Guillén: humor diverso y memoria histórica

La obra poética de Nicolás Guillén, como la de Pablo Neruda, se desenvolvió en ciclos acumulativos que la enriquecieron notablemente. Con el primero, obtuvo aprendizaje posmodernista y se movió hacia una transición prevanguardista, en la cual se inserta Cerebro y corazón (1922), junto a poemas publicados en revistas, no solo de La Habana, sino de Camagüey y Manzanillo, y en periódicos como Diario de la Marina ─gracias a la sección “Ideales de una raza”, dirigida por el ensayista y arquitecto Gustavo Urrutia, amigo de Guillén─, en que se perfila como virtuoso sonetista en la lírica moderna cubana.

El segundo ciclo se inauguró con Motivos de son (1930), dedicados al escritor y periodista José Antonio Fernández de Castro, director del Suplemento Literario del propio Diario…, donde aparecieron. Estos versos tuvieron una extraordinaria repercusión y situaron a Guillén entre los iniciadores de lo que posteriormente fue calificado como “poesía negrista”; él mismo aclaró en el prólogo de la próxima entrega, Sóngoro cosongo (1931), que se trataba de “versos mulatos”, una obra que además de marcar sus relaciones con la música popular cubana, no pretendía negar sus orígenes españoles. En 1934 dio a conocer uno de los cuadernos más importantes del período: West Indies, Ltd., que hace evidente la integración de diferentes elementos extraverbales que nutren la cultura cubana, y además explicita el compromiso con la lucha social y política antimperialista después del derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado.

Ernesto Cardenal y Nicolás Guillén

El tercer ciclo de publicaciones se extiende a Cantos para soldados y sones para turistas (1937) ─con la dedicatoria “A mi padre, muerto por soldados”─, luego de ser invitado a México para participar en el Congreso de Escritores y Artistas, convocado por la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Ese mismo año escribió España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, en vísperas de embarcar hacia ese país junto a Juan Marinello como invitado al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en plena Guerra Civil.

Un cuarto momento en que afianzó su compromiso político y madurez estética se inició al publicar en Buenos Aires El son entero (1947), obra sintetizadora de sus experiencias vitales a las que sumó definitivamente a la América Latina, después de conocer Venezuela, Colombia, Perú, Chile y Argentina. Se enmarcan dentro de este ciclo, lo mismo las décimas de El soldado Miguel Paz y el sargento José Inés (1952), que las innovadoras Elegías, publicadas entre 1948 y 1958 e incluidas en la sección final de La paloma de vuelo popular (1958). Uno de los aportes más significativos de Guillén a la poesía hispana ─especialmente la dedicada a Jesús Menéndez─, las elegías constituyen un valioso ejemplo de espesor creativo, con poemas monumentales de gran modernidad, reconocidos por los más exigentes críticos de varios países.

En la nueva etapa revolucionaria iniciada en 1959 se abrió su quinto ciclo de publicaciones. Era conocido en el mundo y concluyó su exilio. Todavía en plena efervescencia del entusiasmo de los primeros años épicos, publicó Tengo (1964), con prólogo de José Antonio Portuondo. Guillén había sido elegido presidente de la Uneac desde 1961, y en su plenitud proclamó haber alcanzado “lo que tenía que tener”; incluyó poemas de fuerte carga emocional política dedicados a héroes y mártires, muchos de estos tal vez demasiado reiterados en actos públicos, medios masivos y escuelas. Sin embargo, el libro contenía sones, sonetos, baladas, canciones, coplas, romances… y también sátira y poemas de amor menos promocionados. Con El gran Zoo (1967) se continuó el ciclo, y el autor intensificó la ironía y la sátira junto a un desborde de imaginación y picaresca que llamaba a la reflexión y a la sonrisa, mediante la sencillez expresiva y una proyección que invitaba al lector a completar una imagen en desarrollo: en una buena parte de estos poemas se aludía a enemigos y amigos del autor.

En los años 70 Nicolás Guillén tuvo tiempo para comenzar su sexto y último ciclo de poemarios dentro de un conversacionalismo evidente ya desde algunos textos de los años 50. Tres títulos lo integran: La rueda dentada y El diario que a diario (ambos de 1972), y Por el Mar de las Antillas anda un barco de papel. Poemas para niños mayores de edad (1977). Los tres, colmados de alegría y de pensamiento.      

