Porque ser libre no es sólo quitarse las cadenas, sino vivir respetando y potenciando la libertad de otros.
Nelson Mandela
Disertar entre el encierro y la libertad, es un tanto complejo si consideramos que la sabihonda Wikipedia usa las dos palabras en la descripción de la primera. Según Conchita, Wikipedia está mal, porque dice que “el encierro es un modo de privación de la libertad, en el que un ser permanece, voluntaria u obligadamente, dentro de un recinto cerrado”.
Y pues, sin discutir con Wikipedia, y después de seis meses de “encierro voluntario”, debido a la pandemia por SARS-CoV-2, debemos reflexionar si eso nos ha privado de nuestra libertad, o hemos decidido “permanecer en casa” para evitar el contagio de esta temida enfermedad y preservar nuestras vidas.
Es en este contexto, traigo a mi mente a dos de los campeones de la lucha por la libertad: Mandela y Gandhi para reforzar mis palabras, pues ambos desde trincheras muy diferentes, y con contextos muy distintos coincidieron en esforzarse, no sólo por su propia libertad, sino por la de sus pueblos, lo sufrieron y lo lograron. Ambos, abogados, nacidos en países muy diferentes, fueron grandes defensores de la libertad.
Nelson Rolihlahla Mandela, nació en 1918, en Mvezo Sudáfrica, perteneciente a la etnia xhosa, fue uno de los trece hijos que tuvo su padre. Tuvo una infancia feliz escuchando historias de su pueblo, cuando éste era libre, antes de la llegada de los blancos.
Mohandas Karamchand Gandhi nació en 1869, en Porbandar, en la región de Gujarat, India. Entonces los gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus súbditos. Su padre, pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, procedía de la secta de los pranamis, hinduistas con enseñanzas del Corán.
Mandela, organizó cuantiosas protestas en contra de la segregación racial denominada como ‘apartheid’ e hizo muchas protestas no violentas, aunque el gobierno reprimía a los manifestantes con sangre y violencia. Capturado y condenado a cadena perpetua en 1944, pasó prisionero 27 años de su vida, en condiciones precarias, sin perder nunca su actitud libertadora
40 años antes, en 1893, llegó Gandhi a la ciudad sudafricana de Durban, donde vivió discriminación racial por los ingleses colonizadores, siendo llamado despectivamente sami. Los samis, carecían de todo derecho y se les despreciaba y maltrataba. Estando ahí vio cómo se radicalizó el desprecio y él, que iba por un mes, permaneció en Sudáfrica veintidós años, y encabezo luchas de rebelión contra una ley que los obligaba a inscribirse con sus huellas dactilares en un registro especial que les quitaba todo derecho. Gandhi ordenó a sus compatriotas que no se inscribieran, que comerciaran en las calles y quemaran sus tarjetas de registro en Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos.
Las condiciones humillantes durante los encierros que ambos personajes tuvieron que vivir, hicieron que su deseo de libertad, lejos de apagarse se incrementara, y aun estando en condiciones degradantes, su lucha no cesó. Ambos nombres, en su tiempo fueron pronunciados más y más por los ciudadanos humillados por la discriminación y el maltrato de la época, y poco a poco su quehacer fue siendo reconocido aun internacionalmente.
Gandhi nunca llegó a recibir el Premio Nobel de la Paz, aunque fue nominado cinco veces entre 1937 y 1948. Décadas después, el Comité administrativo declaró la injusticia de tal omisión, que atribuyó a los sentimientos nacionalistas divididos, que negaron tal premio a Gandhi.
Mandela si lo obtuvo, en el año 1990, al lado del presidente moderado Frederick de Klerk quien lo liberó de prisión a la edad de 71 años, y de quien logró la derogación del ‘apartheid’, haciendo que en 1993, ambos fueran galardonados con preciado Premio Nobel de la Paz.
Pareciera que el encierro me ha hecho leer mucho y estudiar muchas cosas, y sí, he leído y estudiado más. Pero estos dos hombres, han estado en mi pensamiento y acciones a lo largo de toda mi vida desde estudiante preparatoriana y, quizá, una de las “frases célebres” que me han acompañado desde esos ayeres, es precisamente:
«Puedes encadenarme, puedes torturarme, incluso puedes destruir este cuerpo, pero nunca vas a encarcelar mi mente”.
Mahatma Gandhi
Luego entonces en mi “encierro voluntario”, he buscado y encontrado cada día un motivo para disfrutar de los atardeceres —soy muy nocturna, nunca disfrutaré los amaneceres—, y agradecer a Dios por mi día, tener esos encuentros con la libertad de mi espíritu, que me permiten gozar “mis cuatro paredes”, encierro que se merma con las posibilidades electrónicas actuales de tener una video llamada con mi hija, un encuentro con treinta amigos queridos a través de zoom o con la posibilidad de escribir para Lectámbulos y poder compartir con mis ahora reconocidos 135 lectores.
Agradezco su visita a nuestra revista y les comento que su participación al leer lo que escribo trae bienestar a mi alma, que aunada a algo de mi gym doméstico y los deberes de la casa, logran que mis días sean productivos, de paz y alegría.
Así pues, reflexiono que cuando la vida corre despacio, se aprende a tener más tolerancia, y se aprecia, en mucho, la posibilidad de consolidar la fortaleza personal. Hemos pasado inevitablemente por la adversidad y se han tenido que superar escollos que nos están dejando cicatrices. Estamos aprendiendo a portarlas con dignidad, como medallas de lucha. La vida que estamos cuidando, los afortunados que podemos estar “en casa”, es un recuento de estupendas enseñanzas, para quienes la han sabido aprovechar y los que necesariamente han dejado el “encierro”, lo han hecho como forma de lograr mejores condiciones de vida para ellos y para todos. Pero estas experiencias nos han permitido sobrevivir en espacios donde todas y todos hemos entregado alma y corazón, aupando con fe una esperanza de que la palabra libertadnos brinde alegría y nos llene de su valor inconmensurable.
Los seres humanos del 2020 estamos eligiendo en libertad, nos estamos formando y nos estamos construyendo a nosotros mismos en medio de estas extrañas y nunca vividas condiciones. Estamos haciendo que nuestras decisiones nos lleven a dos dimensiones: para beneficio de nosotros mismos o para beneficio de los demás.
Pero ojo, afortunadamente, existe un tercer estadío, que es el de lograr un beneficio personal, teniendo en la mira a los demás, para juntos alcanzar un proceso de bienestar común, llamado“felicidad”;y esa felicidad y libertad que nos compete a cada uno nos obliga a “meterle el hombro” para poder avanzar juntos. Nuestro mundo, por el momento, está en crisis y sólo con el concurso de todas y todos podremos salir adelante. ¡Empecemos ya! Yo soy Sylvia Zenteno Ruano y estoy, como siempre, en lucha permanente por lograr mejores condiciones de vida para todos, en esta ocasión especialmente complacida de saber que la libertad está en nuestra capacidad de sentirnos bien con nosotros mismos. Estoy a sus órdenes en chivizenteno@hotmail.com ó en el WhatsApp 9992 71 38 92.








El peor encierro que se puede padecer es el del espíritu cautivo en sus propias redes de ignorancia, prejuicios y fanatismo, a grado tal que ni siquiera se sabe que se padece.
Saludos cariñosos a Sylvia, la libertaria.