Voy en el metro, qué grandote, rapidote y segurote; qué diferencia del camión de mi compadre Filemón que va al panteón, ahí no admiten guajolotes, tamarindos, zopilotes, ni huacales con elotes ni costales con carbón
Óscar Cha vez
Nuestra existencia es un trayecto marcado por diferentes recorridos, tenemos paradas y trasbordos, pagamos de diversas formas, y esa manera muy particular en la que lo realizamos nos forja lo que llamamos vida. Nuestros tatarabuelos andaban a pie y a veces descalzos; los abuelos anduvieron a caballo, en carretas y algunos en tren; nuestros padres, en autobuses y automóviles; nosotros lo hacemos en vehículos eléctricos, aviones, grandes barcos y otra vez a pie, ahora por gusto.
En la ciudad de Mérida han existido diversos medios de transporte que han formado parte de nuestra historia —incluyendo la muy personal—, no conozco alguien que no tenga una anécdota en un transporte público. El 15 de septiembre de 1880 se inauguró la primera línea de ferrocarril urbano, llamado: Tranvías urbanos. La primera línea que tenía su paradero en el edificio conocido como “Las dos caras” (calle 58 por 65, en el Centro) y llegaba hasta el costado norte de la Plaza de la Mejorada. Posteriormente se implementaron otras tres: hacia Santa Ana, a Santiago y hacia la calle de los Hidalgos. Mi abuelo me platicó que de niño veía pasar el tranvía, pero que nunca se subió a uno, siempre debía caminar con sombrero de paja bajo el sol.
Según Ceballos (2019), para 1890, la extensión de los tranvías era de 21,950 m. Algunas líneas cruzaban de Itzimná hasta el cementerio general, y de Chuminópolis hasta la Penitenciaría Juárez. Cabe mencionar que estos carros eran tirados por mulas. En 1898, cada tranvía salía a su recorrido cada 15 o 30 minutos dependiendo de la ruta. La vida era mucho más apacible y menos exigente en cuestiones de horarios. Los primeros tranvías movidos por electricidad fueron de la ruta Chuminópolis, en 1919, que posteriormente se cambiaron a gasolina. Dejaron de operar en 1929, cuando la empresa se declaró en quiebra.
Hay ciudades alrededor del mundo que aún conservan sus tranvías funcionando y como elemento histórico, entre las cuales están San Francisco, Sevilla, Ginebra o Milán; y las antiguas, como Alejandría en Egipto, donde aún están en uso casi los mismos carros, que funcionan como parte del transporte público, así como los de Oporto y Lisboa, en Portugal, que son más turísticos. La vida de las ciudades evoluciona y cambia a algo que se considera más eficiente o redituable para el trasporte público. Si queremos viajar en tranvía debemos viajar en el tiempo o a alguna de las ciudades mencionadas.

Según datos de Yucatán Ancestral (2023), en 1921, un mecánico de nombre Manuel Sarrado comenzó la construcción de las primeras guaguas en Mérida; se trataba de carrocerías de madera montadas en chasises de Ford T, con capacidad para doce pasajeros, operadas por un chofer que iba por fuera de la unidad en la parte de adelante, y el acceso de los pasajeros era por la parte trasera, donde estaba el cobratario, a quien también llamaban conductor, que siempre hacía sonar su campana. La comodidad de esos vehículos no era la mejor, ya que viajar en las bancas de madera dura, en calles de terracería aún más dura o adoquines, debió ser un deporte extremo.
Según cuenta la leyenda, fue para julio de 1930 cuando ochenta choferes de los extranvías se reunieron con Gonzalo López Manzanero para crear la Alianza de Camioneros de Yucatán (ACY). Los primeros autobuses fueron veinte camiones Chevrolet con una capacidad de entre 8 a 12 pasajeros más el operador. Iniciaron como primeras rutas y, por consiguiente, son las más antiguas: 65 Centenario Zacatal, Centro-Cruz de Gálvez, 50 Sur y 60 Sur. Casi al mismo tiempo, y para hacerle competencia, en 1931 nace la Unión de Camioneros de Yucatán, Asociación Civil (UCY). Por cierto, estos últimos tenían su propia gasolinera con lavadero, diseñada por el arquitecto Manuel Amábilis en 1957, aún en función en el Barrio de Santa Ana.