Nicolás Guillén y Nancy Morejón

Guillén logró lo que ningún poeta cubano había conseguido en la modernidad del siglo xx: integrar elementos esenciales de la cultura cubana en poemas que la representaran como nación. Se enfatizaron en la promoción los matices políticos e ideológicos de su obra, pero él tuvo siempre presentes otros factores de cubanía y cubanidad, en el humor ─no solo mediante la sátira política, sino a través de la ironía socarrona del costumbrismo─ y la memoria histórica, infiltrada tanto de manera indirecta, hábil e insinuada, como en rasgos del melodrama, sin temor a convertirla en superficial.

La rueda dentada y El diario que a diario, que cumplen 50 años, constituyen ejemplos paradigmáticos del uso del humor y la memoria histórica en la poesía cubana. El diario… empezó siendo un poema destinado a formar parte de La rueda…, cuando Guillén estuvo más inmerso en el periodismo y se percató del valor comunicativo y emocional de ciertos textos aparecidos en periódicos antiguos. Convertidos en poemas, los publicó en el boletín Mensajes de la Uneac y en el entonces suplemento El Caimán Barbudo en 1971. La rueda… comenzó a escribirse antes de 1969; en una entrevista que le hiciera el también poeta Roberto Branly, le confesó que todo el libro era irónico, “lo cual en el fondo, no es más que una continuación del tono que preside mi obra anterior” (Juventud Rebelde, La Habana, 24 de marzo de 1969). Esta declaración corrobora que su obra poética no había sido bien promovida.

En La rueda dentada el humor alcanza múltiples matices, desde la carcajada explosiva hasta la sonrisa, partiendo de un sentir popular. Ello se desborda en la sección “Epigramas”; algunos, suspicaces, como el “VII”: “«¡Al combate corred, bayameses…!» / ¿Y por qué no: corramos? / (He pensado en esto algunas veces.)”; o en esa declaración deliciosa del “X”: “¡Qué delicia ser tonto sin saberlo!”. Puede verse cierto guiño a la actualidad después del fracaso de la Zafra de los Diez Millones en los primeros versos del “Prólogo”: “La rueda dentada, con un diente / roto, / si empieza una vuelta se detiene / a poco”; y la crítica a una tal vez involuntaria discriminación racial del poeta ruso Evgueni Evtuchenko cuando ante el asesinato de Martin Luther King declaró: “Su piel era negra, pero con el alma purísima como la nieve blanca”, a lo que Guillén respondió en “¿Qué color?”: “¿Por qué no, / por qué no iba a tener el alma negra / aquel heroico pastor? / Negra como el carbón”. El poema “Problemas del subdesarrollo” presenta el conflicto de la exigencia de ciertos conocimientos de la cultura del llamado “primer mundo” que no hay por qué mantener en el “tercero”, pues pueden resultar valiosos para unos y no tanto para otros. Versos de singular belleza, como el dedicado a “Angela Davis”, mantienen una vigencia inconmovible; otros, llenos de pasión joven y alegría matinal, declaran su simpatía por la producción de la entonces joven Nancy Morejón y gritan: “¡Viva Nancy!”.

La sección “Salón independiente”, dedicada a René Portocarrero, rinde tributo a cinco artistas de la plástica fallecidos, añade a su obra un vínculo diferente al que había tenido con la música; mediante versos y estrofas, y con la variedad rítmica de ciertos elementos estructurales, procedimientos retóricos y tonos humorísticos, el poeta intenta reproducir los estilos de Fidelio Ponce, Eduardo Abela, Víctor Manuel, Amelia Peláez y Carlos Henríquez. Plasma la turbulencia de El rapto de las mulatas en versos como: “Por sus praderas vagan / potrancas y mulatas. / Él mismo, como un dios, las gobierna. / Las posee, hombre y caballo”; o sintetiza magistralmente en redondillas el motivo de las piezas de Abela, al que llama “provincial y redondo”; o sencillamente recrea la tragedia de Ponce, quien, en la miseria, se perdía de La Habana y contaba a todos que había viajado a Europa, cuando en realidad estaba escondido en algún pueblo de campo: “A veces: / ¿Qué será de Ponce, / qué será? // Y otras: / Ha venido Ponce, / volvió ya… // Ausencias y regresos con música de son / y todo bajo el techo de su sombrerón. // Como el Ariguanabo, / Fidelio se sumerge y luego sale / por donde menos se le espera. / (Un sábado del siglo xvi / mientras lo buscaban en Camagüey, / pasóse todo el día en Toledo / viendo pintar al Greco, su maestro. / Hizo bien”).

