La isla

Tengo mi isla, especial y única. Mi entorno es un estilo de muebles necesarios, una pieza con ventanas y puertas que refugian mis deseos, pensamientos, oraciones y, a veces, mis angustias. Pero no estoy sola, mi mundo está conmigo, puedo excluirme de cualquier contratiempo y refugiarme en el grato evocar de amistades, parientes y lugares que he visitado, libros que he leído, momentos festivos y las alegrías que he tenido.

Tengo un poco de la magia de la vegetación que me circunda, otro poco de la tecnología que me ayuda a expresarme con la escritura, con los pasatiempos del cine, y de averiguar por internet que puedo saber hoy. Me comunico con mi familia y tengo los mismos propósitos que ellos, aunque creen que no. 

Como todos los jóvenes de la tercera edad, recurro a mis medicinas para sentirme saludable, a los ejercicios, a evitar que la comida me sea excesiva y a tener una sonrisa que me ayude a ser grata.  Participo en lo que puedo, y tengo presente que su ayuda es vital para mí.

Mi isla es el refugio de mis momentos ingratos, quisiera volcar en esos instantes toda la tensión que vivo, pero me calma descansar y recurro a descontar desde cien o a recordar algún verso, de los muchos que me sabía completos.

La magia de mi laptop aparece de pronto y puedo sentir la alegría que había perdido, mi mente se desgrana en las palabras que necesito oír, conjugar con otras y buscar nuevos alientos. Oro, y de las oraciones saco la templanza necesaria y a veces el extraordinario sentimiento de piedad y perdón.

En mi isla busco hacerme más bella con los potingues y lociones que con su aroma dejan que mi mente esté tranquila y me adormecen. Mi dotación incluye algunos polvos que me hacen sonreír al recordar que por ellos una noche me pusieron el mote de “estrella” de ese convivio y muchos compañeros deseaban aumentárselo a mi nombre.

Rosa del Alba Cetina Quiñones
Nace el 14 de febrero de 1936 en la Villa de Espita Yucatán, de padres comerciantes dedicados a la madera. En 1942 la familia se traslada a vivir a la ciudad de Valladolid donde realiza sus estudios básicos y se decide por la carrera de Docente estudiando en la Normal, “Rodolfo Menéndez de la Peña” y poco después estudia la carrera de Preescolar como postgrado de la normal, ambas en la ciudad de Mérida, ya que en Valladolid no se contaba con escuelas superiores. En 2011 publica su primer libro llamado “Añoranzas” y se descubre como escritora de vivencias y experiencias. Es presidenta de la Asociación de Poetas y Escritores de Valladolid (APEV). Primer Lugar del Concurso Nacional Literario "Memorias de El Viejo y La Mar" convocado por La Secretaría de Marina-Armada de México en 2012. Es autora también de “Un lugar para empezar” (2013), publicado en Amazon, “De aquellos años” (2015), “Experiencias y Nostalgias” (2016), “Deshojando Recuerdos” (2018), “Cartas de amor sin amor” (2020) En el 2016 compila el libro “Antología de Poetas y Escritores Vallisoletanos” de la APEV, con el que obtiene la beca Pacmyc para llevar música y poemas a las escuelas de todos los niveles educativos, y al terminar cada participación donaban varios ejemplares en cada institución para que quedaran como testimonio en las bibliotecas escolares del grupo impulsor del talento vallisoletano.