Murió sin saber por qué…

¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre, antes de que sea llamado hombre? / ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón antes de ser prohibidas para siempre?/¿La respuesta, mi amigo, está en el viento/La respuesta está flotando en el viento…

Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016.

Murió sin saber por qué, porque el Tlatelolco del 68 es incoherente y contradictorio, así como la muerte también lo es. Murió sin saber por qué, porque esa noche, no importa lo que se diga, sigue siendo incomprensible. Murió sin saber por qué, porque ser unajoven en el ’68, era exponerse a ser llamada despectivamente “estudiante”, y serlo, no debió ser motivo ni razón para morir, y ella, y él, fueron masacrados, y su muerte, y las muchas, muchas más se perdieron en la impunida, y esa impunidad me trae aquí, a estas líneas, a mis 71 años, para transmitirles a ustedes mi sentir, y éste viene acompañado de emociones, pensamientos y sentimientos que fueron tatuados a sangre y fuego en mi corazón.

Escribir hoy en esta edición especial de Lectámbulos, reabre heridas, y trae a mi memoria experiencias que me tocaron el alma cuando tenía 18 años, y tuve que adquirir la fortaleza y el valor que se requieren para no desfallecer ante el dolor, para no rendirse ante el cansancio, y para no claudicar ante la lucha.

El ´68, fue una época de grandes cambios históricos de la humanidad, época de trascendentales modificaciones a la vida diaria de cada uno, donde buscábamos respuestas al autoritarismo de los padres y de las autoridades gubernamentales, y donde, sin entender claramente que quería decir, escuchábamos fascinados cuando Bob Dylan cantaba que la respuesta está en el viento…  

Blowin’ in the Wind la repetíamos a voz en cuello aferrados al valor que necesitábamos, para librar una lucha totalmente desigual, donde la bota militar controlada y enviada por el entonces presidente, nos ponía un pie en el cuello y no nos permitía respirar.

Las preguntas retóricas del estadounidense Bob Dylan, sobre temas como la paz, la guerra y la libertad, eran a la vez tan impenetrables como ambiguas y se quedaban así flotando en el viento. Entonces, 51 años después, me pregunto y les pregunto ¿Tenemos respuestas, o siguen así, aun flotando?

A los jóvenes del ´68 nos enloquecía pertenecer a la Era de Acuario, Vietnam, por fin estaba recibiendo “el aire fresco” de los hippies, que se negaban a seguir empuñando las armas y quemaban sus cartillas. Nosotros los latinoamericanos cantábamos también con Violeta Parra y vibrábamos entonces con los mensajes de que las energías cósmicas estaban alineadas y podríamos alcanzar aires de libertad; y, sin embargo, la brutal realidad mexicana, nos hizo despertar abruptamente.

El irrebatible poder presidencial de “La changa” Díaz Ordaz, nos confrontó en una lucha desigual, injusta e inesperada. Lo que él pretendía, se tornó en su contra, y el abuso de su fuerza se convirtió en odio hacia su violenta represión, lo que menos deseaba se le revirtió, y sus acciones unieron a los tradicionales adversarios, en una respuesta incontrolable a la brutal agresión de sus granaderos.

Recibimos toda clase de insultos y abusos de los policías, de los granaderos y por último de los soldados, quienes, bazucas en mano, irrumpieron en la autonomía universitaria e invadieron las escuelas y facultades.

Eran finales de julio, habían lastimado a muchos el día 26, habían encarcelado en Lecumberri a muchos más, sin los debidos procesos y la prensa de entonces, como muchos de ahora, publicó “revuelta entre jóvenes legítimamente controlada por la policía”.

No, Sr. Presidente Díaz Ordaz, que se sepa y que se diga fuerte: ¡Habíamos sido brutalmente atacados por fuerzas de ley, sin respeto alguno a nuestros derechos humanos! El dolor causado nos hizo uno, todos ciudadanos. Obreros, campesinos, burócratas, y estudiantes fuimos convirtiéndonos en un enorme contingente imbatible y esperanzador.

Y así, dos autobuses, uno politécnico, otro universitario, tradicionalmente competidores en fútbol americano, precedieron la marcha y el sentón que se organizó en el zócalo de la Ciudad de México el 31 de Julio. Los que fuimos, escuchábamos en respetuoso silencio, no lo presentimos, no lo imaginamos. Los soldados circundaron el zócalo, nos rodearon, nos atacaron a culatazos, y nos pasaron por encima con sus tanquetas salidas esa tarde por la Puerta Mariana del propio Palacio Nacional.

Nosotros, corrimos, no podíamos avanzar y escapar, las calles circundantes estaban cerradas por soldados, imposible huir, sin embargo un milagro ocurrió, las  campanas de la Catedral nos avisaron, los sacerdotes habían abierto sus puertas, por ahí pudimos escapar.

