Viajé a la ciudad en donde nací para buscar un libro. Un libro que mi papá empezó a leer, entusiasmado por saber cómo empezó todo.
El todo.
Para un pueblo sumido en un mar de más de 50 años de lágrimas, una firma lo es todo. Para él también lo era todo. Vivir la época de la conformación de las primeras guerrillas colombianas, la violencia desatada por la polarización de un pueblo entre liberales y conservadores, la destrucción de Bogotá, su amada Bogotá, después del asesinato en plena calle del liberal Jorge Eliécer Gaitán, ejemplo de líder para mi padre y para mi, el narcotráfico, el surgir del paramilitarismo, el narco estado…
El vivir un todo. La historia de su vida era la historia reciente de todo un país. El querer saber ¿Dónde empezó todo? ¿Cuándo? ¿Por qué la guerra? Y comprar un libro. Decenas de ellos antes de este último, para entender. Para hallar respuestas.
El primer cara a cara secreto entre el gobierno y las Farc en la Habana se subtitula mi preciado legado que viajo para re-coger.
Porque la palabra paz en un país que intenta comprender su propia historia, es una palabra que carece de significado y a la vez lo significa todo.
Fui a buscar un libro, el que él, mi padre, dejó a medio leer porque lo sorprendió la muerte. Traigo el libro a mi casa. De mi Bogotá a mi Madrid. Lo comienzo a leer…
Así empezó todo se titula.







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