Prietud, mayanidad y mujeres ¿Qué implica hacer un teatro decolonial?

Este trabajo recopila brevemente una serie de ideas y sentires sobre nuestras prácticas en Colectiva Contrayerba. No pretendemos asentar verdades, sino compartir cómo hemos entendido el potencial decolonizador en nuestras distintas áreas de acción.

La colectiva fue fundada en Jo’ en el 2019 y está coordinada por tres mujeres mayas que construimos y concebimos el teatro desde distintas disciplinas: Jazmín Alhelí en pedagogía, gestión y actuación; Christi Uicab en investigación, dramaturgia y actuación; y Gladiola Chi en utilería, escenografía e iluminación. Conformamos así una colectiva multidisciplinaria dedicada a producciones escénicas de mujeres mayas yucatecas que buscan ser autorepresentadas desde la dignidad, la esperanza y el antirracismo. Actualmente tenemos tres montajes: Contrayerba: monólogos de mujeres mayas (2019), Ramona viaja en bici (2021) e In k’áabae’ María Uicab (2022).

Nuestro posicionamiento personal y político comienza por asumirnos mujeres mayas y prietas, lo cual nos invita a iniciar un proceso decolonizador donde nos distanciamos de las categorías “mestiza”, “mexicana” o “yucateca” que impone el Estado-Nación: no nos identificamos con lo que la historia oficial de México dice que somos, ni con lo que la historia oficial de Yucatán dice que somos. Y aquí optamos por un cambio de narrativa ante los discursos oficiales.

Cultivos en patios on mujeres de la colectiva Contrayerba, donde comienza su narrativa

Decolonizar implica encontrar la raíz de una serie de prácti- cas del conocimiento que pretenden invisibilizar las prácticas de la memoria de los pueblos originarios, como consecuencia de las ideas de “progreso” y “mejora social” que fundamentaron la modernidad traída de Europa como una estructura colonial, capitalis- ta y cristiana (Romero, 2020).

Esta modernidad es visible en prácticas que se han entendido como “oficiales” y “más importantes” que otras, donde “lo blanco”, entendido como la herencia hegemónica europea, tiene mayor validez ante los saberes precolombinos que por consecuencia y al igual que el sistema de castas, fueron racializados, minimizados o invisibilizados.

Es desde la racialización de saberes donde nos posicionamos, es decir, desde la mayanidad y la prietud fenotípica y social. La prietud es nuestro lugar del habla, del hacer y del sentir, no solo por nuestros dignos colores de piel sino desde compartir los obstáculos históricos y estructurales que hemos atravesado para hacer lo que hoy hacemos: arte. Nuestro arte en este sentido es prieto, mayero, máasewual, malix y popular, todo menos aspirar hacia lo blanco.

En México el racismo ha tenido otro tipo de percepción pues venimos de una historia nacionalista que discursivamente definió a todas las personas mexicanas como “mestizas” e impuso el español como idioma oficial. Ante esta lógica, si todos somos mestizos entonces “no existen” pueblos originarios, ni diferencias físicas ni son relevantes la diferencias etnolingüísticas, es decir, ante este discurso somos sustancialmente iguales y, por ende, el racismo es cuasi imperceptible.

Monñologos de la colectiva Contrayerba

Sin embargo, el antirracismo es una postura política que implica no sólo señalar el racismo sino combatirlo con acciones que garanticen espacios seguros para personas históricamente raciali zadas. Es así como la decolonización nos invita a desempolvar lo blanco para visibilizar el conocimiento racializado desde una postura antirracista en nuestros procesos creativos.

En el ámbito de actuación y dirección nos hemos enfocado principalmente en la construcción de la psicología de nuestras protagonistas: mujeres mayas que son atravesadas por el racismo, la violencia de género y la amenaza de despojo territorial, así como de los conocimientos y oficios ancestrales. La tarea para nosotras ha sido dignificar la representación, es decir, responsabilizarnos éticamente sobre cómo queremos ser representadas en escena.

En México, las personas racializadas como indígenas o afrodescendientes han sido históricamente representadas desde la folclorización. Adolfo Alan Machinte (2013), define el termino como todas aquellas: expresiones locales ancladas en espacios rurales y utilizadas como telones de fondo de programaciones diversas, entre otras, como los actos politiqueros en donde la música y las danzas particularmente se ejecutan para el deleite de foráneos y/o para el disfrute de turistas.

En este sentido lo folclorizado es reconocido y aceptado en la medida que se constituye en diversión, más otras producciones continúan sin aparecer en el escenario nacional (2013, p. 462).

