Relato El Cometa Halle Bopp de Miguel Manjarrez Torres

Miguel tenía 39 grados de temperatura. Esperaba a que amaneciera para ir al hospital, junto con otros nueve seminaristas que compartían los mismos síntomas. Por fin, las campanadas del Seminario Conciliar, puntualmente despertaban a los que rezarían el laudes, pero para los diez significaba que era hora de alistarse para ir al médico.

El Padre Prefecto, junto con otros dos maestros formadores los llevaron a la clínica de investigación más prestigiosa de la ciudad, temiendo una epidemia. Fue un trámite relativamente rápido, la muestra de sangre y las indicaciones del médico: aislamiento.

De regreso pasaron únicamente por una pequeña maleta para ser llevados a la Casa del Sacerdote, una residencia de retiro para los curas ancianos y enfermos donde eran atendidos por cinco religiosas. Llegaron directamente al comedor, la mesa ya estaba servida: frutas, licuado de avena, y una ensalada sobria. Comieron con desgano para después dirigirse a las habitaciones reservadas para su cuarentena.

Miguel era de entre todos el que tenía los síntomas mayor acentuados, no había ni llegado a su recámara cuando regresó el desayuno. Una religiosa le tomó por el hombro y lo ayudó a entrar. Los otros nueve iban desde lo delicado de salud, hasta lo poco perceptible, pero al final los diez estaban en vigilancia por una posible epidemia de Salmonerosis, o un derivado de ello.

Miguel Se recostó en la cama y recordó los días previos a su enfermedad, cuando recorrieron varios pueblos del estado como parte del paseo de vacaciones que tenían cada año. En esta ocasión había un tono especial en la convivencia. Durmió y soñó con lo que más deseaba en ese momento: ser mirado de nuevo, como lo habían mirado los días previos al paseo, recibir la misma atención centralizada en su persona, en lo que decía, en lo que veía. Era un sentimiento extraño, tenía miedo de que fuera real, pero al mismo tiempo anhelaba que no fuera algo que sólo se estuviera imaginando.

Dos días después pudo tomar el desayuno fuera de su cuarto. Supo que sus otros nueve compañeros preguntaron por él y lo quisieron visitar pero las indicaciones eran claras: dejarlo descansar. Sólo podía entrar la madre Luz a darle sus alimentos. Al salir se encontró a Jorge, debajo de un árbol de flamboyán, leyendo algo, como siempre lo hacía en sus ratos libres. Gustavo le interrumpió:

—Eh Astrónomo , ya te veo mejor… Parece que sí podrás ver el cometa Halle Bopp, lleva ya un par de noches que lo hemos salido a ver, pero la verdad ya nos aburrió.

Antes que Miguel dijera algo Jorge, quien se había acercado a ellos dijo:

—No te preocupes que yo lo veré contigo. Así que trata de descansar durante el día. Y no se lo digas a las celadoras porque son capaces de dormir paradas en tu puerta para que no salgas.

Miguel sonrió. Todo el día pensaba en ese suceso que desde hacía varios meses estaba esperando: mirar el cometa.  Recordaba cuando era niño y lamentaba que el Halley hubiera pasado en 1987, cuando él tenía 9 años y aún no sentía esa atracción astronómica. Este cometa presumía de superar las expectativas de los fanáticos a los astros y Miguel era uno de ellos.

Por la noche, sigiloso salió de su cuarto. Jorge lo esperaba bajo el framboyán, ambos subieron al techo de la casa y se sentaron a mirar el cielo, nublado en su totalidad.

—No te entristezcas, ya se despejará la noche. Quiero que sepas que todos estos días he pensado en cómo decir lo que te quiero decir.

Miguel sintió su corazón en la boca, en las manos, en los pies. Su piel entera latía y trataba de silenciarla para no delatar su nerviosismo. Jorge tomó su mano:

—Sé que sientes lo mismo. Sé que esto es algo imposible para los demás, pero puede ser posible para nosotros. Estoy enamorado de ti, de tus ojos, de tu inocencia, de tu atrevimiento a decir las cosas, de tu piel, tan suave y firme, de tus labios…

Para ello, la boca de Jorge se había acercado tanto a la de Miguel, que no quedaba duda que había un beso naciente. Un beso oculto, donde ambos gritaban lo que sus jóvenes cuerpos sentían. No había necesidad de revisar ningún documento eclesial, ni someter a votación si lo que ambos sentían era real. Desde el cielo, aparecía entre las nubes de las dudas el brillo del cometa Halle Bopp.

Miguel Manjarrez Torres
Lic. en Ciencias de la Comunicación, estudios de Filosofía en Seminario de Yucatán, Maestría en Psicoterapia Cognitivo Conductual. Escritor de novela, cuento y poesía. Experiencia docente y directiva de 20 años en Escuelas secundarias y preparatorias. Diácono de la Iglesia Anglicana en la Diócesis del Sureste de México. Entre sus publicaciones encontramos la novela corta Cuéntame gatito publicación particular en 2001, libro de cuentos Había una vez por parte de la Universidad La Salle en 2002, Nada que fingir, libro de cuentos por parte de Porrúa en 2015, Orbelina por parte de Ed. El Nido del Fénix 2017. Y Mía-Vuela en 2019. Además aparece en la compilación de textos de Excelencia Literaria editado en Estados Unidos como resultado de ser finalista en la categoría de cuento y poesía, aparece de igual forma en la Antología de poesía erótica por parte de Librélula Editores en mayo del 2015. En el 2014 ganó el concurso estatal Letra del Himno del CECyTE Quintana Roo. Ha participado en diferentes encuentros literarios, como la Feria internacional del Libro en Bogotá Mayo 2015, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara diciembre 2015 y la FILEY en marzo del 2016 y 2017. Creador del Premio Nacional Nada que Fingir, desde 2016, Plataforma que reconoce el trabajo artístico en México.