La violencia sexual no puede entenderse sin hablar de relaciones de poder

La denuncia de una alumna contra un profesor por violencia sexual y el suicidio de este: ¿puede interpretarse como una muestra de inocencia?

La violencia sexual presenta una dificultad adicional: casi siempre ocurre en espacios privados, sin testigos y en contextos donde quien la ejerce procura aislar a la víctima y evitar dejar evidencia. Esa es una de las razones por las que estos casos suelen ser complejos de investigar y probar. Sin embargo, esa dificultad probatoria no debería convertirse automáticamente en un motivo para desacreditar a quien denuncia ni para asumir que la persona señalada dice la verdad. La ausencia de pruebas suficientes para una condena no equivale, por sí sola, a que los hechos nunca ocurrieron.

Además, la violencia sexual no puede entenderse sin hablar de relaciones de poder. Por eso resulta preocupante observar cómo muchos hombres se organizan rápidamente para defender a otro hombre, mientras ese mismo nivel de organización rara vez aparece para exigir justicia frente a los feminicidios, la violencia sexual o la protección de las estudiantes. Desde una perspectiva feminista, esto refleja una lógica de la sociedad patriarcal, al defender de manera inmediata a un hombre acusado, muchas veces no solo se está defendiendo a una persona en particular, sino también un orden social del que otros hombres perciben que podrían verse cuestionados. No se trata únicamente de defender a un profesor; para muchos, también está en juego la defensa de un sistema que históricamente ha otorgado mayor credibilidad a los hombres que a las mujeres.

Desde una perspectiva feminista, esto refleja una lógica de la sociedad patriarcal, al defender de manera inmediata a un hombre acusado, muchas veces no solo se está defendiendo a una persona en particular, sino también un orden social del que otros hombres perciben que podrían verse cuestionados. Imagen tomada de: https://www.es.amnesty.org/

Personalmente, no considero que el señalamiento público sea la mejor forma de enfrentar la violencia sexual. Sin embargo, también es cierto que muchas víctimas no encuentran procesos institucionales seguros, confiables y libres de revictimización para denunciar, en consecuencia a esto elegimos la virtualidad y no siempre funciona. Con frecuencia, lo primero que enfrentamos es el cuestionamiento de nuestra palabra, la sospecha y el intento de silenciarnos una vez más.

Los datos ayudan a dimensionar el problema. En México, 7 de cada 10 mujeres de 15 años o más han vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida y casi la mitad (49.7%) ha experimentado violencia sexual. Además, la denuncia sigue siendo excepcional, solo una pequeña proporción de las víctimas acude a las autoridades.

La muerte por suicidio de una persona no demuestra, por sí misma, su inocencia ni su culpabilidad. Son hechos distintos. En México existen casos de personas que, tras cometer un feminicidio, se suicidan. Por ello, convertir un suicidio en prueba de inocencia es una conclusión que no puede sostenerse.

Respecto a las denuncias falsas, no existe evidencia que respalde la idea de que sean un fenómeno generalizado en México. Es importante distinguir entre una denuncia falsa, que implica demostrar que alguien denunció deliberadamente un hecho que sabía inexistente, y un caso que no concluye con una sentencia condenatoria, pues esto último puede deberse a múltiples factores probatorios o procesales y no significa automáticamente que la denuncia haya sido inventada.

Si realmente nos preocupa la justicia, la discusión no debería centrarse en elegir automáticamente a quién creer, sino en construir instituciones capaces de investigar con seriedad, garantizar el debido proceso y proteger tanto los derechos de quien denuncia como los de quien es denunciado. Solo así dejaremos de convertir estos casos en disputas de opinión y podremos avanzar hacia una respuesta basada en la verdad, la justicia y la reparación.

Foto tomada de: https://www.es.amnesty.org/

Egresada de la Licenciatura en Historia por la Universidad Autónoma de Yucatán, actuamente trabaja en la investigación y defensa de los Derechos Humanos desde la organización UADY Sin Acoso y colaborando con diversas organizaciones del país como Racismo MX, Yaaj México, Global Fund For Children, México y Caribe Jóvenes A.C., Igualdad Sustantiva Yucatán, Fugitivas MX, Amnistía Internacional México, entre otras. Tambien es egresada del Diplomado "Historia, Antropología e Identidad Peninsular” por el Centro de Investigación y Difusión Humanística de Yucatán (CECIDHY), el Diplomado “Racismo y Xenofobia en México” por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Diplomado “Liderazgo e Inclusión Social y Acceso a Derechos” por la Escuela de Gobierno de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Recientemente está desarrollando el proyecto de Investigación Documental titulado "Sentires", sobre mujeres cuidadoras en contextos de de violencia de género y racismo, apoyado por la organización Racismo MX y el Fondo Canadá para Iniciativas Locales en México. Desde el 2021 se encuentra bajo el Mecanismo de Protección para personas defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de México por su labor en el proyecto UADY Sin Acoso, en el cual se visibiliza la violencia sexual y discriminación que se ejerce dentro de los espacios de educación superior.