de la espuma. Como él, puede enrolarse en ella quien esté enamorado.

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Ponencia presentada por el autor en el XVI Congreso Internacional de UC-Mexicanistas (serie FILEY), Mérida, Yucatán, México, Marzo de 2025.

Si te interesó este artículo, lee la primera parte en el siguente enlace:

investigador y profesor en humanidades, literatura y ciencias sociales. También es creador literario, especialmente en poesía y ensayo. Sus áreas de interés se centran en estudios y proyectos sobre el pensamiento y la realidad social, la cultura, la historia, la política, la educación y la literatura en México y Latinoamérica, con un enfoque filosófico y antropológico. Es doctor cum laude en Estudios Culturales por la Universidad de Sevilla, España y en Ciencias Literarias por la Universidad de La Habana, Cuba. Obtuvo licenciatura y maestría en Antropología Social en la Universidad Autónoma de Yucatán; Especialización en Ciencias y Técnicas de la Educación en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido investigador en las Facultades de Antropología y Arquitectura (UADY). Fue director fundador de la Escuela de Humanidades de la Universidad Modelo, Mérida; docente y conferencista invitado en la UADY, la Bringhan Young University, Utah; University of Texas El Paso, y la Universidad de Los Andes, en Mérida, Venezuela. Entre sus obras de investigación están la tesis doctoral Los aportes del pensamiento en la construcción de la realidad social en los procesos formativos de la nación y la nacionalidad en México (2017); tesis doctoral Para una historia de la poesía en Yucatán (2004); Póopol Wuj, en coordinación con el MC Fidencio Briceño Chel, edición bilingüe maya yucateco-español (Conaculta-Universidad de los Andes, 2013); "Una capacitación basada en la investigación-acción: 25 años de experiencias con grupos de campesinos e indígenas de México". (coautoría con Irene Duch y Francoise Garibay) en Garibay, F. y Séguier, M. (coords.), Pedagogía y prácticas emancipadoras, Actualidades de Paulo Freire, ed. español-francés (IPN- Unesco, 2012); Un mejicano, El pecado de Adán, edición crítica de la novela publicada en 1838 por Pedro Almeida (Instituto de Cultura de Yucatán, 2011); co-editor de Arquitectura de las palabras, Voces merideñas, voces meridanas, Antología poética de las Méridas americanas (Universidad de Los Andes, 2008). Sus obras poéticas incluyen Elocuencias del rayo (Textofilia, 2015); Extranjeros del alba, (Vaso Roto, 2014); Memorial de la piedra, Sudario insomne del silencio (Instituto de Cultura de Yucatán, 2011); Crónica del relámpago (Ayuntamiento de Mérida–Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, 2009). Fuente: www.unimodelo.academia.edu