El más transgresor de los poemas de Guillén en La rueda dentada fue “Digo que yo no soy un hombre puro”, publicado en la revista mexicana El Corno Emplumado (núm. 28, octubre de 1968), bajo el título “La pureza”. No se incluyó en la primera edición de La rueda dentada (1972), a solo unos meses de la lamentable declaración del Primer Congreso de Educación y Cultura; sin embargo, fue incorporado en próximas ediciones. En sus versos se asume la imposibilidad de la pureza en los seres humanos, y la hipocresía y doble moral de quienes pretenden aparentarla; por ello, abre fuego en ráfaga y declara: “creo que hay muchas cosas puras en el mundo / que no son más que pura mierda”; y enumera, entre otros ejemplos: “La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia. / La pureza de la mujer que nunca lamió un glande. / La pureza del que nunca succionó un clítoris. […]”. El más famoso de los poemas de este libro posiblemente sea el que se recoge en “Tránsitos”: “Che Comandante”, escrito el 15 de octubre de 1967, cuando se confirmó el asesinato de Ernesto Guevara en Bolivia; un texto que conmovió a quienes lo oímos en voz del propio Guillén en la velada solemne realizada el 18 de octubre de ese año en la Plaza de la Revolución José Martí; durante mucho tiempo se declamó demasiado, hoy apenas se escucha. El primer Guillén transgresor todavía permanece escondido, y hay una deuda con los tantos Guillenes ciertos y verdaderos.

El diario que a diario sella uno de los últimos momentos de su obra poética, con anuncios, mensajes, pregones, pasquines, noticias, advertencias, editorial, artículos, propaganda comercial… en los cuales el humor y el ingenio no solo continúan, sino que se acrecientan, junto a la utilización inteligente y eficaz de la denuncia mediante la memoria histórica. La coherencia conseguida en el aparente caos de la selección de la prensa de varios siglos, logra numerosos registros humorísticos, y a la vez, diferentes tipos de informaciones que contribuyen a vertebrar un aprendizaje eficaz de la sociedad cubana. Sátira y vida social se entremezclan y articulan, y se trasluce no solo el dominio de las técnicas periodísticas y el manejo de la tradición poética española, sino una gran variedad de códigos y sugerencias. Resulta una revisión de la historia mediante el quehacer literario y la mirada zumbona de los criollos, ante temas como el contrabando, las ventas de esclavos y la trata de blancas. Algunos anuncios llaman a diferentes tipos de risa: “Perros calientes. Perras en la misma situación”; “No espere a que su enfermedad secreta se haga pública”; “Preservativos de piel de majá. Cómodos. Resistentes. Durables. Elegantes”; “El cadáver es suyo. El entierro es nuestro. El resto sólo es de Dios”.

Nicolás Guillén

Conocí a Nicolás Guillén una mañana en que me reuní en la Uneac con Luis Suardíaz, cuya antología Todo lo que tiene fin es breve me había tocado editar. Cuando aparecieron Guillén y Héctor Zumbado se acabó el trabajo, pero me divertí muchísimo, sobre todo por los comentarios de Guillén acerca de algunos personajes acartonados y creídos del momento; me di cuenta, asimismo, de que la imagen austera y solemne que nuestros medios potenciaban del gran camagüeyano, no se correspondía con su personalidad. El poeta que había mezclado manifestaciones y expresiones genuinas de la cultura de los cubanos no podía pasar por alto el humor; quien había integrado la mejor tradición criolla a una modernidad ajustada a nuestra tierra, tenía en su picaresca insinuantes motivos que movían a la risa; el escritor que fundió la cultura popular con la alta cultura, para obtener un color cubano, no podía evitar la picardía al burlarse del ridículo; el hombre perseguido por sus ideas sociales y políticas a favor de los más desposeídos, fue un gran poeta que utilizaba con frecuencia la ironía o la burla, la carga mordaz, sarcástica y punzante, como arma de los débiles para lanzar mensajes que tartufos y santurrones, moralistas y doctrinarios, rechazaban o no digerían.

Todavía su imagen anda extraviada y no la acabamos de asentar, porque nos pusimos demasiado serios; no son muchos los maestros que lo imparten en su totalidad, ni tantos los periodistas que lo muestran completo. La profunda lectura o relectura de La rueda dentada y El diario que a diario desde la actualidad, quizás contribuya a lavarle el almidón a un Nicolás Guillén que nunca lo usó.

Juan Nicolás Padrón Barquín
Poeta, ensayista, investigador, editor, prologuista, articulista y antologador. Se desempeña además como coordinador de encuentros literarios y artísticos. Es conferencista en países como Cuba, España, México, Argentina y Canadá. Licenciado en Filología, especializado en Lengua y Literatura Hispánica. Investigador perteneciente al Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de la Habana y miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.