Un cuernito calientito llamado aquí croissant, relleno de jamón serrano y queso con un espumeante café capuchino para comenzar el día, es algo por lo que vale la pena despertar temprano. Empezaba a disfrutar mi desayuno cuando mi amiga Dana llega a la cocina y dice:
-Buenos días. – Su español con acento francés le es imposible disimular.
-Bonjour ma chérie. Comment va-tu? -Le contesto tratando de tener la mejor entonación posible.
-Oh que bien, veo comes ¿un sabroso creciente? Una típica comida francesa.
– ¿Un creciente? -Pregunto extrañado y de manera casi inmediata.
– Sí. Croissant significa creciente en español. ¿no sabías?
-La verdad no. Pensaba que era de origen yucateco. ¿Y por qué tiene ese nombre un pan tan delicioso?
-Bueno, la historia completa no la conozco, pero la palabra se refiere a la luna.
Dana se prepara un café y un cuernito para desayunar, cuando aparece el enorme y peludo Shaman con su pelota en el hocico que deja caer a sus pies. Dana recoge la bola y se la avienta lejos para luego acompañarme a la mesa.
-Le dicen creciente porque se refiere a esa fase de la luna.
-¡Oh sí! ¿Y cuál es la relación de la luna con el pan?
-Es una larga historia. No la sé completa. Está relacionada con una ciudad, creo que era Viena, la cual iba a ser atacada por los musulmanes a media noche. Pero como a esa hora los panaderos estaban trabajando, se dieron cuenta y avisaron. Así evitaron la matanza de los habitantes. Entonces el emperador en reconocimiento a su gran acción, mandó a hacer un pan que los honre. Así, los panaderos crearon el pan de media luna en fase creciente porque era la forma en la que se encontraba.
-Oh muy interesante y bonita historia. Gracias por contarla.
Shaman trae la bola y la asienta a mis pies.
-¿Y hoy te gustaría visitar Versalles, su palacio y sus jardines?
Recojo el juguete de shaman y lo aviento lo más lejos posible.
-Amiga, disculpa pero el programa de visitas que te di lo he cambiado. Quiero ir a un lugar más importante para mí.
-¿A dónde?
-A la casa o departamento donde vivió el escritor norteamericano Henry Miller.
Dana con cara de incredulidad no daba crédito a lo que oía. Yo rechazaba el Palacio de Versalles por ir a una casa cualquiera.
Shaman aparece de nuevo con su pelota.
-Ya sahaman. No quiero jugar ahora-. Le dice Dana al perro.
-¿Seguro eso quieres hacer? Tres bien, vamos a prepararnos. ¿Sabes la dirección?
-SÍ claro ahora te la doy.
Fui al cuarto por mi cuaderno de notas, las escribí y al regresar a la cocina Dana preparaba la comida de roco el loro, babycat y la de shaman. Le doy el papel al mismo tiempo que le pregunto:
-¿Te ayudo?
-Bien. Lleva la comida de roco por favor, yo alimento a los otros.
Voy a la jaula del plumífero y desde ahí escucho:
-Son varias direcciones. ¿A cuál?
-Pues, me gustaría ir a todas, pero sé que es imposible por el poco tiempo que tengo.
-En un día podemos ir a una, o tal vez a dos.
-Oh Dana eres maravillosa-. Le contesto en voz alta mientras roco con su patita agarra el pedazo de plátano que le doy.
-Muy bien. Ahora que terminemos nos vamos-.
-Ok. Roco ya terminó, sólo voy por mis cosas al cuarto y te veo en el coche.
Bajo a mi cuarto, agarro mi chamarra, mi cartera, mi celular, meto todo a mi bolsa y subo para salir. Al llegar al coche, oh sorpresa: Dana ya está adentro, pero, no sola, shaman también ocupaba un lugar.
-Avoir, Oh son ustedes muy rápidos. ¿Estamos listos? ¿Todos?
-Oui Monsieur. Todos listos.
Shaman me ladra.
-Ves? dice que te subas.
Ya desde el coche en movimiento, veo las típicas casas de madera y techos de dos aguas de la comunidad de Argenteuil donde se encuentra la casa de Dana y me hospedo.
