Los adjetivos de la democracia

La democracia constituye hoy en día la forma de gobierno más frecuente, también es el ideal político más recurrente.

En países sometidos por el autoritarismo surgen voces de clamor democrático; en aquellos que han transitado a elecciones más a menos libres, y en general en países en vías de desarrollo, existe una progresiva urgencia de perfeccionar y consolidar las instituciones democráticas… mientras que en democracias ya consolidadas hay una demanda profunda por gobiernos más transparentes, abiertos y responsables que amplíen aún más los beneficios de la propia democracia.

David Collier y Steven Levitsky en 1997 publicaron un texto denominado: “Democracia con adjetivos”.

Los autores sostienen que el proceso de democratización ha llevado a una proliferación de concepciones y de adjetivos para describir la democracia por lo que, desde la perspectiva de los autores “esta literatura encuentra un gran dilema en la proliferación de conceptos y términos, muchos de los cuales significan aproximadamente la misma cosa (…) Es imperativo que los estudiosos definan y expliquen claramente la concepción de democracia que están utilizando” (Collier y Levitsky, 1997).

Precisamente, los adjetivos se añaden al sustantivo democracia para clarificar la concepción que se está usando. Dichos adjetivos pueden ser descriptivos o normativos.

  • Descriptivos: democracia procedimental, democracia directa, democracia representativa, de participación restringida, de participación ampliada y de masas, entre otros.
  • Normativos: democracia social, democracia económica, democracia deliberativa, entre otros.

Tenemos pues que, desde el punto de vista académico uno puede optar por dos alternativas: despejar a la democracia de los adjetivos con el objetivo de resaltar su esencia, o adjetivarla para destacar aspectos descriptivos y normativos de importancia central en el desarrollo de las ideas políticas.

La discusión hasta aquí planteada, sin duda nos invita a (re) pensar la democracia desde América Latina. Una región donde la abstención electoral, la corrupción y el alejamiento de la clase política han generado un creciente malestar por la democracia.

Un adjetivo que puede ayudar a entender lo acontecido en América Latina es el de democracias defectivas, concepto desarrollado por Hans-Jürgen Puhle (2004) para referirse a “aquéllos regímenes en transformación que no han alcanzado la consolidación de una democracia liberal… pero que, al mismo tiempo, ya no pueden ser considerados regímenes autocráticos por la sencilla razón de que han establecido un régimen electoral que esencialmente funciona de acuerdo con lineamientos democráticos (elecciones libres y limpias)”, clasificando las democracias defectivas en cuatro subtipos:

  1. Democracia excluyente, donde el sufragio no es universal ni inclusivo.
  2. Democracia tutelada, caracterizadas por la existencia de dominios reservados para fuerzas no-democráticas que funcionan como centros de poder o de veto.
  3. Democracia delegativa, en que la responsabilidad horizontal, o sea los frenos y contrapesos entre los poderes públicos no funcionan adecuadamente, generalmente dando preeminencia al poder ejecutivo.
  4. Democracia iliberal, donde el Estado de derecho no funciona o es violado frecuentemente, afectándose en consecuencia las libertades y los derechos de los ciudadanos.

Pero dejemos de lado los adjetivos y hablemos de dimensiones. La democracia puede entenderse desde la complejidad de cuatro espacios simultáneos que se describen en las siguientes metáforas:

  1. La política democrática como ring, constituyendo un espacio agonal en el que se eligen autoridades y donde se intenta retener, conservar o ampliar el poder desde instituciones que garanticen las libertades y eviten autoritarismos.
  2. La política democrática como ágora donde el diálogo se expresa como intereses que se combinan y entremezclan hasta crear consensos.
  3. La política democrática como andamio institucional que contiene la relación gobernantes- gobernados en la dirección del Estado y la toma de decisiones; y
  4. La política democrática como tejido, un quehacer mancomunado, solidario y compartido que termina construyendo futuros, haciendo posibles nuevas realidades.