Se podía diferenciar a qué empresa pertenecía cada autobús por los colores: el rojo y el blanco característicos de la ACY y los grises, de la Unión, y pareciera que a todos esos autobuses se les bautizaba con nombres de mujer, como se hace con los barcos. Mi tío, que trabajó para ambas empresas, se sabía todas las rutas, y cuando tenía que moverse de un lugar a otro en su auto, siempre seguía la ruta del autobús que tenía grabada en la memoria, no importaba si eso implicaba alejarse o extender el trayecto. Varias veces me dejó viajar con él, intentando cobrar los pasajes, dar cambio en monedas y, al mismo tiempo, tratar de no caerme; lograrlo traía consigo la recompensa de un refresco en botella de cristal, si nos la prestaban en la tiendita de final de barrio de la ruta, o en bolsa con popote.
Quién no guardó en su cartera un boleto de camión con un número de folio que entre cada dígito sumara veintiuno y, muchas veces, si no es que todas, nunca encontramos a alguien para cambiarle ese boleto. Y a quién no regañaron por sacar la mano o la cabeza por la ventana del autobús diciendo que la perdería y moriría. A muchos de nosotros nos rechazaron las credenciales de estudiante porque el chofer solo quería cobrarnos como adultos, ya que sus ganancias diarias eran proporcionales al número de boletos vendidos ese día, y cobrando a los pasajeros como adultos, ganaba más que como estudiantes; o simplemente no se les daba la parada a los grupos de estudiantes con credencial en mano por la misma razón.

En los años 50 la fachada de la casa de Montejo frente a la Plaza Grande era el paradero de las rutas 79 Aviación, Cementerio vía San Sebastián, Sambulá y 76 norte-Circo Teatro; este era un autobús blanco con dibujos semejantes a alas de ave y de color naranja a los costados; se llamaba Rayito de Sol.
Probablemente en algún momento también fuimos de excursión, en ocasiones escolar, con la familia o con vecinos y utilizamos alguno de estos autobuses, a veces a las playas cercanas y otras a ciudades no muy lejanas, con nevera llena, calor intenso y muchas emociones. Como dato histórico, según Yucatán Ancestral (2023), en 1964, la UCY anunciaba una excursión a Canadá, haciendo escala en la exposición mundial de Nueva York de ese año y otra a Disneyland, en California. Todo en sus cómodos y lujosos autobuses, como ellos los anunciaban, lo que debió ser una extraordinaria experiencia.
El 27 de noviembre de 2021 se inaugura el sistema de transporte metropolitano Va y Ven con la ruta de Circuito Periférico; orugas ecológicas en la planicie hirviente de esta selva de concreto llamada Mérida, algunas azules y otras recién pintadas de color guinda. Para este 2025 están por concluir la puesta en marcha de las 142 rutas del plan original; en esa restructuración recortaron las 242 rutas que existían en toda la ciudad en 60%, y cuentan con una flota de 1,239 autobuses “ecológicos”. Plantearon un sistema de control y recaudo centralizado con tarjeta de “pago inteligente” (el cual, como hemos visto, tiene muchas fallas), y la supuesta habilitación de siete ejes estructurantes de 83 km de carriles preferenciales y únicamente para transporte público, con señalización horizontal y vertical con sus respectivas adecuaciones geométricas, equipamiento de paradas con “parabuses”, así como pasos peatonales a desnivel. FONADIN (2024).

FONADIN (2024).El Proyecto Integral consiste en conformar, en dos etapas el Sistema Integrado de Transporte de la Zona Metropolitana de Mérida (SIT Mérida), con integración física, operativa y tarifaria, mediante la reestructuración de las rutas de transporte público por autobús, con base en 10 ejes estructurantes, 7 ejes radiales, 2 circuitos; con infraestructura especializada con preferencia para los autobuses, más el reordenamiento de rutas en el Centro Histórico, la renovación de la flota e introducción de tecnología de control y recaudo con tarjeta inteligente de prepago.
El ideal como ciudad de primer mundo no es adquirir tantos autos como sea posible para poder trasladarme sino es tener un transporte de calidad y al alcance de todos, así sería lo ecológico que se promueve, pero actualmente este transporte es muy caro y no es del todo funcional. No llega a todas las colonias, ni siquiera a las más populares, cuyos habitantes requieren moverse hacia sus trabajos; ni tiene las conexiones necesarias para evitar pagar tantas veces; ni las rutas son suficientemente idóneas, ya que se buscó abarcar más extensiones largas sin tomar en cuenta el tiempo de traslado. Tampoco los paraderos son adecuados para esperar bajo el sol y con temperaturas de 40 °C o lluvia intensa, ni los horarios corresponden al discurso político, ya que hay días en los que la espera es de 45 minutos o más.

La vida es un trayecto, y recorrerlo no es verla pasar desde la ventana del Va y Ven mientras viajas en circuito durante tres horas para llegar a tu destino. Quizá el mototaxi de don Calacas llegue más rápido. Es también cómo trasladarse entre las situaciones; moverse adonde te lleva el momento de trabajo, estudio o amor; sobre qué transporte avanzas, y el significado que tienen las paradas, las subidas y las bajadas. Desorientarse en la ciudad sin saber qué ruta tomar quizá es la metáfora de la vida para decirte algo.









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