Los niños frente a la guerra

De las estadísticas al drama humano

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha verificado 266,000 casos de violaciones graves contra niños en más de 30 conflictos en África, Asia, Oriente Medio y América Latina en los últimos 16 años.

Desde el derecho internacional humanitario se consideran violaciones graves contra niños las siguientes: 1) asesinato y mutilación; 2) reclutamiento y utilización de niños por parte de fuerzas y grupos armados; 3) violencia sexual contra los niños; 4) ataques contra escuelas u hospitales; 5) secuestro de niños; y 6) denegación de atención humanitaria.

Así, las estadísticas de la ONU en 16 años incluyen: más de 104,100 niños asesinados y mutilados, 93, 000 niños reclutados y utilizados en actos de lucha y apoyo, 25,700 niños secuestrados y otros 14,200 niños víctimas de violencia sexual.

Tan sólo para 2020, la ONU verificó un total de 26,425 violaciones graves contra niños en situaciones de conflicto. Esto corresponde a 72 violaciones que ocurren cada día o tres violaciones cada hora. También marcó el séptimo año consecutivo con al menos 20,000 violaciones verificadas, donde alrededor del 10% fueron víctimas de dos o más violaciones graves. [1]

Las carriolas se han convertido en el símbolo de los niños fallecido en la guerra de Ucrania

No se trata de meras estadísticas: representan la vida de niñas y niños que se han perdido o devastado por traumas y sufrimientos a los que no deberían estar expuestos.

Los niños en la guerra

Los conflictos armados dentro de las sociedades provocan niveles catastróficos de destrucción física, humana y cultural. Para los niños puede significar desde el deceso o heridas permanentes, hasta la perdida de sus hogares, escuelas e instituciones que comprometen su desarrollo y la satisfacción de sus necesidades físicas y emocionales.

Pero muchos de los conflictos contemporáneos se han extendido a lo largo del periodo de la infancia, lo que significa que, desde el nacimiento hasta la edad adulta, los niños están sujetos a múltiples ataques: la interrupción de las redes y relaciones sociales clave que sustentan el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social a largo plazo de los niños puede tener graves consecuencias para su salud física y psicológica.

La guerra violenta todos los derechos del niño:  el derecho a la vida, el derecho a la familia, el derecho a la salud, el derecho al desarrollo de la personalidad, el derecho a la educación…

Hace veinticinco años, Graça Machel publicó su informe a las Naciones Unidas denominado “El impacto de la guerra en los niños”. El informe, además de instar a la comunidad internacional a tomar medidas concretas, constituye una radiografía de las situaciones a las que los niños son expuestos en cada guerra y que vale la pena caracterizar de cara al conflicto en boga: la invasión de Rusia a Ucrania.

Niños soldados

Una de las tendencias más preocupantes en las guerras es la participación de niños en el ejército. Los niños suelen ser reclutados en funciones de apoyo en el ejército, como cocineros, porteadores, mensajeros y espías. Sin embargo, cada vez se descubre más que los adultos reclutan deliberadamente a niños como soldados. En el Congo, por ejemplo, se han documentado las razones por las cuales los comandantes ven la conveniencia de reclutar niños como soldados “son más obedientes, no cuestionan las órdenes y son más fáciles de manipular que los soldados adultos».

En el 2019, natgeo expone en “Los niños ucranianos que entrenan para el combate”, el reportaje gráfico de Diego Ibarra Sánchez. El fotógrafo da testimonio de que en la región separatista de Donbáss el gobierno ucraniano fomenta a organizaciones juveniles patrióticas que entrenan activamente a niños no solo para sobrevivir y manejar armas, sino que también les enseñan a “a odiar al otro, a defenderte contra tu vecino y matarlo si es necesario para tu país”.

Niños desplazados

Durante conflictos de gran escala, se crucen o no fronteras, un gran número de personas huye de los bombardeos del conflicto.  Aunque África y Asia han sido los continentes más afectados por los desplazamientos masivos de personas a causa de conflicto, ninguna región se ha librado de ese fenómeno y de sus consecuencias para los niños.

En el caso de Ucrania, James Elder, portavoz del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), reportó, a inicios de marzo del 2022, que “en los últimos 20 días, en Ucrania más de 75,000 niños se han convertido en refugiados. Es decir, cada minuto, 55 niños huyen del país”.

Es claro que el desplazamiento, sea interno o internacional, tiene un efecto profundo en el estado físico, emocional y de desarrollo de los niños y aumenta su vulnerabilidad, más aún si se trata de niños que se encuentran separados del padre y de la madre y no reciben cuidado de otros adultos.

Así, los niños no acompañados corren el riesgo de abandono, violencia, reclutamiento forzoso, abusos sexuales y de todo tipo, situaciones que también han sido alertadas por UNICEF y ACNUR para el caso de Ucrania.

Violencia sexual

Otra situación registrada durante conflictos armados es la violación como amenaza permanente sobre la mujer y la niña, a lo que se suman diversas formas de violencia basadas en el género: prostitución, mutilación, trata de personas, entre otros.

Hechos atroces. La ONU ha documentado, por ejemplo, que en Bosnia y Herzegovina se ha obligado a padres e hijos a violarse mutuamente, en otros casos, jóvenes que han vivido en guerra, traumatizados por la violencia, han cometido a su vez actos de violencia sexual contra mujeres.