Se ejerce democracia en 1 cuando, por ejemplo, la ciudadanía evalúa a futuros representantes en competencia y participa en elecciones después de contrastar perfiles y propuestas; en 2 cuando se recupera la representatividad de las autoridades para materializar el interés ciudadano a partir de la conversación e implicación, aquí incluidos mecanismos como el cabildo o parlamento abierto, sin obviar los más directos de participación política.

La democracia también tiene verificativo en 3 cuando la ciudadanía participa, no solo en elecciones, sino en el diseño e implementación de políticas públicas; decidiendo, planificando y programando lo que hay que hacer desde el poder, o cuando se evalúan de manera informada las acciones del gobierno, fiscalizando recursos y valorando resultados. Por otra parte, se hace democracia en 4 cuando la ciudadanía puede organizarse para generar cambios colectivos y de base que les empoderan e impacten en su desarrollo.

Al pensar en dimensiones, tendremos que garantizar que el proyecto democrático sea un ring regulado para la búsqueda del poder, un ágora de diálogo para el consenso, un andamio social para renovar las relaciones entre gobernantes y gobernados y un tejido solidario para lograr el desarrollo.

Habrá que combatir la defección construyendo un sistema de relaciones sociales abierto y participativo. Una democracia que no se reduzca solo a la emisión de votos, si no que sea catalizadora del interés general sin ignorar a las minorías y donde las políticas públicas se encuentren orientadas al bienestar social y al desarrollo económico desde la sustentabilidad.

La democracia debe defenderse. No se trata de una exageración: en esta defensa se juega el futuro. Cuidemos el ring, el ágora, el andamio y el tejido, dimensiones incrustadas en la idea misma de democracia en beneficio de todos. 

Bibliografía

Bobbio, Norberto, Matucci, Nicola y Pasquino, Gianfranco (2002). Diccionario de Política. Siglo XXI, México.

Brugué, Quim,(2020). Los enemigos íntimos de la Democracia. Tecnocracia y Populismo .pp. 75 84 Revista ¿Una nueva democracia para el Siglo XXI?

Collier y Levitsky (1997). Democracy with adjectives: Conceptual innovation in Comparative Research World Politics (49) (1997), pp. 430-451

Mouffe Chantal (2003). La paradoja democrática; Ed. Gedisa Barcelona, Trad. De Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar.

Puhle, Hans-Jürgen, (2004). Problemas de consolidación democrática y democracias defectuosas. En: WaltherL. Bernecker(comp.). Transición democrática y anomia social en perspectiva comparada. Jornadas 141, México, D.F,, pp. 15-46.

Touraine, Alain (1995). ¿Qué es la Democracia? Fondo de la Cultura Económica, Buenos Aires.

Alonso Ronald Ortiz García
Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Master en Técnicas Modernas de Dirección en la Administración Pública por la Escuela de Negocios Formato Educativo y la Universidad de Cádiz (becario de la OEA) y doctorando en Política Pública por el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Tiene diversos diplomados y especialidades entre las que destacan Certificado en Sistemas Integrados de Gestión (Universidad de Cádiz), Diplomado en Evaluación de Políticas y Programas Públicos (Secretaría de Hacienda y Crédito Público), Certificado en Administración Pública y Fiscal (Banco Interamericano de Desarrollo), Diplomado en Derecho Parlamentario (Poder Legislativo del Estado de Yucatán- UNAM) y Diplomado en Teología, terrorismo y fundamentalismo religioso (Universidad de Salzburgo-ITESO). Se ha desempeñado en diversos cargos públicos destacando su experiencia en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Asesor y consultor externo en proyectos educativos, culturales y empresariales. Docente universitario y promotor del estudio de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos medios de comunicación. Fundador y Director General de Gestión y Vinculación Académica del Centro de Estudios Internacionales del Mayab (CEIM).