La memoria habita en las comunidades, se anida en cada rincón y en cada hogar, ya que la identidad y la cultura son aspectos que definen a cada ser humano, aunque no siempre seamos conscientes de ello. La memoria no es un concepto abstracto carente de forma y expresión, sino todo lo contrario, ella se materializa con las prácticas culturales, las tradiciones y las costumbres, vive en cada poblador y tiene manifestaciones específicas, pero sobre todo reúne una serie de elementos característicos que dan forma a la manera en cómo explicamos nuestro origen y nuestro lugar en la sociedad a la que pertenecemos, siempre en colectivo sin menos cabo de las diferencias; es, en suma, la esencia que nos define y da razón a nuestra existencia.
Las comunidades resguardan, de generación en generación, un sinfín de saberes que tienen origen en la memoria, y de forma particular en la lengua, ya que fue la lengua la que se convirtió en el repositorio de todos los saberes cosmogónicos y de toda una tradición de conocimientos e interpretaciones del mundo y del entorno comunitario, donde los pueblos originarios supieron explicarse a sí mismos como parte de ese entorno. Hoy, en Yucatán, la memoria maya vive y se reconfigura resistiendo el paso del tiempo y los avatares que la modernidad, el progreso y las políticas públicas han sobrepuesto a su lógica colectiva, a su organización horizontal sin jerarquías opresivas, y a su perspectiva identitaria nacida a partir de esa relación dialéctica entre naturaleza y humanidad.
Por eso es de suma importancia visibilizar los esfuerzos que se realizan por fortalecer la memoria de los pueblos, a través de la revalorización de los saberes comunitarios, tal y como propone la Nueva Escuela Mexicana (NEM) en sus principios y fundamentos filosóficos y pedagógicos, pues en ella se reconoce que como primer principio y requisito para que la educación anide y encuentre significado entre las y los estudiantes, está, indiscutiblemente, la contextualización del proceso de enseñanza-aprendizaje, y más cuando hablamos de educación indígena, pues no puede concebirse un trayecto formativo para infantes y jóvenes alejado de la realidad cotidiana a la que están inscritos y de la cual forman parte, e incluso reproducen sin que necesariamente sean conscientes de ello.
En Yucatán, de manera especial, en las diferentes geografías que componen a la entidad, se realizan procesos pedagógicos sustentados en conocimientos y experiencias que las y los docentes han adquirido a lo largo de su práctica profesional, y de manera particular en las zonas mayas, o con mayor presencia poblacional de mayahablantes, los procesos pedagógicos exitosos se articulan con las comunidades, en común con las creencias y las prácticas tradicionales. En relación a lo anterior, en el municipio de Yaxcabá, hemos podido constatar esas prácticas pedagógicas de éxito, cuyos logros sobrepasan la adquisición de conocimientos y se adhieren en la lucha por mantener viva la identidad y la cultura maya mediante la recuperación de la memoria, visibilizando los saberes propios de las poblaciones y divulgando la historia como un reflejo de lo que hoy se vive en la región oriente de la entidad.
Uno de esos casos, lo hemos podido constatar en la Escuela Primaria Indígena “Felipe Carrillo Puerto”, en la población de Cisteil, en Yaxcabá, donde las y los alumnos en conjunto con los adultos mayores, madres de familia, y con la guía de la directora Geyni Bernardina Ucan Caamal y la supervisión la maestra María Isabel Poot Dzul, han desarrollado un proyecto de recuperación de la memoria histórica que ha dado lugar al Museo “U kúuchil Úuchben Ba’alo’ob”, cuyo objetivo es reconstruir desde la voz de los pobladores los episodios que configuran hoy la memoria de la comunidad y que dan sentido a su identidad, y en este caso, siendo Cisteil el sitio donde aconteció la lucha contra la dominación española que encabezó Jacinto Canek en 1761, la resistencia maya tiene un lugar especial en la exposición, encontrándose en la representación lugares del poblado que se revisten de un significado particular, así como dibujos o imágenes que reviven el movimiento social maya dirigido por Canek contra la opresión colonial.
Además, este proceso de revalorización de la memoria que otorga a las nuevas generaciones la oportunidad de conocer su historia y de acercarse de forma directa y tangible a los sucesos que la componen, tiene como elemento indispensable la lectura y escritura en lengua maya, debido a que el acopio de los relatos de los adultos mayores -quienes son poseedores de muchos saberes comunitarios-, es realizado mediante narrativas o textos explicativos que las y los alumnos redactan en maya, lo que refuerza no sólo su apego a la comunidad al autoidentificarse como parte de esa memoria y ese entorno, sino también su conocimiento de la lengua maya, su sonoridad, su sintaxis, y su valor en sí misma como elemento indispensable para la supervivencia cultural.
Este proyecto pedagógico de recuperación de saberes, que las y los alumnos de la escuela relatan con mucha alegría y orgullo, es acompañado con la elaboración de libros cartoneros o artesanales, donde las narrativas o relatos se plasman con el puño y letra de las y los educandos, fortaleciendo los elementos fundamentales de la escritura, y además son embellecidos con dibujos de la misma autoría, lo que de igual forma permite desarrollar habilidades de lectura en lengua maya, ya que las enseñanzas no parten del español al maya, sino que surgen desde la concepción maya comunitaria y son conceptualizadas de esta forma por las y los alumnos, permitiendo un aprendizaje más significativo y dándole ese plus al proyecto, para convertirlo en una experiencia de éxito, al no quedarse con los aspectos formales de la escritura y la lectura, y al fomentar el apego cultural y la creación de comunidades de aprendizaje desde la raíz; el origen mismo de donde nace el saber comunitario.







Responder