Cuento Hasta los huesos Carmen Alvarado

¡Ayy! ¡Qué bueno que llegaste, me hacía falta un apoyo, no sé cómo voy a superar esto, ósea míralo, todo está tirado!

—Pero, por qué hay tanta sangre en su depa, ¿y Constanza?

¡Ayy, mira!, personas como Constanza no hay muchas, siempre buscando que el éxito esté de su mano… Claro, ya lo veía venir, esas tus obsesiones y tu falta de amigos, por lo menos hoy sí te pude ver. Y es que ella nunca se equivoca, o es lo que te gustaba pensar.

Como el día ese que saliste y te pusiste bien peda.  Nos juraba no haber probado una sola gota de alcohol, no podía ni sostenerse de pie, o cuando jugó con thiner y las manos se le hincharon como guantes de box, todo para acabar con esas bacterias que tanto la atormentaban.

—No sabía que tu hermana tenía germofobia

¡Ayy, no! Solo tenía TOC, ya sabes, la típica loquita, pero al final era muy bueno para su vida laboral. 

Siempre fue muy eficiente en su trabajo (bueno, era) Aunque su jefe nunca podrá olvidar esa cara de sufrimiento que puso cuando le dio el boleto de avión para la junta de último momento, la más importante con los directivos de la empresa en Coatzacoalcos.

 Por eso no empacó su maletín de manías, siempre se olvida del mundo cuando está bajo presión.

—¿Es lo que siempre tiene en su repisa?

Sí, estoy segura que en el transcurso del día, se encontró con la mesa directiva en un restaurante de comida tradicional a la orilla del río, todo lleno de mosquitos.

—¡Y no traía su repelente!, pobrecita. 

Imagino su necesidad, en medio de la cita, para rascar sus pantorrillas desnudas (siempre me decías que odiabas esa sensación) su rostro debió cambiar dramáticamente; sólo de imaginarlo me da risa.  Fue en ese preciso momento que decidió regresar inmediatamente.

—¿Te llamó antes?

Ayy sí, como 5 minutos antes de partir. Empacó a toda prisa, pobrecita, con sus ascos de usar baños ajenos y su constante idea de que la tina con sales de baño, que ofrecía el hotel de cinco estrellas, era un caldo de otros sudores.

—¿Quién puede imaginarse ese tipo de cosas?

Mira, yo siempre supe que mi hermana era rara.

Claro, cuando llegó a la casa sus manos ya eran este desastre ¿Cuántas veces te lo dije?… ¡No te comas las uñas! 

—¿Y las sabanas mojadas?

Me imagino que tomó su clásico baño de hora y media, donde se tallaba con la esponja hasta dejar sus piernas, como uno de esos trompos de carne que tanto asco le daban.

A mí me tocó doblar turno, así que no pude intervenir ni ayudarla, pero bueno, no creo que hubiera podido hacer mucho por ella.

—¿Y ese tenedor?

Fue su mano derecha.

¡Ay, Constanza en el nombre esculpiste tu destino! Te imagino todo el día rascando, limpiando y gruñendo. Cuánto esmero…  para llegar hasta los huesos… ¿por un mosquito! Ahora sí te luciste, mis felicitaciones para ti, hermanita.

—Pero, tenemos que llamarle a la policía, te puedes meter en problemas.

Ayyy, mira, sólo de pensarlo me da dolor de cabeza, trámites, gente en mi casa, pero bueno, creo que tienes razón, ¿puedes llamar por mí? Me quiero terminar de despedir.

Carmen Alvarado
Egresada de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán, Licenciada en Literatura Latinoamericana, integrante de ALICY, tallerista, redactora web. Fue seleccionada para publicar en la Antología de la Facultad de Antropología (UADY) en 2010.