Quienes tuvimos la suerte de tener extraordinarios maestros de historia en la secundaria pudimos escuchar amenas disertaciones sobre la revolución social mexicana. Recuerdo como destacaban que la Revolución Mexicana ocurrió antes que la rusa y que sus postulados agraristas y obreristas se anticiparon a los de la llamada revolución socialista de octubre al otro lado del mundo.
Pese a la calidad de sus clases, que sin duda disfruté muchísimo, sólo escuchamos algo acerca de nuestro pueblo originario cuando uno de ellos habló acerca de los mayas prehispánicos y recuerdo más de los olmecas.
Esto que comento es porque al paso de los años, luego de leer mucho de lo escrito acerca de nuestros ancestros mayas peninsulares y sobre la revolución social mexicana, parece que esta fue “traída” a la península de Yucatán cuando podemos afirmar que si hubo una revolución anterior a la mexicana y la rusa fue la Revolución Maya de 1847 que se prolongó hasta 1901. Me refiero al gran levantamiento maya que tenía como objetivo poner fin a la esclavitud padecida por nuestros abuelos y abuelas, acabar con la expoliación económica impuesta por el gobierno e iglesia yucateca, así como frenar el despojo del territorio que los ts’ulo’ob, extranjeros, querían para extender sus haciendas.

Era aquella época del naciente capitalismo que pretendía convertir la tierra en propiedad privada. Se opusieron a esto nuestros abuelos, así que lo que se conoce en la historia oficial como “guerra de castas de Yucatán” se trató en esencia de un levantamiento anticapitalista, de una revolución que logró frenar por medio siglo la voracidad de las elites burguesas yucateca y mexicana.
Los mayas cruzo’ob, cruces, vivieron por medio siglo, de 1850 a 1901, ejerciendo su libre determinación, establecieron su poder y gobernaron desde Noj Kaaj Santa Cruz Xbáalam Naj y Tulum el inmenso territorio que actualmente es el estado de Quintana Roo.
La revolución maya permitió medio siglo de independencia y autodeterminación, estableciendo gobierno en un territorio con ejército y religión propios, con relaciones diplomáticas y de comercio con la colonia británica.
El dictador Porfirio Díaz, mediante una estrategia militar que incluyó la firma del tratado Mariscal-Spencer con Honduras Británicas (1893) y las campañas de exterminio contra los mayas cruzo’ob (1901-1915), logró nuevamente la invasión y ocupación de nuestro territorio.

La nuestra se inscribe entonces entre las primeras grandes revoluciones sociales ocurridas en el mundo. La revolución maya anticipada, que definió el desarrollo peculiar de la península de Yucatán, se entrelazó con la mexicana por su objetivo agrarista de restituir el territorio a los mayas peninsulares. Por eso, la “primera chispa” de la revolución en Valladolid y su plan de Tselkoop (junio de 1910) fue apoyada por los mayas que continuaban luchando por tierra y libertad. Los hermanos Felipe y Elvia Carrillo Puerto jugaron importante papel como promotores de ese levantamiento revolucionario, fueron organizadores de ligas de resistencia y formaron parte del gobierno popular que restituyó tierras a los pueblos indígenas.
El entrelazamiento de las revoluciones es tal que tuvimos a los mismos enemigos: a Ignacio Bravo y Victoriano Huerta, por ejemplo, que eran jefes de las fuerzas militares enviadas por el dictador Porfirio Díaz para exterminar a los mayas cruzo’ob. Huerta, el chacal porfirista, fue además quien asesinó a Madero.
Nuestra revolución forma parte por supuesto del proceso de resistencia que todavía no termina.







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