-Y bien ¿a dónde nos dirigimos?-. Me pregunta.
-Un momento por favor. -Le contesto al mismo tiempo que reviso mis apuntes.
-Il ne faut pas, tout va tres bien. Tenemos una hora aproximadamente para llegar al centro de París.
-Una hora? Me habías dicho que estamos a once kilómetros de la ciudad.
-Oui Monsieur, en línea recta. Pero por la hora en que salimos y el tráfico. Haremos al menos una hora. Así es para ir al centro de París. Por eso siempre traigo en el coche agua para tomar y algo que comer.
-¿Para shaman?
-También para nosotros. El tráfico siempre es complicado en la ciudad y cerca de ella. Pero usando Google y con suerte espero sea más rápido. Así que tienes tiempo para decir a dónde vamos.
-Mira. Tengo varias direcciones…
-Te voy a decir cómo entenderlas en París. Primero aparece un número. Es el número exacto del lugar que buscas. Luego va el nombre de la calle y al final, entre paréntesis aparece el número de arrondissement.
-¿Arrondissement? ¿Es igual que distrito?
-Oui Monsieur.
-Pues mira. Primero debemos ir a buscar la 2 Rue August-Bartholdi (15). Él vivió ahí desde finales de 1930 hasta más o menos 1932. Era el departamento de un abogado de los Estados Unidos llamado Richard Osborn. Buen amigo de Henry que no sólo no le cobraba renta, sino que, además, todas las mañanas le dejaba 10 francos sobre la mesa como pago para que escribiera. Como te había dicho, los primeros dos años de Henry en París le fueron realmente difíciles. Pero principalmente el primero, ya que no tenía amigos ni conocidos que lo auxiliaran. Henry tenía 39 años de edad cuando llega a París y empieza a vagar, a introducirse en el mundo bohemio de aquella época, principalmente con los pintores que es lo que a él le atraía. Así fue conociendo gente y haciendo amigos; muy buenos amigos. También amantes que lo ayudaron a sobrevivir y lograr su objetivo principal: escribir. Por ejemplo, conoció al pintor y escultor ruso Ossip Zadkine, al fotógrafo Húngaro Gyula Halász apodado Brassai, quien fue uno de los primeros que fotografió París de noche usando una cámara de placas y un tripie. A Brassai también se le conoció como “el ojo de París”. Otro amigo muy importante para Henry fue Alfred Perles que trabajaba en el periódico Chicago Tribune. Y desde luego la que fue su amante: la escritora Anais Nin. Entre muchas otras que fueron indispensables en su vida.
-Des Arrondissement número quince se le conoce como Vaugirard. Ahí se encuentra la Gare Montparnasse y la torre más alta de París. El centro de la ciudad es el arrondissement número uno donde está el Louvre. El dos, el de la Bolsa, el mercado del dinero, donde se hacen las cotizaciones del dinero, La Bolsa de París. Des trois, tres es donde está la catedral de Notre Dam. Así van en espiral subiendo el número hasta llegar al veinte. Cada uno está dividido en barrios. Entonces vamos a ese distrito, luego buscaremos la calle August- Bartholdi y después el edificio o casa número dos.
-¿Qué es Gare?
– Es una de las estaciones de trenes.

-¡Ah si!, ¿Pues cuántas estaciones de trenes hay en París?
-Siete.
-¿Siete? ¿Y por qué tantas?
-Porque son necesarias. Cada Gare es diferente por el lugar de destino y por el tipo de tren. Hay de alta velocidad y de larga distancia que vienen del lado de Italia y Suiza; otros del lado de España, de Gran Bretaña. Trenes que no son de alta velocidad y sólo dan servicio a líneas regionales. Y así cada estación tiene su particularidad. La Gare Montparnasse es grande y hermosa. Ahí se reúnen trenes de todo tipo.
