Si entre los cubanos vivos no hay tropa bastante para el honor,
¿qué hacen en la playa los caracoles, que no llaman a guerrear a los indios muertos?
José Martí
Un poema de Eduardo Alves da Costa nos dice: “La primera noche se acercan y roban una flor de nuestro jardín/ Y no decimos nada/ la segunda noche ya no se esconden: pisotean las flores, nos matan al perro/ y no decimos nada/ hasta que un día, el más enclenque de ellos entra solo en nuestra casa, nos roba la luz y, conociendo nuestro miedo, nos arranca la voz de la garganta/ y ya no podemos decir nada” El poema lo deja muy claro: Si soportamos con la cabeza baja cualquier atropello por cruel e injusto que sea, y no defendemos nuestra dignidad nacional, entonces marcharemos, como mansas ovejas al corral donde seamos trasquilados, sin retorno para la lucha.
Unos se preguntan cómo es posible que nuestro mundo haya llegado a esta situación de extremo peligro para la propia existencia humana; otros se limitan a afirmar que este mundo es muy complejo y entonces optan por la quietud; algunos se descubren, abiertamente, a favor del enemigo de siempre; recordándome unas palabras del revolucionario mexicano Emiliano Zapata, “El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no griten cuando lo pisen”.
Claro, afortunadamente, hay millones de seres dispuestos “a echar palante” como decimos en nuestra Cuba, para no permitir que el imperio nos destruya y volver a entregarnos como dama impura a sus brazos. No hay retroceso posible. Es que el enemigo jamás comprenderá que estamos hechos de caguairán, una madera dura que en el oriente cubano se le denomina quiebra hacha. Y no es que lo diga este modesto escribidor, es que lo demuestra la historia.
De entre cientos de ejemplos que determinan la entereza cubana vale la pena mencionar algunos que nada tienen que ver con la autosuficiencia: nos impusieron la Enmienda Platt, como un puñal a la reciente “república” de 1902; quisieron convertir a nuestra isla en un burdel; amenazaron con borrarnos del mapa cuando la crisis de los misiles; pretendieron tomar la isla por asalto cuando la frustrada invasión por Playa Girón; y un número increíble de medidas para ahogarnos, como un bloqueo que dura ya más de seis décadas, sabotajes económicos y de todo tipo, guerra mediática, e infinidad de ejemplos más. ¿Y qué ha sucedido? R: aquí estamos dispuestos a todo para mantener en alto la dignidad y el decoro nacional.
El pecado original del imperio es que ha seguido siendo consecuente con las ideas más aberrantes de un sistema que nació anómalo y, por supuesto, pare hijos anómalos, como sucede con las fieras de la selva. Si hoy existe un Trump, es porque existió un Monroe. Pero insisten en desconocer que un día llegará una humanidad forjada por los que lucharon, donde reine la paz entre las naciones y, como afirma la presidenta mexicana Claudia, disfrutando cada pueblo de ser libres, soberanos e independientes.
El imperialismo mantiene hoy al mundo en una permanente zozobra, las personas se sienten, lógicamente, muy preocupadas por la marcha de los acontecimientos que nada positivo auguran. Un solo hombre amante de sí mismo, multimillonario, cavernícola, ambicioso, irresponsable y codicioso, pretende que el mundo se rinda a sus pies y quiere instaurar un nuevo sistema que barra de un plumazo lo que exista de positivo y, por si fuera poco, ansía para él y la nación que bochornosamente lo vio nacer, países y regiones enteros porque le resultan vitales para la defensa, según dice. Definitivamente, es un bochorno de la humanidad. Entonces, arranquemos el bochorno y, como afirma el dicho, ¡Aquí paz, y en el cielo gloria!
Imagen tomada de: https://www.semana.com/










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