La democracia en riesgo

De grave o probablemente de muy grave se puede calificar la última acción del gobierno federal, específicamente de quien detenta el poder ejecutivo, queda ahora se erige en juez, jurado y verdugo y desde su espacio publico decide juzgar y calificar a los medios de comunicación electrónicos tomando como referencia su propio criterio o más precisamente lo que él decide que es verdad o que no lo es.

Es una realidad que la censura a los medios de comunicación y la libertad de prensa (que no libertad de expresión) siempre ha sido rasgo de gobiernos autoritarios y totalitarios (Venezuela, Cuba, Camboya, Filipinas, etc.) que en algún momento de su historia han querido y en algunos casos logrado el control de los medios de comunicación o su desaparición.

La extinción de medios que no son afines ha sido una constante de gobiernos tendientes a ser dictatoriales, pues históricamente el periodismo en cualquiera de sus vertientes, ha servido para exponer y aportar información a la sociedad, que de otra manera mantendría a los ciudadanos en la más insalubre ignorancia.

Grave es, repito, que el ejecutivo de un país, decida exponer en “plaza pública” a quienes opinan diferente o disienten de las acciones realizadas por la actual administración en sus políticas públicas y en aquello que impacta a la sociedad y que merece ser informado.

Esta actitud, habrá de provocar la persecución hacia quienes ejercemos el periodismo por parte de quienes se sientan “defensores” del presidente y sus decisiones; y en un lugar que está considerado uno de los más peligrosos para el ejercicio de esta profesión, la exhibición desde las mañaneras del presidente de los “medios disidentes” sólo generarán mayor peligro para quienes tienen el compromiso de informar.

Cabe mencionar, y sirviendo aquí como abogado del diablo, que un detalle que siempre se olvida es que los medios masivos electrónicos (televisión abierta, por cable, en línea) o las estaciones de radiodifusión que actualmente brindan servicio a la sociedad en realidad son son empresas privadas, que si bien trabajan con un bien perteneciente a la nación como lo es el espectro radioeléctrico y deberían tener objetividad en lo que transmiten, en la práctica sabemos que no es así, que cada empresa o consorcio de medios de comunicación “jala agua para su molino”como dice la expresión coloquial y difunde sólo lo que le parece o no que debe ser informado en sus espacios dedicados para tal fin y desde luego que algunos periodistas tienen la tendencia al “amarillismo” o al “sensacionalismo” cómo una manera de ejercer su oficio, pero esa es una de las bondades de la democracia que bien podría caber bajo el amparo de una frase atribuida a Voltaire, uno de los autores de la ilustración francesa (aunque está en debate si realmente la dijo o no) que puede parafrasearse como: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, que expresa la parte  toral de toda democracia, en donde deben caber todas las expresiones, todas las opiniones aún cuando no estén aplaudiendo al gobierno en turno.

Aunque tal pareciera que a quien se dirige todas las mañanas desde Palacio Nacional, se le olvida que vivimos en una nación donde la democracia, y las libertades como la de prensa y la de expresión aunque incipientes, poco a poco siguen abriéndose paso y cada triunfo generado por la apertura a una u otra forma de expresión ha costado vidas y sangre a lo largo de la historia, al punto tal que se encuentra amparada por nuestra Carta Magna en el artículo séptimo, correspondiente a las garantías individuales:

“Artículo 7o. Es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio. No se puede restringir este derecho por vías o medios indirectos, tales como el abuso de controles oficiales o particulares, de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas o de enseres y aparatos usados en la difusión de información o por cualesquiera otros medios y tecnologías de la información y comunicación encaminados a impedir la transmisión y circulación de ideas y opiniones…”

Y si bien, irónicamente, hasta el presidente y su gobierno están bajo el amparo de esta parte de la ley, eso no lo faculta para decidir de “motu proprio” quien sí dice la verdad y quien no, (que coincidentemente, son los medios que no le son afines a él o a su partido), y si ya venía generando cierta incomodidad su “descalificación” para los medios electrónicos a los que cataloga de “falsos” aún cuando presenten sustento a su información simplemente por que “tiene otros datos” (datos que jamás presenta por cierto), con la decisión de exhibir públicamente en cadena nacional a columnistas, publicaciones y medios bajo sus propios criterios, lo que dará como resultado, además de generar animadversión hacia algunos periodistas por haber sido etiquetados por el presidente, será que el periodismo deje de ser un factor de equilibrio y de información para la ciudadanía, pues para no ser considerados como herramientas de los adversarios se plegarán a publicar de manera complaciente al gobierno para no caer en el escarnio público.

Inclusive la declaración universal de los derechos humanos, que se puede consultar en la pagina web de la organización de las Naciones Unidas, consigna en su artículo 19 esta libertad, que en México se permite, pero…tiene consecuencias como las que he narrado a lo largo de este escrito, pero aún así vale la pena saberlo:

Artículo 19: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión…”

Esperemos que la prudencia y la cordura afloren en el actual mandatario o alguien de su equipo de trabajo tenga el valor necesario para señalar que si en el reducido mundo en el que vive el presidente de México, actuar así pudiera tener la misma relevancia que una travesura de un niño, en la realidad estará menoscabando uno de los derechos fundamentales de la democracia, sí, esa misma democracia que durante tantos años decía querer para todos los mexicanos y que juró defender cuando tomó protesta como presidente de una Républica (Que le busquen el significado en el diccionario) y que ahora clasifica, determina y elige desde su púlpito ejecutivo a quien sí y a quien no habrá de validársele esa democracia.

A manera de conclusión me gustaría que usted amable lectora, amable lectora, hiciera el ejercicio de imaginar una nación sin periodismo, sin información, sin esos datos que podrán gustarnos o no,  pero que nos confrontan con una realidad que a veces preferimos no ver y que sin embargo sigue ahí…

¿Cómo imagina que sería esa vida? ¿Acatando per se lo que diga o notifique un gobierno? ¿Sin oportunidad de protestar, de levantar la voz, de considerar otras opciones o acceder a la información? Porque si esto continúa así, con un presidente más enfocado en saber quien habla bien o mal de él, en vez de dar solución a los verdaderos flagelos del país en breve dejará de haber el periodismo como lo conocemos al día de hoy, pues no habría quien investigara y en su momento desmintiera con datos y números lo que alguien más quiere que crea la sociedad simplemente porque así lo ha decidido, sintiéndose dueño de la verdad y la mentira.

Gracias y hasta la la próxima entrega

Germán Quijano Mena
Nacido en la ciudad de Campeche, México; con estudios de licenciatura y Maestría en Ciencias de la Comunicación por el Instituto Campechano; Maestría en Gestión Educativa por la Universidad Pedagógica Nacional. Productor y conductor de radio y televisión actualmente se desempeña como docente de nivel superior en el Instituto Tecnológico de Estudio Superiores “René Descartes” y como locutor en la radio de la Universidad Autónoma de Campeche; ha impartido conferencias y charlas a diversos organismos y empresas a nivel nacional.