El tamaño de Shaman cubre más del espacio que una persona común y corriente ocuparía en el asiento trasero. Él va sentado tranquilamente mirando todo lo que pasa a su alrededor. Cruzamos un puente y admiro el brazo norte del Sena. Ahora grandes barcos lo transitan en lugar de aquellos veleros de recreo que el Sr. Claude Monte pintó. Continuamos sobre la auotpista A86 en dirección a Gennevilliers a buena velocidad, pero rodeados de vehículos de todo tipo por todos lados. Algunas veces escucho acercarse una poderosa motocicleta, pero no siempre tengo tiempo de voltear. En otras, sólo las veo pasar rozandonos a más de cien kilómetros por hora y alejarse esquivando los vehículos frente a nosotros. Es todo un espectáculo ver como rebasan. Y no sólo por la velocidad, sino que también por la temperatura. Claro, siempre van bien cubiertos desde sus botas hasta los cascos especiales que usan. Aquí no es como en Mérida que, hay quienes manejan en shorts, chancletas y por casco usan ya casi una bacinilla. Eso es imposible en estas calles. Primero por la temperatura y luego por las leyes.
-¿En esta autopista no hay límite de velocidad?- Le pregunto a Dana.
– Sí desde luego.-
Entonces yo, en tono de broma y recordando aquel personaje de las caricaturas de la Pantera Rosa, le digo.
-No diga sí, por favor diga Oui, Dodo.
-¿Como? – Me pregunta intrigada. Y le recuerdo aquellas caricaturas y los dos nos echamos a reír.
– Oui monsieur -me dice sonriendo-. Burlan las leyes. Los motociclistas saben cómo y dónde romper las leyes. Muchos lo hacen.
-¿No hay policías?-
Caigo en la cuenta de que, no he visto algún carro patrulla o policía motorizado cuidando por este lugar.
– Bueno no son necesarios para poner infracciones. Esas son automáticas. Todos lo sabemos, hay cámaras estratégicamente ubicadas, cuando alguien rebasa el límite de velocidad, la cámara automáticamente se dispara y capta al infractor. Luego la multa le llega.
-Oh que interesante.
-Pero claro, la gente sabe dónde están las cámaras y cuál es su alcance visual. Así es fácil romper las reglas. Eso pasa mucho, sobre todo bajo los puentes.
-Lo mismo sucede en México. La gente busca cómo burlar la ley.
Veo la pantalla de la computadora del coche, el mapa indica la ruta que llevamos y observo que, en lugar de seguir una línea recta para llegar a nuestro destino, estamos dando una vuelta más larga, rodeando el lado norte la isla, entonces pregunto.
-¿Oye por qué en lugar de seguir derecho y atravesar Colombos lo estamos rodeando? El camino es más largo así. ¿Por qué?
-Sólo hago lo que Google dice. Nos indica dónde hay menos tráfico. A esta hora el tráfico en Colombos debe estar congestionado y moviéndose muy lento o detenido. Además, vamos a salir por un lugar que quiero que conozcas. Te va a interesar.
-¿De verdad?¿De qué se trata?
-Es una sorpresa.
Nos movemos en un río de vehículos de todo tipo, tamaño y colores, pero nos movemos. Algunas veces no tan rápido como quisiera, pero no estamos detenidos. Mientras más nos acercamos a los centros urbanos, vamos más lentos, pero hasta ahora el congestionamiento no nos ha alcanzado. Dejamos la autopista, dimos una vuelta en u y aparecemos bajo un puente con unos letreros que dicen: Splash Bistrot Piscine, Port Van Gogh, Cimetière de Chiens. Dana, rechinando las llantas da un giro y antes de que yo pueda preguntar algo, detiene el coche en un bello estacionamiento arbolado y con flores frente a un arco y dice:
-Bajemos-.
Shaman empieza a moverse de lado a lado y a ladrar. Yo aún medio mareado por los giros y velocidad del auto, me repongo y pregunto:
-¿Estamos en la entrada a la casa de Vincent Van Gogh?
-No. Estamos en el Cimentiere du Chiens. Vamos a entrar.
Dana. Detiene por su soga a Shaman, que eufórico la jala queriendo correr. Se dirigen a la puerta de entrada. Yo me apresuro para alcanzarlos.
-Perdón, entiendo la palabra cementerio. Pero no lo demás.
-Este es el cementerio más antiguo de París, aunque algunos dicen que es de toda Europa.
-Ayer visité el cementerio de Montmartre. ¿Cuántos cementerios hay en París?
