Educación racionalista y socialismo en Yucatán

Uno de los episodios históricos más trascendentes en Yucatán inició el 6 de noviembre de 1921, cuando Felipe Carrillo Puerto siendo candidato por el Partido Socialista del Sureste (PSS) a la gubernatura del Estado ganó los comicios y tres meses después tomó posesión como gobernador. Su triunfo significó la consumación de un largo proceso de organización social, que mediante las Ligas de Resistencia reorganizó a las fuerzas productivas, a los trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, y comenzó a realizar, mediante un proyecto de gobierno socialista, acciones como el reparto agrario, la educación racionalista y la libertad de los mayas sujetos mediante la organización del trabajo: el peonaje a las haciendas henequeneras.

Años atrás, la educación racionalista era ya impulsada por un destacado grupo de docentes encabezados por el profesor José de la Luz Mena y Alcocer, Agustín Franco Villanueva, Candelaria Ruz, y muchos más, quienes tenían el antecedente de la fundación, en 1917, de la primera escuela racionalista en el barrio de Chuminópolis, de la ciudad de Mérida, donde las y los alumnos editaron la revista Oriente, que marcó de manera significativa el método de enseñanza libre que transformaría la forma en que se concebía el aprendizaje a principios del siglo XX. Teniendo también como antecedente las discusiones acontecidas en los congresos pedagógicos de 1915 y 1916 que se realizaron en Yucatán, con el impulso del gobierno preconstitucional del General Salvador Alvarado, y es que fue ahí y en los congresos obreros de Motul e Izamal de 1918 y 1921, donde la educación racionalista fue debatida como la teoría pedagógica ideal para los cambios sociales que acontecían en esa época.

Fue en 1921, cuando se decretó la Ley de Institución de las Escuelas Racionalistas en el Estado de Yucatán, establecida por el Poder Legislativo del Estado, y entre los diputados que la promovieron y votaron destacaba José de la Luz Mena y Alcocer. Un año después, habiendo ocupado la gubernatura Carrillo Puerto, se instituyó a la educación racionalista como parte central de la política educativa de la entidad. En el artículo primero se estableció que la educación impartida por el estado en las escuelas primarias se basará en la escuela de la acción: fundada en el trabajo de los alumnos; para eso se instalarían talleres en las escuelas, laboratorios, jardines y granjas necesarias para las actividades manuales y productivas de los alumnos. La libertad y la participación de todos los elementos de las escuelas, serían los fundamentos de la actividad escolar. En educación política comprendería un conocimiento amplio de los derechos y deberes marcados por la Constitución, especialmente los contenidos de los artículos 3º, 27 y 123. Los profesores serían preparados para el ejercicio de esta nueva escuela racionalista.

La enseñanza que impartiría el gobierno, según el profesor Mena, debía ser nacional, gratuita, laica, obligatoria e integral; basada en la práctica y la experimentación, complementada con educación moral, estética y física para que fuera realmente integral. En una entrevista, publicada en El Popular, el 28 de enero de 1922, días antes de tomar posesión como gobernador, Felipe Carrillo Puerto expresó lo siguiente: “Entre las bases aprobadas en el Congreso de Izamal, está que el Estado eduque y mantenga a los niños en las escuelas racionalistas, desde los siete años hasta los quince años. Por falta de recursos económicos mi Gobierno no llevará a feliz realidad este gran postulado socialista, pero empezará a consumarlo en algunas poblaciones, en aquellas que más lo necesiten”.

El gobierno socialista apoyó a la escuela racionalista y motivaba a los yucatecos reforzando el papel liberador de la educación. Carrillo Puerto impulsó la obligación de los hacendados henequeneros de establecer escuelas para los trabajadores, combatió el analfabetismo, creó la Universidad del Sureste (1922), fundó escuelas de artes y oficios y de agricultura. Dio a conocer los Fundamentos de la Ley de Institución de la Escuela Racionalista; este documento estableció la necesidad de reformar la educación en lo político y en lo pedagógico con base en la libre adquisición de los conocimientos por parte de los alumnos, fundados en explicaciones reales y prácticas, medida que estableció la escuela racionalista en todo el estado. Frente a la escuela pasiva en la que la memoria y la repetición eran los principales recursos didácticos, se levantó una escuela activa que buscó recuperar los principios de la escuela del trabajo y que reproducía en la comunidad escolar los principios de la vida social.

La apertura educativa que significó la Revolución se revela en los libros de inscripción de los diferentes grados escolares en cada una de las escuelas primarias de Yucatán. Los registros muestran cómo la clase trabajadora y los sectores populares, que durante el Porfiriato no accedían a la educación, encontraron lugar en las nuevas escuelas. El origen proletario y popular de los padres se infiere del oficio registrado en las actas, donde es posible encontrar jornaleros, campesinos, obreros, agricultores, albañiles y costureras, entre otros oficios. Pero la política educativa revolucionaria no sólo ofreció a los padres la oportunidad de inscribir a sus hijos a la escuela, sino que además les proporcionaba a ellos mismos la educación que tanto se les había negado, como lo ejemplifica la apertura de clases nocturnas para los trabajadores.

