La rebelión de la IA

El pasado martes 8 de septiembre, Jacob Coxon, el investigador de seguridad de Anthropic que renunció a la empresa de Inteligencia Artificial, encendió las alertas en torno al peligro que representa para la humanidad el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

«No es ninguna exageración decir que las personas involucradas tanto en la fundación de estas empresas como en el desarrollo de la tecnología creen que existe la posibilidad de la extinción humana», afirmó Coxon.

Acto seguido, el director de la empresa de inteligencia artificial Anthropic, Dario Amodei, pidió que se ralentice el ritmo de desarrollo de los modelos de inteligencia artificial y que se realice un seguimiento pormenorizado.

Posteriormente, dos verdaderos peligros para la humanidad: Sam Altman de OpenAI y Elon Musk, rivales de Anthropic, se han declarado de acuerdo con Amodei. Qué conveniente.

¿No parece, por lo menos, un poco curioso que los magnates de la IA salgan a alertar sobre su peligro cuando estos se han dedicado a incorporarla a toda clase de tropelías en lugar de ponerla al servicio del bienestar de los seres humanos?

¿No será acaso que detrás del alarmismo catastrofista de los magnates de la Inteligencia Artificial está su interés por no responder ante ningún control democrático en el mundo?

En la ciencia ficción, hay un relato que ha inundado tanto el cine como la literatura en donde unas máquinas superinteligentes se rebelan y someten a la humanidad (Matrix, Terminator, etc.).

Como bien lo dice el politólogo y exfundador de Podemos, Pablo Iglesias, resulta un poco hasta enternecedor suponer que la tecnología tenga una suerte de maldad, una intención de dominio sobre los seres humanos, lo cual no es más que una proyección de nosotros mismos explicando nuestra historia y nuestra crueldad.

En última instancia, el problema de la IA no es que sea más inteligente que los seres humanos —algo que puede ser posible—, sino que comience a replicar nuestra maldad y la crueldad constatable.

El verdadero problema de la tecnología, de la Inteligencia Artificial, es que no está al servicio de la humanidad, sino del beneficio empresarial y el lucro de unos señores con una total desconexión del mundo, esa sí verdaderamente preocupante para nuestra especie.

Es aquí donde se presenta de nuevo la gran disyuntiva de nuestro tiempo: ¿Deben los recursos estratégicos de una sociedad estar en manos privadas o tienen que responder ante un control colectivo, democrático?

El problema al final es el mismo: el capitalismo. El desarrollo de la tecnología no debería estar en manos tipos como Altman o Musk con toda clase de ensoñaciones tecnofascistas y ponerla verdaderamente al servicio del bienestar humano.

Tal vez si la IA llega a ser tan capaz de razonar qué es lo mejor para la humanidad igual y termina proponiendo el socialismo.

No se agiten, liberales.

Nació un día que Dios estuvo enfermo, grave. Pesimista esperanzado; juntaletras por vicio, estrella de rock indispuesto; demagógico, chilletas y sentimental. Licenciado en causas perdidas, voyerista de la noche. Ars longa vita brevis. Todo lo puedo en José Alfredo que me fortalece.