-Muchos. Tal vez catorce o quince sin contar las catacumbas. Aunque los más famosos son al que fuiste ayer, el de Pere-Lachaise y el de Montparnasse. Pero este no es un cementerio igual que los otros. Este es para perros. Bueno también gatos y todo tipo de mascotas.
-¿Un cementerio para mascotas?- No salgo de mi asombro.
-Sí. Desde 1899 el abogado Georges Harmois y la actriz, periodista y activista feminista Margarite Durand …
-¿Durand o Duran?- Pregunto.
-Durand, ¿por qué preguntas?
-Cerca de la casa donde yo nací había una familia que se apellidaba Duran.
-Bien pues Durand y Harmois crean la Société Francaise Anonyme du Cimetière pour Chiens et autres Animaux Domestique que, luego apoyados con la ley sobre el entierro de animales, logran la creación de este Cimetiere aquí en Ravageurs, localidad de Asnieres-sur Seine. Ahora los animales al morir no se deben dejar tirados en la calle, el bosque, menos en el Sena, o en cualquier lado como antes se hacía. Tampoco se deben enterrar a menos de cien metros de una zona habitacional.
-Pero debe ser muy caro enterrar aquí a un animal. ¿No?-.
-Inhumar aquí a una mascota depende de su tamaño, del peso y si se incinera o entierra. Pero cuesta entre 200 a 6000 mil euros. Más una mensualidad para el mantenimiento de la tumba.
Ya frente a la caseta de cobro, Dana paga su correspondiente boleto para entrar y luego me sede el lugar para pagar mi entrada de 3 euros.
Ya entre los jardines del singular camposanto, lo primero que aparece frente a nosotros es una rotonda. Dana mira alrededor observando los largos y grandes pasillos entre las tumbas, así como confirmando que todo el cementerio está cercado.
-No hay forma de que shaman salga de aquí, lo soltaré.
El perro más rápido que veloz corre saltando de felicidad lo más lejos que puede hasta que se detiene a oler algo por ahí. Su alegría es contagiosa.
De nuevo regreso mi mirada a la escultura frente a nosotros. Es de un perro grande y peludo como shaman cargando a una niña en su espalda.
– Mira, este fue Barry -Dice Dana-. Un perro San Bernardo que vivía en los Alpes Suizos, sus dueños eran unos monjes y dicen que salvó a más de 40 personas de morir en la nieve. Con su gran pelaje calentaba a los moribundos. Hombres extraviados y débiles para caminar, Barry los arrastraba fuera de la nieve para luego ir a dar aviso a los monjes rescatistas del monasterio donde vivía. Tristemente la persona número 41 que Barry salvó, fue quién le dió muerte. Un alpinista perdido, cansado, mareado y fuera de sí al ver que Barry cubierto por la nieve le ladraba, le dio un golpe en la cabeza y le hizo una mortal herida. Pues arrastrándose como pudo el perro logró llegar al monasterio para avisar que fueran al rescate del alpinista. Los rescatistas siguieron el rastro de sangre que había dejado Barry y pudieron salvar al hombre. Horas después murió Barry.
-Qué triste y conmovedora historia. Muestra hasta dónde puede llegar la nobleza de un animal y la torpeza del ser humano.
Shaman regresa a nosotros y parece pedir que lo sigamos. Lo cual hacemos, pero a nuestro ritmo. Nos detenemos para observar otra tumba.
-Moustache, perro que fue de Napoléon Bonaparte y quién lo acompañó en múltiples batallas. En su tumba podemos leer algo que traducido al español significa: “Al gran perro Moustache, héroe de la Armada, muerto en España en 11-3-1811”.
-Mira, aquí a un lado se encuentra la tumba del número 40,000. Un perro sin nombre, callejero, que en el año 1958 llegó a la puerta del cementerio y murió. Siendo así el animal número 40,000 mil del cementerio.
Seguimos caminando por la calle principal y admirando la creatividad de los dueños de las mascotas. Pequeñas lápidas con forma de corazón, con fotografías de la mascota, esculturas del animal, o simplemente su nombre y fecha de nacimiento y muerte. Bajamos por unos escalones flanqueados por sendas esculturas de gatos custodiando el paso.
