Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando bien trajeados y rollizos, sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo.
José Martí
Estamos colmados de muchas y variadas preocupaciones. Por momentos nos parece que hemos entrado a un túnel oscuro con la certidumbre de que no hay retorno ni grieta alguna por la que podamos escapar hacia la claridad. ¡Y no es para menos! Ante nosotros un panorama dantesco que hiere el pecho como puñales: guerras, genocidio, pandemias, hambruna, golpes de Estado, fascismo reverdecido, presidentes corruptos que elogian “las bondades de sistemas ya obsoletos por su gran injusticia, atentados a todo lo noble y útil de nuestra existencia, daño irreversible a la naturaleza, pasándole la cuenta al futuro, y, por supuesto, un imperio que, en su pataleo, se empeña en seguir atropellando a lo más puro del ser humano mediante la fórmula de los cañones, la injerencia y el aplauso a una ¿democracia? de los ricos, para los ricos y por los ricos.
¿Y la solución para hacer retroceder tanta oscuridad? ¡Tremenda pregunta! Entonces permítame divagar un poco, porque de los sueños también han nacido los mejores partos de la humanidad, los mismos que nos hacen seguir en la lucha y la denuncia contra los villanos empeñados en hacer retroceder la historia.
Quisiera virar al revés al sistema depredador del gran capitalismo, aplastarlo con mis pies hasta que no quede ni el polvo; derrumbar a instituciones amorfas, incapaces, inútiles y burocráticas, que en la práctica están al servicio únicamente de los mandatos divinos imperiales, como el caso de la OEA con su fetidez consustancial; también otras organizaciones que se auto titulan defensoras de los derechos humanos, pero que en la práctica se han convertido en entes almidonados e insensibles, limitando su accionar a raquíticas notas anémicas de valor para condenar lo que deben, cubriendo el cuerpo con el velo servil para, sobre todo, que no se moleste el gran señor del Norte.
Algo más de extraordinaria importancia: Quisiera, sin el ruido de las bombas, ver enterrado, y para siempre, al imperialismo yanqui, haciendo énfasis en la destrucción definitiva de cualquier semilla o vestigio que propicie su vuelta a la escena de este mundo. Y quisiera que en tal empeño no sufra el pueblo de Estados Unidos, sino todo lo contrario, de manera tal que llegue el día en que, unidos, celebremos el fin de la injusticia humana, para lo cual utilizaremos al propio edificio de las Naciones Unidas, con la misma Carta Magna que rige hoy, pero haciéndola valer tal como fue concebida. Y ¿cómo se organizaría su funcionamiento? Vea usted:
Ante la ONU todos los países contarán con los mismos derechos, y por tanto no se aceptará el concepto de diferencias según el aporte monetario que requiere la organización; y tampoco, obviamente, el concepto de países ricos y pobres; las grandes decisiones se adoptarán por mayoría simple de los miembros de la Asamblea General y serán de obligatorio cumplimiento. Si algún país se negase a cumplir el mandato, será debidamente denominado como enemigo de humanidad. Por el momento una última opinión: Todos los países tendrán las mismas obligaciones y derechos; y claro, no puede faltar el funcionamiento del Consejo de Seguridad; ¡se acabaría el desprestigiado sistema del Veto en el cual se acuña de legalidad a la injusticia más prosaica!
Para algunos, quizás, les pueda parecer ingenuo y hasta tonto pensar que llegue el día en que la humanidad haya logrado destruir tanta maldad y tanta barbarie. Cuando afirmo esto es porque mi mente viaja al pasado de mi Cuba en el período inmediato anterior al triunfo de la Revolución del 1959. Sería sumamente extenso detallar toda la barbarie, abusos, crímenes, injusticias, y sometimiento inaudito a los “dueños de la isla”, que sufrió Cuba por su condición de colonia de USA. PERO LOGRAMOS DERROTARLOS a partir de un pequeño grupo con un montón de sueños cargados a la espalda, pero decididos a morir por la patria agradecida. Muchos miles quedaron en el camino para que millones pudieran vivir con dignidad y decoro, como se debe vivir.






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