A la escuela racionalista se le dio un papel revolucionario, anticlerical, cientificista, organizativo, productivo y humanitario. La tarea de la escuela fue reforzada a través de la Cartilla del Maestro Racionalista, en la cual se le nombró “obrero emancipado de dogmas y prejuicios” y se le señalaron sus tareas de combatiente de todos los “vicios capitalistas”: el alcoholismo, calificado como producto de la vagancia y la miseria, problemas propios de los pueblos pobres y explotados como México. El racionalismo exigía una educación que hiciera ver al infante a la ciencia como explicación de la naturaleza y la vida, era claro el anticlericalismo que con base en sus postulados se generó, pidiendo los partidarios de este sistema que se prohibiera a los niños y niñas su entrada a las iglesias. Los postulados de la educación revolucionaria tomaron como parte de su propuesta la búsqueda científica, la explicación de la realidad por la razón y el desapego a la religión.

Otros aspectos importantes de la obra revolucionaria en la educación que se desarrollaron en el periodo socialista en Yucatán, a través de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista del Sureste y de la gubernatura del estado, en manos de Felipe Carrillo Puerto, fueron los siguientes: I). Las campañas alfabetizantes; II). La traducción al maya de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; III). La incorporación de la mujer a la vida activa social y política del estado; IV). La planificación familiar y la transformación radical de las finalidades de la escuela rural en el estado; V). La adopción del Plan de Racionalización de la Escuela Normal Mixta de Yucatán; VI). El reconocimiento de los derechos del infante en la escuela racionalista; VII). La instalación de los Consejos de Maestros en las escuelas de todo el estado; VIII) La realización de las veladas educativas y culturales conocidas como los “Lunes Rojos”; IX). La apertura de más escuelas y bibliotecas en los principales centros de población; X). La edición de revistas como Tierra y el impulso a la cultura escrita de las y los yucatecos.

La implantación de la educación racionalista a nivel estatal, despertó una gran inquietud en los grupos más conservadores de la sociedad yucateca, quienes señalaban que el proyecto educativo era un camino hacia la anarquía y el sectarismo: “la escuela en que cada quien hace lo que le viene en gana […] que en Yucatán producirá el efecto de una hecatombe sin precedente”. Carrillo Puerto se aprestó ante la crítica a defender la implantación del proyecto desde dos perspectivas: la social y la pedagógica. Ambas en una articulación de la ideología socialista y de la reorganización laboral: “Dos aspectos de ella conviene considerar desde luego: el social y el pedagógico. El primero, que bien podría llamarse económico, tiende a infiltrar en el alma de la generación que se levanta, con el fin de asimilarla al actual movimiento revolucionario, las causas y los efectos de la lucha de clases, el capital poseído por una clase y el trabajo suministrado por la otra. Examinar el origen del capital conforme a la doctrina económica marxista y justificar la convicción de que la mejor justicia social que persigue el socialismo es corolario ya de postulados científicos. […] Que la educación racional debe descansar sobre el trabajo y en la comunidad del trabajo; que, de esta manera, se alcanza mayor grado y extensión de cultura científica, moral y estética, y se ejecuta, en fin, todo en comunidad, por la comunidad, como comunidad”.

Carrillo Puerto planteó la necesidad de remover desde sus fundamentos la educación pública, renovar y revolucionar desde la legislación educativa, porque si bien la Constitución de 1917 excluía la enseñanza de cualquier doctrina religiosa, no se pronunciaba abiertamente por una escuela, un proyecto de contenido netamente revolucionario. Porque la educación era fundamental para el funcionamiento del sistema económico fundado en la prosperidad de la población y tenía que erigirse sobre los basamentos de un sistema educativo que capacitara al alumno. La educación concebida no sólo como simple impartición de conocimientos teóricos y académicos, sino en un sentido más profundo, es decir en la preparación del alumno a efecto de adquirir los conocimientos y las capacidades para enfrentarse a la vida y contribuir al desarrollo social.

El asesinato de Felipe Carrillo Puerto, el 3 de enero de 1924, a manos de grupos de la burguesía reaccionaria de Yucatán, significó el fin de la utopía pedagógica racionalista en Yucatán, aunque José de la Luz Mena y otros profesores y profesoras continuaron difundiendo sus preceptos en estados como Tabasco, Veracruz, Puebla e incluso Chihuahua. Sus ideales de libertad de acción y pensamiento, horizontalidad en la organización escolar, antiintelectualismo y antidogmatismo del conocimiento, siguen vigentes para los procesos de enseñanza-aprendizaje, ya que la raíz de la educación racionalista radica en la conciencia social del ser humano.

Referencias

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Sotelo Inclán, J.“La educación socialista”. En Solana, F., Cardiel Reyes, R. y Bolaños Martínez, R. (Coords.) Historia de la educación pública en México. México. SEP. 1982.

Licenciado en Ciencias Antropológicas con Especialidad en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán. Es editor de "Disyuntivas. Cuaderno de Pensamiento y Cultura". Colaborador de Por Esto!, La Jornada Maya, Novedades de Yucatán y diversos medios impresos y digitales. Coautor del libro "Héctor Victoria Aguilar. Esbozo para una biografía" (SEGEY. 2015), coeditor del libro "Migración cubana y educación en Yucatán. Actores, procesos y aportaciones" (SEGEY, 2015), autor de "En voz íntima" (Disyuntivas ediciones, 2017). Miembro de la Asociación Mexicana de Estudios de la Caribe (AMEC) y del equipo de promoción de Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América (UNAM-UNESCO), miembro de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). Fue coordinador académico de la Casa de la Historia de la Educación de Yucatán de 2010 a 2019. Actualmente es Coordinador de la Cátedra Libre de Pensamiento Latinoamericano «Ernesto Che Guevara».