-¿Aquí hay enterrado cualquier especie de animal?
-Sí en el cimetiere hay de todo tipo de mascotas hasta caballos y aves.
-Sí mira, aquí está la imagen de un gato con una X. Y sobre la lápida dice: «Le chat X, dans les tranchées ses moustaches démontraient l’odeur du gaz quand il s’approchait. Elle mauvrait si fort que les soldats se réveillaient à temps pour se sauver. C’était une fille très courageuse». ¿Puedes por favor traducir lo que dice?
-Dice: “A la gata X. “En las trincheras de guerra, los bigotes de la gata delataban el olor del gas, que se iba esparciendo mientras los soldados dormían. Maullaba tan fuerte, que los soldados se despertaron a tiempo para salvarse. Fue una chica muy valiente”. O sea que la gatita salvó a los soldados de morir por el gas. La gatita no tenía nombre por eso le pusieron: la gata X.
Después de recorrer el pasillo central, donde vimos muchas tumbas curiosas como la de un perro que junto a su foto tenía un pequeño violín, o de otro con varios collares colgando, lápidas sencillas y otras con columnas y techos como pequeños mausoleos de marmol negro, fuimos por un sendero que se encontraba a uno de los lados, y seguimos admirando los homenajes y bellos recuerdos a sus animales. Un mono, un oso, una lápida en forma de herradura que pertenece al caballo de Marguerite Durand, más otros famosos por ganar carreras. Mascotas que le dieron amor incondicional a sus dueños.
-Dana es maravilloso este lugar. Pienso que aquí está lo más cercano al amor verdadero. No a eso que la sociedad y los medios de comunicación nos han hecho creer que es amor. Aquí se puede admirar el arquetipo del amor. Pienso que se da más fácilmente entre el ser humano y otras especies de animales. La civilización y la sociedad llamada “humana” nos ha vuelto insensibles, nos acerca más al individualismo, al egocentrismo, a la lucha por lo superfluo. Nos ha deshumanizado más que nunca. Alguien dijo que el avance de una sociedad se mide por la forma cómo tratan a sus animales. Recuerdo que Enzo Maiorca, un buzo italiano mencionó que: “Hasta que él hombre no aprenda a respetar y hablar con el mundo animal, NUNCA podrá conocer su verdadero papel en la tierra”. Y estoy completamente de acuerdo con esa afirmación. ¿Qué piensas?
-Yo también pienso eso. Me recordaste la famosa frase cuya autoría es discutida: “Mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro.- Reímos juntos y luego dice.
-¿Dónde está Shaman? Shaman, shaman.
El obediente animal se acerca, le ponen su soga y nos dirigimos a la salida.
-Disculpa, creo que ya debemos salir-.
-De acuerdo, porque podríamos pasarnos todo el día aquí-.
Ya afuera, frente a la entrada volteo para ver por última vez el cementerio y observo el hermoso arco estilo Art Nouveau flanqueado por dos puertas. Luego caminando en dirección del carro, me topo con la escultura que al entrar pasé por alto: un caballo que en su cabeza hay parado un gato, a un lado un perro y detrás un pequeño mono y un loro. Todos parecen felices y le pregunto a Dana.
-¿Y esto?
-Es la obra de arte de un artista que se llama Kasper. Él es de aquí, de Asnieres. La obsequió cuando el Ayuntamiento de esta localidad tomó el control definitivo del Cimetière. Mira como le llamó a la escultura.
La rodeo hasta quedar frente a ella y leo: Alter Ego.
-Muy cierto. No pudo encontrar un mejor nombre. Mi más absoluta confianza, ¿a quién mejor que a mi mascota? Alter Ego, mi otro yo.
Al llegar junto al coche, abre la puerta de atrás, saca una botella de agua, una taza y le da de beber a Shaman.
Subimos al coche, me ajusto el cinturón y mientras dejamos atrás la isla de Ravagerus, mi mente sigue en aquel particular lugar de París. Dana sujetando el volante con las dos manos y sin quitar la vista del frente, dice:
-¿Sabes? Olvidé mostrarte algo importante en el Cimetière.
-¿Qué?-
– Recuerdas que en los años sesentas del siglo pasado existía un programa de televisión donde un perro de raza pastor Alemán rescata personas y es el héroe. El perro era Rin tin tin.
