La ciudad de Mérida, como muchas otras urbes de México, atestiguó el reclamo popular que se levanta para señalar con claridad el rechazo a la presencia de empresas israelíes vinculadas con el genocidio que el sionismo comete en Palestina, y es que desde 2021, durante la administración panista del exgobernador Mauricio Vila Dosal, se firmaron acuerdos que buscaban legalizar la entrada de sectores agroindustriales israelíes a Yucatán, lo que se reveló en días pasados al realizarse un foro empresarial donde la propia Embajada de Israel dio a conocer dicha información, alertando sobre el posible peligro para los recursos naturales de la entidad como el agua, al igual que el riesgo de despojo para las comunidades mayas.
Esta situación ha generado malestar social en diversos sectores de la izquierda y entre colectivas y colectivos de activistas que luchan por la defensa del territorio, los recursos naturales y las comunidades mayas, así como entre quienes desde hace ya varias décadas han denunciado el genocidio contra el pueblo palestino, siendo que, justamente, varias de las empresas que buscan encontrar eco a sus intereses en la región sureste de México, hoy son parte de la industria de muerte que se desarrolla en regiones como Gaza y Cisjordania, con particular énfasis en la utilización del agua; como arma de guerra al negársele a las y los palestinos, y como recurso natural despojado, pues en los territorios ocupados ilegalmente por los colonos sionistas y por las fuerzas militares de Israel, el agua es limitada en su uso, dañando cultivos comunitarios y causando muertes por la falta del vital liquido, a la vez que se privatiza.
Al respecto, la directiva de Morena en Yucatán difundió un comunicado donde enfatiza que todo posible convenio existente es resultado de las políticas neoliberales del PAN, a lo que podríamos sumar que esa es, en sí, una “herencia maldita” dejada a la actual administración, ya que la firma hoy cuestionada no solo implica la llegada de empresas de un país extranjero y la inversión de capital, sino que la intensión debe leerse en el contexto geopolítico de las relaciones y pactos internacionales que la derecha global ha establecido en los últimos años con el sionismo, abriéndole las puertas a territorios ricos por sus recursos naturales mientras se pone en riesgo la soberanía de las naciones y se permite un tipo de “lavado de la sangre”, pues el capital israelí está manchado por el genocidio; algo que guste a quien guste y moleste a quien moleste, es una verdad innegable.
Las voces que hoy se expresan contra la presencia sionista en México lo hacen desde la conciencia y el conocimiento, el sionismo ha desarrollado estrategias de infiltración en naciones de nuestra América -y de otras partes del mundo- para la difusión de su ideología mediante programas de “apoyo social” y religiosos, los cuales aprovechándose muchas veces de las condiciones de precariedad de las localidades, poco a poco, van inyectando entre las poblaciones ideas ya no solo conservadoras, sino abiertamente neofascistas, lo que con el tiempo se observa en los procesos electorales donde la derecha sale avante, tal y como hemos visto en estos tiempos en países latinoamericanos como Ecuador, Colombia, Argentina y otros más, con el claro apoyo del imperialismo estadounidense y de las derechas locales. Y en el caso de México, se sabe que la ultraderecha le hace el juego a la alianza yanqui-sionista, siendo participe de los intentos por desprestigiar al Gobierno Federal actual, con campañas mediáticas, narrativas tramposas y planes golpistas. Asimismo, durante el agudo periodo neoliberal, el sionismo encontró espacios para desarrollar sus estrategias en regiones de México como en Chiapas y Queretaro, al igual que para entrometer sus manos en industrias como la armamentista y de seguridad.
Hoy la resistencia ante el avance del sionismo es uno de signos más significativos de la izquierda global y de la defensa de un futuro para la humanidad, no se trata de rechazar a un sector empresarial por gusto, se trata de la congruencia ética que rige a quienes, desde la izquierda, buscamos un mundo mejor, sin genocidio y sin el despojo de territorios, donde la defensa de los recursos naturales vaya de la mano y en armonía con las políticas públicas de bienestar comunitario, siendo estas razones la raíz profunda de la justicia social. Por ello, a nivel local como nacional, rechazamos la presencia sionista en México y luchamos por el fin del genocidio contra el pueblo Palestino.
¡Desde Mérida hasta Gaza, Palestina vencerá!









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