Los meridanos, los yucatecos en general, y muchos mexicanos, estamos entre el miedo y la desesperanza, porque vemos con grandes ojos las ofertas en todo el país del infaltable, ahora sí, ¡Vuelvan a confiar en mí! Les prometo que ahora sí me voy a preocupar por su seguridad, de su bienestar, de su progreso, de su desarrollo, etcétera y más etcétera.

Desde un punto de vista antropológico, que la salud está vinculada no solamente a combatir la enfermedad, sino que está anclada a factores políticos, culturales y económicos que pautan las relaciones humanas, dan forma al comportamiento social y condicionan la experiencia colectiva.

Las disonancias más frecuentes se deben sobre todo a dos causas: tener que tomar decisiones cuando existen varias alternativas, y no todas nos gustan; y la existencia de inconformidades que nos hagan dudar entre nuestras creencias, y las acciones o las conductas que debemos tomar.

Hoy en día, vivimos en este sentido, el peor de los mundos, pues persiste en muchos hogares la dominación patriarcal, que ha permitido por siglos, que argumentos misóginos y machistas sean utilizados con “naturalidad” e impunemente contra las mujeres.

De todos los males de la humanidad, el desamparo ante nuestra naturaleza biológica es uno de los más potentes, la conciencia de vislumbrar el camino que viene nos vuelve tremendamente vulnerables y el miedo de enfermar o morir, nos va aplastando la fortaleza.

Este 2020 no sólo me robó el mes de abril, sino me hizo “quedarme en casa” y solamente ver desde mi ventana, a lo lejos, pude ver los maculís de la avenida...

Debemos armar una alternativa de pensamiento donde, los fundamentos de autocuidado, autogestión y Educación para la Salud con concepto de calidad, sean pilares básicos para establecer un enfoque actual de cómo debemos preservar nuestra vida, ya que somos necesariamente actores de la problemática, y además responsables de la solución.

Nosotros los latinoamericanos cantábamos también con Violeta Parra y vibrábamos entonces con los mensajes de que las energías cósmicas estaban alineadas y podríamos alcanzar aires de libertad; y, sin embargo, la brutal realidad mexicana, nos hizo despertar abruptamente.

La vida que estamos cuidando, los afortunados que podemos estar “en casa”, es un recuento de estupendas enseñanzas, para quienes la han sabido aprovechar y los que necesariamente han dejado el “encierro”, lo han hecho como forma de lograr mejores condiciones de vida para ellos y para todos.