-Sí claro, el programa se llamaba “Las aventuras de Rin tin tin”. Lo recuerdo bien, me gustaba mucho, la historia se desarrollaba en un puesto militar del oeste estadounidense, era un programa de los Estados Unidos. ¿No me digas que era francés?
-Así es, Rin tin tin era francés. Bueno, el perro original. La verdadera historia cuenta que un soldado norteamericano en la primera guerra mundial, antes de un bombardeo, rescata aquí en París a un perro pastor Alemán muy noble e inteligente, que se lo lleva a los Estados Unidos y ahí lo vuelven famoso haciendo películas. Años después los norteamericanos entrenaron a otros perros e hicieron historias, películas y programas de televisión adaptados a su entorno, a sus características propias, pero con base a las particularidades del original Rin tin tin. Pues el primero y verdadero Rin tin tin está enterrado ahí en ese Cimetière.
-Oh mira que interesante.
Mientras yo observaba el tráfico normal de vehículos al entrar a la ciudad de París. Dana dice:
-Aquí ya estamos en el arrondissement que corresponde a Clichy.
-¿Clichy? Henry Miller vivió aquí algún tiempo. Incluso escribió un libro que le puso por nombre: “Días tranquilos en Clichy”.
-Vamos, visitemos el lugar donde él vivió.
-Ayer estuve por aquí y fui a algunos lugares por donde él anduvo. Además, no vivió en un lugar fijo por mucho tiempo. Fue su época de mayor vagancia. Cuando escribió “Días tranquilos en Clichy” ya había regresado a los Estados Unidos, era el año 1941. El mismo Miller reconoció que el nombre de ese libro fue una total ironía. Su tiempo en Clichy no tuvo nada de tranquilidad.
-Tres bien monsieur. Entonces vamos hacia 2 Rue August-Bartholdi (15). Ahora estamos en el arrondissement 17. En el lado oeste de París viven los ricos, son las zonas residenciales como: Levallois, Neuilly, Saint Cloud y otros más. En la parte noreste están las comunidades más pobres, la mayoría lleno de inmigrantes. Aunque ahora están por todos lados.
-SÍ tienes razón. Mira esas casas de campaña sobre la acera, la basura por todos lados. Y el muro de atrás todo pintado con grafiti. Mira ahí, dos mujeres ancianas comiendo en el suelo como si fuera un picnic.
-SÍ pero no es un pasa día, así viven meses y hasta años.
-¿Y el baño?
-No se bañan.
-Y los policías, ¿no los quitan de ahí?
-No siempre. Al contrario el gobierno les da un apoyo, un lugar para comer, una manta y refugio donde dormir. Pero muchos de ellos prefieren vivir en la calle. A partir de los años 60 del siglo pasado empezaron a aumentar los Banlieue con muchos migrantes en zonas específicas como Clichy Sous Bois es un área desfavorecida. Aunque, ahora se pueden ver en cualquier lado de París deambulando indigentes, pidiendo dinero o tirados en el suelo, viviendo entre la basura. Algunas veces los policías levantan indigentes en el centro de París. O como ahora con las olimpiadas, los quitan de los lugares más visibles. Pero luego ellos vuelven a las calles.
-Oh estoy sorprendido, hemos recorrido varias calles y aún las casas de campaña, los cartones, basura y las mantas en las que viven están ahí.
-Todo el mundo cuando habla de París, piensa en riqueza, belleza, arte; pero nadie lo asocia con pobreza, suciedad o indigencia. Aunque te diré que desde que Henry Miller andaba por aquí había indigentes y pobreza.
-Es verdad pero París ahora tiene mucha más pobreza que antes. Ha cambiado mucho; es como cualquier gran ciudad. El señor Pedro Quiñero habló de la decadencia de París en un artículo que llamó: “El asesinato de París y la pobreza”. Mira ahí, una mujer pide caridad acostada en el suelo con un vaso agarrado para que le pongan dinero adentro.
