México vs. Brasil: Pasión, derrota, ¿o cosa nostra?

Sin apasionamientos, cuatro puntos a comentar sobre la Selección Olímpica Mexicana de Futbol que me hacen pensar que el partido México Vs. Brasil posiblemente ya estaba amarrado —o quizá sí fue mucha mala suerte— son los siguientes:

Punto 1

Estamos de acuerdo que los dos equipos tuvieron su oportunidad de gol u oportunidades muy apretadas. El yucateco Henry Martín, especialista en el remate de cabeza, tuvo sólo dos y ni siquiera fueron a portería. A diferencia del remate de cabeza del brasileño, quien desde una posición incómoda dio un buen contacto con la pelota girando la cabeza con la técnica que lo caracteriza, pegando su remate en el poste en el minuto 81.  Hasta aquí, todo parece normal, pero veamos…

Punto 2

Nunca en el juego, México pudo ir con balón dominado en escapada hacia la portería contraria, lo interrumpía con faltas, recordemos que éstas no tienen que ser reiterativas por un mismo jugador sino por la regla misma de cortar el avance del equipo desde cualquier zona del campo y más si la falta es repetitiva y sistemática; es decir, el árbitro guardó muchas tarjetas amarillas y posibles expulsiones por la cantidad de pausas que tuvo el juego en su transcurrir. Por ejemplo, una falta artera y sin balón a Diego Láinez que después de desparramar a dos brasileños por la banda derecha con completa facilidad y a destiempo viene un rezagado tercer defensa, le pega una patada o pisotón en el rostro que —sin balón y dentro del área grande— es una agresión, la cual mínimo merecía tarjeta amarilla, y por estar dentro del área debió marcarse como falta. Aún más, siguiendo las reglas dentro del área del portero, debió haber sido marcada como penal, pero el árbitro, aunque vio el golpe y sangre en el rostro de Láinez, se hizo de La vista gorda.

Punto 3

Todos los partidos de la Selección Olímpica Mexicana tuvieron variedad, fluidez y diferentes alternativas de ataque, tiros de esquina, precisos tiros de media y larga distancia, ataque lateral izquierdo, derecho y frontal; triangulaciones y constantes cambios de juego de lado a lado, jugadas individuales, encarando y quitándose adversarios. En este partido, simplemente, los tiros de esquina nunca, pero nunca, llevaron la técnica o malicia de ofender al rival y es que son jugadas prefabricadas; o sea, estrategias de jugadas que se practican horas, días, cientos y hasta miles de veces; siempre el balón fue mal centrado, corto, pasado o a la cabeza de los contrarios; tiros de media distancia: dos o tres en todo el partido. El control individual de los jugadores en los cambios de juego estuvo pésimo, siempre el balón siendo mal recepcionado y quedando a favor del equipo brasileño. Absolutamente nadie se atrevió a encarar y debilitar al contrario, excepto Láinez; es decir, un equipo que jugó todo el partido en su cancha retrocediendo el balón a Guillermo Ochoa, el cual al despejar el balón terminaba dividiéndolo, dejándolo a merced de los brasileños.

Punto 4

Bueno, llegamos a la tanda de penaltis, donde al cobrar el primer brasileño, Ochoa adivina la trayectoria y toca la pelota, pero suponemos que por la potencia y la colocación del balón, al tocar con su mano el esférico, ésta se le dobla no pudiendo evitar el gol del equipo contrario. De hecho, en todos los penaltis, Ochoa adivina, pero por la buena ubicación del cobrador pone fuera del alcance el esférico de los guantes de Ochoa. El colmo es el primer penalti de México, pareciera que lo cobró un amateur sin fuerza y con todas las ventajas para el portero. Supuestamente, escogieron a cinco tiradores arteros, pero ni qué hablar del segundo penalti que pega en el poste y va para fuera, demasiada coincidencia, diría yo, cuando se pasan horas, días y semanas enteras practicando tiros penalti como proyecto personal, a nivel club y a nivel nacional ¿Realidad, fantasía o cosa nostra?  

Después de ver los partidos México Vs. Japón y México Vs. Corea, las características de dinamismo, versatilidad, triangulación, pressing, jugar con o sin balón la línea defensiva bien marcada, puedo decir que no vimos al mismo equipo entumido y torpe que enfrentara a Brasil. En pocas palabras, para darle valor y significado a mi hipótesis, diré que el próximo campeón de las Olimpiadas de fútbol Tokio 2021, como pronostico desde luego, será la escuadra española. La pregunta es ¿Hasta dónde llega la manipulación de los grades poderes en el futbol? Esto está peor que Canelo y sus peleas.

Recuerden, el 7 de agosto España será campeón. De ser así, mi hipótesis, por circunstancias reales o netamente casuales, podría tener validez de análisis crítico. Por cierto, ¿cuál es tu pronóstico para la final olímpica el sábado?

José Manuel Castillo Cortazar
Nació en Mérida, Yucatán, el 21 de septiembre de 1976. Músico percusionista y compositor. Licenciado en Turismo por el Centro Universitario del Mayab (2010-2014) con Curso de Liderazgo docente (Universidad del Mayab/Universidad Anáhuac, 2014) y Curso de Nivelación pedagógica. (Escuela Normal Superior de Yucatán, 2014). Integrante del grupo Aqcua Viva y su trovAmor desde 1998 y director musical del grupo de música prehispánica Agua y miel desde 2012. Actualmente, es seguidor de las series de streaming, por lo que, sin ser especialista, comparte su visión de espectador a espectador. manuel.castillocortazar@gmail.com Facebook: https://www.facebook.com/Agua-y-Miel-502057503195029/?fref=ts You tube: https://www.youtube.com/user/MusicaAguayMiel