A lo largo de cuatro años, nos ha interesado el entrenamiento y la creación de personajes que confronten esa folclorización cuyo fin es la diversión y la turistificación de la identidad. Buscamos construir las corporalidades y la psicología de mujeres mayas lejos de la folklorización, el patriarcado y el racismo con el que se suele representar a las mujeres mayas.

Contrayerba: monólogos de mujeres mayas (2019) muestra la vida de cinco protagonistas, cuyas vidas y oficios tradicionales son amenazados por la violencia de género y la discriminación lingüística e intelectual de su entorno: la curandera, la trabajadora sexual, la partera y la yerbatera. La construcción de la psicología ha sido un campo de acción y decolonización asumiendo que lo normalizado sería representar a las protagonistas de Contrayerba desde el sufrimiento, abandono, morbo o desde la rápida solución ante la violencia y la discriminación. Las preguntas de cada laboratorio actoral han sido: ¿Cómo llegar al estado emocional sin atravesar esas violencias? ¿Cómo trabajar desde el dolor, pero lejos de métodos revictimizadores? ¿Cómo desarrollar estados emocionales que hacen eco en las historias de nuestras abuelas, madres o de nosotras mismas? Le hemos dado la respuesta: las personajas no son tontas y saben que su destino no debió de serlo. Hay una resistencia en ellas. No son historias que se difundan para marcar el destino, sino que son protagonistas rebeldes ante el destino impuesto: la yerbatera transmite la sabiduría de la yerba xkaambal jaw como metáfora de la resistencia; la partera en su senectud le reclama al cosmos el entorno machista que privilegia el nacimiento de un niño y no de una niña. La trabajadora sexual encuentra una red de apoyo cuando el pueblo la orilla a vivir en situación de calle.

La curandera encarcelada injustamente le reclama al oficial porque le reconoce como su cliente, apela así a su cinismo que apoya a un sistema y desvaloriza el otro que ya le benefició.

Todas se dieron cuenta de la injusticia y de una comunidad que no estaba lista para comprenderlas. De esta manera buscamos, mediante la técnica actoral, confrontar al sistema racista y patriarcal que podría representar los mismos casos desde la promoción de una realidad normalizada, así como simplificar, minimizar o invisibilizar la problemática reduciendo a diversión turistificada a las protagonistas, en su mayoría mujeres mayas de la tercera edad. El campo de la psicología se convierte así en nuestra oportunidad de imaginar otras realidades y sentir desde la esperanza. Las personajas se construyen con base en una corporalidad basada en la técnica de Eugenio Barba y desde una psicología que busca resistir ante la violencia de género, la discriminación y el racismo que viven las mujeres mayas dentro y fuera de sus comunidades.

Decolonizar así, no implica únicamente una cuestión estética y ética, sino replantearnos nuestro sistema emocional.

«Ramona anda en bici»

En nuestras producciones procuramos la creación de referentes para el pueblo maya. En el monólogo In k’áabae’ Maria Uicab, la vida de una lideresa maya es un pretexto para abordar la identidad maya negada por la familia, los complejos causados por el racismo estructural y el racismo interiorizado, donde al final existe un re- conocimiento como mujeres mayas jóvenes y adultas que pueden mirarse dignificadas en la lucha de María Uicab. En Ramona viaja en bici observamos historias sobre las resistencias de los pueblos mayas contadas para jóvenes audiencias, como una afrenta a la política de Estado que criminaliza los levantamientos indígenas, pero que, mediante la técnica del kamishibai, aprendemos que re- sistir es un acto digno y cotidiano. Mediante las figuras históricas de María Uicab y la comandanta Ramona, decolonizamos nuestro derecho a la indignación, a la organización autónoma de los pue- blos mayas y a mirarnos en un espejo antirracista.

Partimos desde la narrativa del dolor, pero replanteándola desde una poética de la esperanza. Es decir, pasamos por el lugar del dolor, pero no nos quedamos ahí. Creemos, ya que han sido mu- chos siglos de dolor para nuestros pueblos, nos toca ahora dignificar y buscar soluciones junto a las niñeces, juventudes y vejeces, públicos priorizados en nuestro repertorio.

El ámbito de la producción es coordinado por la arquitecta de Halachó, Yucatán, Gladiola Chi, quien se asume artesana con licenciatura en arquitectura. Ha abrazado conocimientos que la academia no incorpora para hacer sus propias metodologías decoloniales de diseño y construcción. Tiene amplia trayectoria en arquitectura comunitaria y sus saberes los plasma en la iluminación, escenografía y utilería en los montajes. “Lo que aplico en escena no lo aprendí en la escuela, lo aprendí en el monte con mi abuelo” es su lema. El espacio, las dimensiones, texturas y colorimetría en escena son prioridad no como paisaje, sino como la vida misma de su pueblo.