-Eso es un problema muy triste. A propósito de, en cierta forma Henry también fue indigente. En el libro: “Los años en París” escribió el efecto que le causó esa situación: “Yo pienso que cuando sufres en algún lugar y no puedes escapar, comienzas a aceptar la situación…. Así, en medio de la pobreza, del sufrimiento y de todo eso, yo descubrí realmente París. Y el espíritu de todas las cosas francesas. Y empecé a amarlas ¿cómo puedes tú disfrutar algo que te empuja hacia abajo? al verdadero fondo. … Estar sin nada. Sin muleta de ningún tipo. Sin contar completamente con nada de ayuda. Estar así, ayuda a vivir el día a día. Esto es una cosa muy buena…. Tú eres un miserable. Pero esto es muy interesante, es fascinante, tú estás tremendamente vivo cuando estás en esa situación. Tú estás viviendo de tu propio instinto, como un animal y eso es algo grandioso para nosotros la gente civilizada. Saber de nuevo cómo vive un pájaro gracias a un rezo, tú sabes, un animal, un lobo con cada una de sus presas. Y empezar siendo humilde, aceptando esto. Y de nuevo, siendo empujado hacia abajo, tienes de nuevo que patear hacia arriba. Cada día es un milagro por el que tienes que pasar. Puedes verlo así, esto es una cosa verdaderamente maravillosa”.
-¿Cómo lo oyes?¿qué piensas de eso: “amar las cosas que te empujan hacia abajo”?¿qué te parece eso de: “estar tremendamente vivo”?¿cómo oyes eso de: “saber cómo vive un pájaro con un rezo”?, !¿Eso de empezar a ser humilde?! Me parece impresionante que alguien haya escrito todo eso. ¿O qué piensas?
-Que no quiero ser indigente y menos miserable.
Salimos de esa área y continuamos avanzando por una gran avenida. Al llegar a un parque bien arbolado. Dana me dice:
-Mira. ¿Qué dice allá?
-No veo bien desde aquí. ¿Qué es?
-Mira ahí el nombre de la calle, en la pared, arriba, en la esquina.
-Aguzo la vista y leo: Rue Daniel Stern.
-Estamos cerca. Ahora hay que encontrar la Rue Auguste-Bartholdi.
Avanzamos una calle, damos la vuelta a la manzana. Dana busca un lugar donde estacionar y, con natural habilidad maniobra, en dos movimientos coloca el coche en un espacio tan limitado que no podemos abrir la portezuela de atrás. Shaman de nuevo expresa su alegría y desesperación para bajar. Después de colocarle su soga, descendemos e inmediatamente Dana se dirige al parquímetro para colocar los 12 Euros correspondientes a una hora.
-Por aquí debe estar la calle que buscamos.
Caminamos hacia la esquina y al girar, la encontramos. Estamos en la Rue Auguste-Bartholdi. Una calle de edificios de cinco o seis pisos cada uno, más la azotea. El color claro de las paredes me llama la atención, parece que ayer alguien los lavó, se ven limpios, sin polvo. A un lado de la puerta aparece la numeración: diez. Caminamos a la ocho, luego al seis, mi emoción aumenta a cada paso, la cuatro, seguimos observando los comercios y antes de llegar a la esquina, aparece la entrada al edificio número dos. Al fin, aquí entró y salió el gran escritor Henry Miller. Busco algún letrero que diga: Aquí vivió Henry Miller. A un lado, al otro de la puerta. No sé si en esa época tenía una reja de protección, pero ahora sí la tiene. Barrotes anchos, pintados de negro, gargoleados, elegantes.
Cruzo la calle para ver por arriba, tal vez ahí se encuentre alguna referencia que indique que en este lugar estuvo el escritor norteamericano. Después de ver cuidadosamente por todos lados, la tristeza me abarca: no hay nada. Ni la más mínima referencia. No puedo creerlo. En ese momento unas personas se acercan e intentan entrar, me apresuro para hablar con ellas.
-Disculpen, una pregunta: ¿Ustedes saben que en este edificio vivió el escritor norteamericano Henry Miller?
Las personas con cara de no entender, me contestan diciendo que no hablan inglés. Afortunadamente Dana ya junto a nosotros traduce mi pregunta y luego me dice:
-Ellas no saben. Han vivido en el edificio por varios años y nunca han escuchado hablar de esa persona. No conocen quién fue ese escritor.