 ¿Cuántas veces un hombre debe de alzar la vista, antes de que pueda ver el cielo?/¿Cuantas muertes tendrán que pasar hasta que sepa que mucha gente ha muerto?/La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento,/ La respuesta está soplando en el viento

Bob Dylan

En agosto, la ruta sagrada de los Aztecas, entre los ahuehuetes, guardianes de la tradición de Chapultepec y la pirámide de la gran Tenochtitlan, se recorrió una vez más. Más de 50 000 personas entre estudiantes, maestros gritamos al viento nuestro clamor de justicia, y lo hicimos en el más absoluto silencio, fuimos bañados con la fuerza de un sólo espíritu y llenamos Paseo de la Reforma desde el Auditorio hasta el zócalo.

La respuesta presidencial nos llegó en octubre. Dos bengalas, cientos de guantes blancos empuñando sus fusiles hacia nosotros, hacia sus compañeros soldados, hacia mujeres, hombres, niños y jóvenes, iniciaron el caos. Francotiradores del batallón Olimpia, dispararon a matar, provocando un genocidio inmisericorde, indiscriminado, sin ninguna justificación, solo la orden presidencial.

Ahí quedaron, ahí están sus espíritus, sin un porqué.

¡Queda en la historia, y en la memoria colectiva, las acciones de los que fuimos jóvenes del ’68! ¡Queda, como baldón eterno, que la respuesta del gobierno autoritario, fue tirar a matar a un pueblo indefenso!

Quedan en mi memoria, los días y las noches en que curamos heridos de bala, en nuestras heroicas instituciones, la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional, y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuando la orden presidencial fue cerrar los hospitales, con soldados en las entradas, para prohibir el paso a los heridos.

Queda también el indescriptible apoyo ciudadano, que nos llevaban agua, comida, vendajes y medicamentos para atender a la población, superando sus propios miedos, hasta que el ejército entró y clausuró nuestras escuelas sacándonos a empellones.

Queda el dolor y el miedo con que salíamos a las calles, donde el puro hecho de ser joven, bastaba para ser detenido y desaparecido en el Campo Militar Número Uno.

Queda en mi pensamiento, siempre en presente, la pregunta que flota en el viento  y acompaña mi sentimiento que sabe que, aunque la sangre pisoteada de cientos de estudiantes, hombres, mujeres, niños y soldados se ha secado en la tierra de Tlatelolco, la herida todavía está fresca, porque nadie nos ha contestado nunca ¿Por qué pasó?

Murió sin saber por qué, porque no hay respuestas ante la impunidad, porque los que nos hundieron las bayonetas siguen ahí, libres; porque la sangre que debería haber regresado al lugar de la quietud está aún ahí sin justicia.

Quienes lo vivimos, hemos esperado que broten las flores entre las ruinas y entre los sepulcros, pero eso no ha sucedido aún, y para que nunca más se repita, mantengo en presente mi lucha permanente por lograr mejores condiciones de vida para todas y todos.  Por eso en mi corazón, ¡el 2 de octubre NO SE OLVIDA!.

¿Cuántas muertes serán necesarias para comprender que ya ha muerto demasiada gente? / La respuesta, mi amigo, está en el viento, la respuesta está flotando en el viento.

Bob Dylan
Médico Cirujano y Partero por la Escuela Superior de Medicina del Instituto Politécnico Nacional en la Ciudad de México D.F. Diplomada en Derechos Humanos y Políticas Públicas y diplomada en Biomusicoterápia y en Psicología Transpersonal, áreas que han sido fundamentales para conocer la naturaleza de la condición humana. Fue Directora General del Centro de Salud con Hospital Materno Infantil de Mérida (1992), Responsable Jurisdiccional de los Programas de Prevención del VIH/Sida, Desastres Naturales, y del Programa de Atención Amigable para las y los Adolescentes (1994), Directora de la Unidad de Salud “Melitón Salazar” del Ayuntamiento de Mérida en el marco del Programa UNI-Mérida, programa líder en la Educación de los Profesionales de la Salud que prioriza a la comunidad, patrocinado por la Fundación W.K. Kellogg (1995) y Directora General del Centro De Atención Integral Para Menores En Desamparo CAIMEDE, DIF Yucatán. Ha tenido también presencia en los medios de comunicación como locutora durante 9 años en el Programa Radiofónico “La Barra Ciudadana” en Cadena RASA, y también fue conocida la “Doctora Corazón” en el programa “El Gurú del Amor”, del Grupo SIPSE, en la estación 100.1 de FM “La Nueva Amor”. Asimismo, fue conductora y productora del programa “Sabiduría del Corazón”, en Cadena RASA, diseñado para aconsejar sobre el amor verdadero, el bien común y la justicia social. De 2004 a 2020, fue editorialista de la columna “Alerta Ciudadana” en el periódico Por Esto!. Actualmente Coordinadora del Departamento de Innovación y Calidad del Hospital General Dr. Agustín O’Horan, turno vespertino, como capacitadora y supervisora de Calidad en la atención hospitalaria y en la aplicación de las Normas Oficiales en salud y es Presidenta Fundadora de Kairóz Asesores en Salud AC. (Asociación que desarrolla estrategias de planeación y coordinación operativa en acciones de prevención y protección, en favor de los Derechos Humanos, especialmente para los y las niñas, Adolescente y Mujeres, en Prevención de la Violencia).