La ignorancia asumida

Cada día durante prácticamente el último año hemos sido testigos de cifras y cifras que nos hablan de muertos, contagiados y en menor medida recuperados del flagelo mundial del presente siglo: el SARS-COV-2 o COVID 19 como comúnmente se le conoce, y que según las cifras del día, hemos llegado, de acuerdo a la información de la secretaría de salud federal EN MEXICO, a los 173 mil 771 defunciones y al millón 988 mil 695 casos. Esta pandemia ha sido una sacudida a los cimientos de nuestra civilización a nivel global y ha afectado prácticamente a todos los países del mundo en diversas proporciones.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (PAHO por sus siglas en inglés) la crisis grave de salud más reciente fue la ocurrida en 1918, con la influenzavirus A subtipo H1N1 que fuera conocida erróneamente como la “gripe española” la cual causó más de 20 millones de muertos en un año, en una época de la historia en la que no se contaba con medios masivos de comunicación ni mucho menos redes sociales, ni vacunas (recordemos que la penicilina fue descubierta en 1928), y en donde las medidas de prevención no fueron difundidas ni acatadas con la celeridad y eficiencia necesarias.

Lo anterior es para poner en contexto que aunque actualmente vivimos hiperconectados, tenemos N cantidad de formas de comunicarnos y mayores avances en cuanto a la medicina e información, a pesar de ello, estamos viviendo una pandemia mayor a la del COVID 19: La ignorancia asumida.

Es impresionante notar que grupos sociales de todas partes del mundo han desestimado las medidas de prevención e higiene dadas a conocer por los organismos nacionales e internacionales de salud, y simplemente se sienten “más papistas que el papa” (valga la opinión) y no sólo minimizan, sino que descalifican y asumen la no existencia del virus que ha afectado a millones de personas en el planeta.

Aunado a lo anterior, líderes políticos mundiales han caído en el cinismo de exigir a sus ciudadanos el uso obligatorio del cubreboca mientras ellos salen a la palestra sin esas medidas adecuadas y vale la pena mencionar que esos mismos líderes ya han sido diagnosticados en diferentes momentos de este último año con COVID 19, y a pesar de ello mantienen su postura de no necesitarlo, lo que manda un terrible mensaje a la sociedad, permitiéndoles a muchos asumir “si el presidente no lo usa, yo tampoco” como una absurda muestra de solidaridad con el político e identificación con quien debería poner el ejemplo.

Parece mentira que en pleno siglo XXI cuando tenemos acceso a una enorme cantidad de información en todos los idiomas, a una gran parte de la gente le parezca absurdo o innecesario navegar en internet para darse cuenta de la dimensión de la situación, cuántas personas han sido infectadas por este virus y que además se han contagiado de forma consciente y aceptada: en las llamadas “fiestas covid”, saliendo con el cubreboca en el cuello y no cubriendo las vías respiratorias como corresponde, llevarlo en la mano, exponiéndose y exponiendo a familiares y amigos al ir de casa en casa, a los mercados, supermercados, centros históricos, playas y tianguis llenos de gente a quien la recomendación “quédate en casa” pareciera ser más un reto y una motivación para hacer lo contrario.

Tal vez una de las causas de la rápida propagación y letalidad del virus actualmente sea por esa ignorancia asumida que algunas personas han demostrado, es decir,  la postura del “No lo sé, ni quiero saber”; aunado a ello el bombardeo indiscriminado de datos durante los días de confinamiento, generó una psicosis que alimentó el principal miedo de la gente: la incertidumbre. Una incertidumbre que ha generado ideas desde que el covid 19 es un “virus de diseño” creado para acabar con la sobrepoblación del mundo hasta las más inconcebibles como “el uso de desinfectante inyectado” que propusiera un ex-mandatario.

Los mensajes de los organismos oficiales, lejos de generar tranquilidad en la población han contribuido a incrementar estos temores pues es claro que ni ellos con todo a su alcance tienen una idea de la realidad respecto al comportamiento, origen, mutaciones y formas de propagación de cada cepa.

Y no es de extrañar que el mantenerse en ese punto de desconocimiento en un mundo es posible enterarse de todo en cuestión de segundos sea  a la larga la que cause mayores víctimas que el virus per se, pues posterior a la ignorancia asumida o como irónica consecuencia está la culpa dirigida, en donde buscamos hacia afuera a quién culpar (gobierno, médicos, enfermeras, etc.) sin tener el valor de reconocer y asumir que el principal responsable de nuestra salud y cuidados somos todos y cada uno de nosotros.

Es un hecho que aún queda mucho por recorrer a esta situación tan sui generis del presente siglo que además ha traído consigo la reconfiguración de lo que somos, lo que hacemos y cuánto nos valoramos como especie, al grado tal que tendremos que pasar (y estamos pasando) por un proceso de educación —y no hablo de la impartida por el sistema educativo— que nos dejará (por las buenas o por las malas) un cambio de paradigma respecto a entender la importancia del autocuidado y acatar las medidas de higiene en beneficio de toda la humanidad.

Nacido en la ciudad de Campeche, México; con estudios de licenciatura y Maestría en Ciencias de la Comunicación por el Instituto Campechano; Maestría en Gestión Educativa por la Universidad Pedagógica Nacional. Productor y conductor de radio y televisión actualmente se desempeña como docente de nivel superior en el Instituto Tecnológico de Estudio Superiores “René Descartes” y como locutor en la radio de la Universidad Autónoma de Campeche; ha impartido conferencias y charlas a diversos organismos y empresas a nivel nacional.