Una de las señoras acaricia a shaman.
Yo, con cara de asombro e incredulidad me despido dando las gracias. Dana, shaman y yo cruzamos la calle de nuevo. Mi estado de ánimo es una mezcla de tristeza y molestia. Parados frente al edificio, viendo hacia lo alto, le comento a Dana.
-Aquí pasó Henry su primer invierno en París. Vivía ahí en el séptimo piso -apunto con el dedo-, con su amigo Osborn, pero no tenían elevador. Mencionó que fue uno de los inviernos más crudos, por poco muere de frío y todo el tiempo sentía hambre. A veces pasaba todo el día con sólo un café en el estómago. Cuando regresaba aquí al departamento, después de subir las escaleras y abrir la puerta, iba directo al refrigerador en busca de algo para comer. Y cuando no encontraba, recurría al cubo de basura con la esperanza de hallar un resto de lo que sea para devorar. Me parece que es en Trópico de Cáncer donde describe uno de esos momentos desesperantes. Cuenta que una vez conoció a un ruso que descargaba cajas de comida en un restaurante, a quién le sugirió enseñarle inglés a cambio de comida. Fue una época agridulce para él, ya que al mismo tiempo que sufría físicamente, era feliz por encontrar lo que nunca tuvo en los Estados Unidos: libertad.
Antes de este lugar, Henry vivió en muy diversos lugares: Rue Delambre en el barrio de Montparnasse; se alojó en dos cafés: El Flore y el Deux Magot que se encontraban en el Boulevard Saint Germain. En la casa de huéspedes de tres pisos del Sr. James Jones. En diversos hoteles: El Gran Hotel, El Alba, en el entonces des Etas-Unis; en el des Tarrasses que decía gustarle porque estaba en el distrito 13. Y ya sabes durmió bajo los puentes, azoteas, bancas de los parques y otros lugares. Pasó muchas dificultades, pero estaba feliz, llegando a escribir cosas como:
Y Dios sabe que, cuando la primavera se acerca a París, el más humilde de los mortales ha de sentir que vive en el paraíso. Pero no fue sólo eso: fue la intimidad con que su mirada descansó sobre la escena. No hace falta ser rico, ni ser un ciudadano siquiera, para sentirse de ese modo con respecto a París. París está lleno de gente pobre: la legión de mendigos más orgullosos y sucios que hayan pisado la tierra, me parece a mí. Y, aun así, me da la impresión de estar en casa. Eso es lo que distingue al parisino de los habitantes de las otras metrópolis.
Trópico de Cáncer
No quiero decir nada más. Lo anterior es suficiente para demostrar como Henry Miller capturaba con sus letras la realidad; su realidad, cruda, completa. Igual que Brassai lo hacía con su cámara fotográfica. Tal vez esa forma de percibir la vida se debió a que, sus primeros años de vida fueron en un barrio pobre. Se identificaba con la clase baja, la gente humilde, con los que no tienen nada. Reconocía que no era lo mismo ser pobre en París que en Estados Unidos, donde particularmente para los artistas no había futuro.
Bueno pero como te he dicho, Miller estaba enamorado de París. Pero no del París que conoció por primera vez con su entonces esposa June. Sino del que encontró estando solo, después de vagar de un lado a otro durante dos o tres años. Y sobre todo del París que le hizo padecer y sufrir las carencias humanas. En una entrevista que le concedió Christian de Bartillant, Henry expresó: “no es posible amar un lugar cuando no se ha sufrido en él”. Sin duda estaba enamorado de esta ciudad. Al grado que, en varias ocasiones estuvo a punto de solicitar la nacionalidad francesa. Bueno eso mencionó en su libro Primavera Negra.
Pues sí amiga Dana, aquí estuvo, sobreviviendo en este edificio, hasta que consiguió trabajo de corrector en la edición parisina del Chicago Tribune. Luego se cambia a 5 Rue Saint -Lous -en -I’lle (4).
Acaricio a shaman que está quieto sentado junto a mí, como si entendiera lo que digo.
Viro a ver a Dana, le sonrió y pregunto:
-¿Podemos ir a esa dirección?








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