PEN Club vs. Cuba, una intromisión falsaria

Dúo Buena Fe

No extraña que el PEN Club Internacional haga coro a las voces que han venido propalando en los últimos tres meses la especie de que Cuba agoniza.

La arremetida del momento toma como pretexto lo que se ha dado en llamar Movimiento de San Isidro. En un populoso barrio del centro histórico habanero, cerca del puerto, se atrincheraron en noviembre un minúsculo grupo de ciudadanos. En un inicio protestaron por la detención de un rapero, Denis Solís, por desacato a un agente del orden. No era la primera vez que este individuo ofendía públicamente a los agentes del orden. Por esas acciones es mucho más conocido que por su obra, prácticamente inexistente. Más este no es el caso, sino de las consecuencias que tuvo para Denis su proceder: una condena judicial.

Se puede discutir si fue excesiva o no la medida cautelar, pero lo que sí ha sido certificado por testigos para nada comprometidos con intereses judiciales es que al joven se le respetaron todas las garantías legales y sus derechos. Este, por su parte, reconoció que recibe desde los Estados Unidos, financiamiento y orientaciones para desarrollar acciones a costa de su fachada artística. Una de sus fuentes financieras, Jorge Luis Fernández Figueras, un cubanoamericano radicado al sur de la Florida, sindicado por sabotaje antes de su partida a la vecina nación, le indicó a Denis que de la publicidad de sus actos públicos de desobediencia civil dependería el monto de las remesas.

Hasta cierto punto sería admisible que los compañeros de Denis en San Isidro mostraran interés y se solidarizaran con éste. Pero apenas unas horas después de la primera demanda, los de San Isidro, plantados en una rara huelga de hambre puesto que al local ocupado llegaron bebidas y comestibles, se olvidaron de Denis y exigieron que el gobierno cerrara los mercados en divisa abiertos en la isla para paliar la intensificación de la crisis económica debido al recrudecimiento del bloqueo por parte de la administración Trump y a la ralentización de la producción y los servicios a causa de la pandemia de la Covid 19. Y así fueron por más, hasta deslegitimar al gobierno y el orden constitucional.

Uno de los protagonistas del espectáculo de San Isidro, sin el menor respaldo popular pero muy bien orientado hacia el entramado mediático internacional, también se dedica al rap. Se nombra Maykel Osorbo y en una directa por Facebook pidió a Trump “barcos, barcos y fuego y fuego” para derrocar al gobierno. En otras palabras, solicitar a la Casa Blanca el bloqueo total y la invasión.

Valdría la pena contar en otro momento –así lo prometemos- lo que sucedió 24 horas después de que el show de San Isidro fuera desmontado: la plantada de jóvenes y no tan jóvenes artistas frente al Ministerio de Cultura y el intento de articular un movimiento político, que no cultural, a partir de aquellos acontecimientos. Valdría la pena contar –también lo haremos- la reacción de la inmensa mayoría de los escritores y artistas cubanos y de amplios sectores de la población.

Por ahora nos detendremos en los pronunciamientos de PEN Internacional. En noviembre echó a rodar una nota tremendista en la que aseguraba que “desde el 16 de noviembre, alrededor de 14 personas entre activistas, artistas y periodistas se encuentran reunidos/as en la sede del MSI, bajo el asedio de la Seguridad del Estado. Primero les fue impedido el movimiento, por lo cual convocaron a una lectura poética desde y en el mismo lugar; luego ante el robo de sus víveres, decidieron algunos/as entrar en huelga de hambre; por último, una sustancia que suponen es ácido clorhídrico, fue arrojado en la puerta y azotea de la sede, perjudicando el suministro de agua”. Dicho esto sin la más mínima prueba y en alianza con varias agrupaciones connotadas por recibir financiamiento de agencias federales estadounidenses y subsidiarias a su servicio, vínculos que sí están plenamente documentados.

El 2 de diciembre volvieron a la carga, en contubernio con el PEN Club Cubano en el Exilio, con las siguientes demandas: “Poner fin al descrédito, el hostigamiento, las amenazas y las detenciones de artistas, escritores y periodistas críticos con el gobierno. Declarar nulo el proceso penal contra Denis Solís González y permitir su inmediata liberación. Respetar el diálogo y los acuerdos entre el Ministerio de Cultura y los artistas independientes. Respetar la integridad y ejercicio de la libertad artística del Movimiento San Isidro San Isidro y de todos los artistas y escritores de Cuba”.

Aquí sirvan un par de aclaraciones que denotan la matriz falsaria de las peticiones. El PEN Club Cubano en el Exilio no representa a la abrumadora mayoría de los escritores cubanos. Ni siquiera de los que viven fuera de la isla, ni siquiera de los que no se identifican con la Revolución. En Cuba les calza un dicho: no pasan de cuatro gatos. Los aludidos acuerdos para el diálogo entre el Ministerio de Cultura y los concurrentes el 27 de noviembre a las puertas del organismo, fueron violados por los que se abrogaron la representación de estos últimos, al pretender imponer condiciones y ejercer el chantaje a la institución.

Como en el tiempo transcurrido de entonces a acá nada ha cambiado –en Cuba se trabaja en condiciones difíciles pero se trabaja, la cultura sigue viva, con sus aristas críticas y su innovación incesante- y los de San Isidro y los que han tratado de manipular el episodio frente al Ministerio de Cultura siguen sin la menor implantación en el imaginario popular de los cubanos de a pie, más preocupados por el sustento diario y la lucha contra la pandemia que por escaramuzas y diatribas mediáticas, el PEN Internacional echa mano a recursos de segunda categoría.

Así aparece en el escenario la mexicana Alicia Quiñones, coordinadora para las Américas de la organización. Sus declaraciones hacen las delicias de Radio Televisión Martí, un medio oficial de Estados Unidos, que data de la era Reagan, cuya única y declarada función es subvertir el orden en Cuba.

Ella da por sentado que San Isidro “es un gran ejemplo de resistencia, entre muchos otros escritores y artistas que también nos han dejado ver lo que puede llegar a significar la protesta” y afirma que el gobierno cubano “ha intentado censurar y reprimir a lo largo de los años” las libertades “con decretos que coartan la creatividad y el libre pensamiento. Ese intento constante de censura recuerda la importancia del arte y la literatura en nuestra sociedad. Si se reprime, es por el valor que tiene”.

Evidentemente, Quiñones ignora absolutamente la realidad cubana, los avatares de la política cultural, y la legislación que garantiza derechos y deberes ciudadanos. Repite una sarta de lugares comunes, sin conocimiento de causa. 

De tal modo actúa una organización presuntamente profesional, inclusiva e imparcial, supuestamente al margen de la politización. Esto no es nuevo. La deriva del PEN Internacional y su amanuense regional también vale la pena ser contada. Lo prometido es deuda.  

Pedro de la Hoz
Nació en Cienfuegos, Cuba, en 1953. Escritor, periodista y crítico. Premio Nacional de Periodismo José Martí 2017 y Premio Nacional de Periodismo Cultural 1999. Ha publicado una decena de libros de ensayos, crónicas y entrevistas sobre temas políticos y culturales. Colabora habitualmente con medios de prensa de Cuba y México. Pertenece al capítulo cubano de la Red En Defensa de la Humanidad y se desempeña como vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.