Es relevante señalar que, mientras abusos como el asesinato y la tortura han sido visibilizados, a la violación sexual se le ha restado importancia, tratándole muchas veces como un efecto secundario e inevitable de la guerra.

Pero los actos de violencia basada en el género, especialmente la violación, cometidos en el curso de los conflictos armados constituyen una transgresión del derecho humanitario internacional. La Cruz Roja Internacional ha propuesto que, si esto se producen a gran escala o como parte de una política organizada, esos actos deben ser considerados como crímenes contra la humanidad.

Para el caso de Ucrania, la Comisión Europea alertó del riesgo de que mujeres y niños que llegan desde Ucrania puedan caer en manos de redes de tráfico de personas, señalando particularmente la vulnerabilidad de los huérfanos y de los grupos que aprovechan ese tipo de crisis para explotar sexual o laboralmente a las personas.

A mediados de marzo, las autoridades de Polonia confirmaron a la agencia de noticias EFE sobre la detección de casos de mafias de tratantes en las estaciones de Varsovia y Przemysl, cerca de la frontera con Ucrania, cuestión que obligó a las autoridades polacas a definir protocolos especiales y a extremar la vigilancia para reducir los riesgos.

Los efectos persistentes de la guerra

Los efectos de la guerra no terminan con el cese de las hostilidades. La ONU da cuenta también de situaciones persistentes de las minas terrestres, de las municiones sin detonar y de las armas ligeras que pueden seguir circulando mucho tiempo después de terminado un conflicto.

Se estima que sólo en Afganistán, Angola y Camboya hay por lo menos 28 millones de minas terrestres, así como un 85% de las víctimas de esas minas en el mundo.  Uno de los casos tristemente documentados es el de Angola, donde se calcula que hay 10 millones de minas terrestres, 70,000 personas han sufrido amputaciones y, de ellas, 8, 000 son niños.[2]

Ucrania, es uno de los países más afectados por minas en el mundo, desde la guerra en Crimea en 2014 el país contabiliza más de 1,000 víctimas por esta causa. Se calcula que tan sólo en 2018, el 43% de las bajas civiles se atribuyeron a incidentes con minas y restos de explosivos desusados en la guerra. Los sucesos con minas fueron la principal causa de muerte infantil en 2018.

En la actual crisis se han confirmado explosiones de minas antipersonales y se ha esparcido el rumor a través de medios sociales, de que Rusia está utilizando minas “mariposa” en las áreas de Sumy y Mariúpol. Aunque no hay todavía confirmación del rumor, este tipo de minas son especialmente peligrosas para los niños porque pueden ser confundidas con juguetes.

Este panorama general sin duda nos invita a reflexionar sobre el papel de la comunidad internacional frente a la protección de la infancia en situaciones de conflicto. Todo esfuerzo en este sentido debe abocarse a medidas destinadas para:

  • Proteger a los niños del impacto de la guerra;
  • Evitar que se produzcan violaciones graves;
  • Liberar a los niños soldados y reintegrarlos en sus comunidades;
  • Proteger a los niños de la violencia sexual;
  • Proteger escuelas y hospitales; y
  • Hacer que los perpetradores rindan cuentas.

Hagamos eco de lo dicho por Graça Machel hace 25 años al presentar su informe: “El impacto de los conflictos en los niños es responsabilidad de todos, y debe ser una preocupación de todos”.

Las partes en conflicto y los actores que influyen sobre ellas, así como la comunidad internacional, deben redoblar los esfuerzos para poner fin a las violaciones graves a los derechos del niño en situaciones de conflicto. Todos los niños tienen derecho a ser protegidos de cualquier daño y a vivir en paz.


[1] Estos son sólo los casos que pueden verificarse a través del Mecanismo de Monitoreo y Presentación de Informes, establecido en 2005 por la ONU para documentar sistemáticamente las violaciones, las cifras reales deben ser mucho más altas.

[2] La situación en África debe preocuparnos a todos: en un conjunto de 19 países africanos hay alrededor de 37 millones de minas.

Alonso Ronald Ortiz García
Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Master en Técnicas Modernas de Dirección en la Administración Pública por la Escuela de Negocios Formato Educativo y la Universidad de Cádiz (becario de la OEA) y doctorando en Política Pública por el Centro de Investigación, Docencia y Análisis de Política Pública (CIDAPP). Tiene diversos diplomados y especialidades entre las que destacan Certificado en Sistemas Integrados de Gestión (Universidad de Cádiz), Diplomado en Evaluación de Políticas y Programas Públicos (Secretaría de Hacienda y Crédito Público), Certificado en Administración Pública y Fiscal (Banco Interamericano de Desarrollo), Diplomado en Derecho Parlamentario (Poder Legislativo del Estado de Yucatán- UNAM) y Diplomado en Teología, terrorismo y fundamentalismo religioso (Universidad de Salzburgo-ITESO). Se ha desempeñado en diversos cargos públicos destacando su experiencia en diseño, implementación y evaluación de políticas públicas. Asesor y consultor externo en proyectos educativos, culturales y empresariales. Docente universitario y promotor del estudio de las Relaciones Internacionales y las Políticas Públicas en diversos medios de comunicación. Fundador y Director General de Gestión y Vinculación Académica del Centro de Estudios Internacionales del Mayab (CEIM).