En gestión comunitaria destaca la política de cobro por posibilidades socioeconómicas promovida por Jazmín Alhelí, quien busca darle prioridad a grupos en desventaja para que puedan ejercer su derecho a la cultura sin costo alguno. Ella se encarga de la formación de públicos, así como procurar los recursos técnicos y humanos para llegar hasta la comunidad donde nos presentamos. Los proyectos pedagógicos también son asesorados por la misma Jaz, quien busca que el teatro procure el desarrollo humano, la potencialización de las capacidades físicas y el entrenamiento del pensamiento crítico en contextos marginados.

Chriti Uicab en la obra «In k’àa bae’ María Uicab».

La redacción y la investigación para la creación de textos para la escena, está a cargo de Christi Uicab, quien busca metodologías para la creación a través de talleres con grupos comunitarios. La investigación va de la mano con la práctica de pedagogías que buscan la cocreación del conocimiento más allá de los libros, pues se construye en la praxis, en la interacción con personas que luchan por el territorio y por sus derechos, es decir, en las necesidades vivas del pueblo. Investigar y escribir desde la oralidad y desde la participación para hallar soluciones a los problemas de una comu- nidad, es una actitud decolonizadora y una postura política contra el academicismo y el extractivismo blanco.

Las redes de asesoría son otro de nuestro enfoque. Nos coordinamos con colectivos que luchan por el territorio, por el fortalecimiento de la lengua y por los derechos humanos de las niñeces y mujeres principalmente. Nuestras redes buscan la asesoría en el tema y la pertinencia de cada puesta en escena. Tal es el caso del acompañamiento psicológico con enfoque comunitario de Paola Maas; la asesoría de proyectos comunitarios por la doctora Bertha Pech, la asesoría sobre prácticas antirracistas desde el campo antropológico de Alma Osiris; los diálogos sobre el tratamiento de temáticas y la pertinencia de la lengua maya con U yiich Lu’um de Sanahcat; con Mejen T’aano’ob y Volando libres sin violencia de Kanasín; con U muukil ko’olelob María Uicab y el Colectivo María Uicab de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo. Construir en comunidad y sabernos en red nos ayuda a mirarnos no como piezas de museo, sino, como hacedoras de la cultura viva y como agentes de transformación social en nuestras comunidades.

Creemos que Colectiva Contrayerba es un constante labora- torio de filosofía decolonial bajo la postura política del antirracismo. Somos conscientes que la principal sustancia decolonizadora sería retornar hacia nuestra lengua para conformar la autonomía ideológica. Somos hablantes pasivos pero el teatro ha sido nuestro espacio seguro para empezar a pensar y sentir en la lengua de nues- tros padres y abuelos.

Tras casi cinco años de trabajo nuestras búsquedas continúan desde la multidisciplina, la práctica de los saberes ancestrales, el reaprendizaje de nuestra lengua y desde la construcción política de una poética de la esperanza.

Este artículo es parte del libro La mujer en la escena teatral latinoamericna. Pandemia, identidades, mirando al futuro. Antología de los encuentros 2021-2023. Puedes adquirírlo en el siguiente elace:

Nació el 4 de junio de 1995 en Mérida, Yucatán. Creadora escénica y cofundadora de Colectiva Contrayerba. Licenciada en Literatura Latinoamericana por la UADY. Desde el 2015 es promotora de la lengua, literatura y cultura maya. A partir del 2014 trabajó junto a la escritora Ana Patricia Martínez Huchim (Tizimin, Yucatán. 1964-2018), como promotora de su libro U yóol xkaambal jaw xíiw/ Conrayerba, mediante lecturas dramatizadas y ejercicios escénicos que se presentaron en eventos al interior de Yucatán. Beneficiara del PACMyC 2019 para la adaptación dramática, producción, montaje y presentación de “Contrayerba: monólogos de mujeres mayas”, basado en el libro homónimo de Martínez Huchim, donde funge como co-creadora e intérprete. Becaria del PECDA Yucatán 2021 (Jóvenes creadores) para la producción del unipersonal “In káabae’ María Uicab” (Me llamo María Uicab). Actualmente, motivada por la profesionalización de su actoralidad, cursa el sexto semestre de la licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.