Nina McCall era una joven pobre de 18 años que al salir de una oficina de correos se topó con un policía que le ordenó se presentara de inmediato ante un funcionario de salud. Después de realizarle diversos exámenes a la fuerza, le informaron que los resultados dieron positivo a gonorrea, ella protestó y explicó que no había mantenido ninguna relación sexual con hombre alguno, sin embargo, el médico tratante el doctor Carney le gritó: “Jovencita, ¿me estas llamando mentiroso? Nina fue detenida, inyectada con varias dosis de arsénico y mercurio, y encarcelada en un Hospital de detención durante 3 meses.
No se trata de un hecho acontecido durante la edad media, ni el policía era un miembro del tribunal de la Santa Inquisición que seguía las instrucciones del manual del perfecto cazador: El martillo de las Brujas del año 1486. El caso de Nina al igual que el de miles de mujeres que fueron internadas en hospitales, en alguna “colonia agrícola”, o encarceladas, ocurrió en Estados Unidos y bajo el amparo de la ley Chamberlaín-Kha que rigió a partir del año 1918, también conocido como el Plan Americano.
Justificación a las arbitrariedades contra las mujeres fue el alto número de soldados y personal de la milicia que, transcurriendo la Primera Guerra Mundial, se daba de baja o su rendimiento disminuía por padecer diversas enfermedades de transmisión sexual. De acuerdo con un informe del Secretario de Guerra: un treinta por ciento de los militares se habían vuelto ineficaces debido a enfermedades venéreas. El 65º Congreso de los Estados Unidos imitando a los franceses que tenían un Plan Francés similar, aprobó un programa de salud pública bajo el amparo de una ley promovida por un senador de Oregón llamado George Earle Chamberlain y el representante de California Julius Kahn, en la cual se otorgaba poder tanto a los gobiernos del país a través de policías y médicos para detener y aplicar rudos exámenes físicos y poner en cuarentena a cualquier sospechosa de estar enferma, así como al ejército para arrestar a mujeres que se encontraran dentro de un radio de cinco millas de una instalación militar.
Como cuenta Scott Wasserman en su libro “Los juicios de Nina McCall: Sexo, vigilancia y el plan de décadas del gobierno para encarcelar a las mujeres ‘promiscuas”, si se descubría que alguna de las mujeres estaba enferma, se le enviaba a un hospital de detención, la cárcel o como algunos le llamaron años después, a una especie de campo de concentración rodeado de alambres de púas, hasta que se les consideraba curada o reformada. Algunas de las mujeres. no obstante resultar negativas a alguna enfermedad venérea, fueron encarceladas porque supuestamente eran promiscuas, demasiado coquetas, trabajaban como meseras, platicaban con los soldados, o muchas veces, simplemente por su aspecto, forma de vestir y su raza. Un gran porcentaje de las detenidas eran mujeres de color o de clase trabajadora, sufriendo racismo y violencia sexual además de que algunas fueron esterilizadas contra su voluntad.
Las trabajadoras sexuales eran los principales objetivos, se calcula que 15.520 prostitutas fueron encarceladas de un total de 30.000 mujeres detenidas durante la guerra, aunque en teoría la ley era tanto para hombres como para mujeres, se cometieron muchas injusticias contra las mujeres por simples sospechas. En la práctica todas las mujeres podrían ser legalmente detenidas, ser sometidas a exámenes médicos, sufrir agresión sexual y llevadas a la cárcel sin juicio, sin abogado y sin idea de cuándo serían liberadas.

Miles de mujeres fueron internadas en hospitales, en alguna “colonia agrícola” o encarceladas en Estados Unidos bajo el amparo de la ley que rigió a partir del año 1918, también conocido como el Plan Americano.
Laura Elena Rosado Rosado
En esos años se creía erróneamente que el único tratamiento para la cura de las enfermedades de transmisión sexual era la aplicación de dosis de mercurio y arsénico, sustancias con las que envenenaron el cuerpo de las mujeres detenidas, provocándoles efectos secundarios como daños renales y erupciones cutáneas. sin que se obtuviese ningún éxito en el tratamiento de las que se encontraban enfermas. Fue hasta la década de 1940 cuando se descubrió que la penicilina podía eliminar la sífilis y la gonorrea.
Aunque hubo mujeres que hicieron campaña contra el Plan y abogaron por su abolición, como la sufragista Edith Houghton y la activista Katharine Bushnell, la lucha fue desigual, ya que tenía muchos partidarios principalmente entre los conservadores y prominentes liberales como Eleanor, la esposa del presidente John D. Rockefeller, ya que básicamente ambos estaban de acuerdo en encerrar a las “chicas malas”.
En 1918 en el estado de Michigan de donde era Nina, se “hospitalizaron” a 1,121 personas por sospechas de estar enfermos, 1072 eran mujeres y 49 eran hombres. Muchas de las encarceladas se amotinaron o incendiaron algunos reformatorios, como en los Ángeles donde cortaron las vallas que las retenían con cuchillos robados, o como en Seatle que ataron a los guardias con sus sábanas. Nina McCall fue de las pocas que decidió llevar a sus torturadores ante los tribunales. Su caso llegó a la Corte Suprema y ganó, ya que se aceptó que el doctor Carney se había equivocado y ella era una joven sana y no tenía ninguna enfermedad sexual, pero su triunfo fue agridulce ya que se determinó que, si hubiera estado enferma, las acciones tomadas eran aceptables. Además, en su demanda por daños y perjuicios, Nina perdió el caso.
El Plan siguió por muchos años más aplicándose en todo el país, hasta que a mediados de los años 70 se fue diluyendo, aun cuando no han sido totalmente canceladas o derogadas las leyes que lo amparaban, por lo que sigue afectando a las mujeres en los Estados Unidos. En los años 80 y 90 se detuvo a una gran cantidad de mujeres, muchas de ellas trabajadoras sexuales, bajo la ley Chamberlaín-Kahn. Actualmente, más de 200.000 mujeres están encarceladas, 70% de ellas involucradas en el sexo comercial, siguen siendo detenidas con pretextos falsos, por su aspecto o por llevar condones en sus bolsas y son vulnerables a la brutalidad policial y a los abusos de la justicia. El Plan Americano, con la guerra que se desató contra las mujeres se mantiene olvidado y poco tratado en medios y congresos.
Referencias:
- Los juicios de Nina McCall: Sexo, vigilancia y el plan de décadas del gobierno para encarcelar a las mujeres “promiscuas”. Libro de Scott Wasserman Stern. Artículo de El estante de la Citi, 2018.
- Ley Chamberlain-Kahn.








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