La restauración me ha ayudado a enfrentar mis miedos, a mirar de frente mis heridas e inseguridades, y, al mismo tiempo, me ha enseñado a valorar todo desde diferentes perspectivas, con diferentes lentes. En otras palabras, nada es lo que parece a primera vista, y siempre existe la posibilidad de cambio.
Es fundamental entender en el rediseño que la función puede cambiar y no está determinado por su origen. Siempre se puede ir más allá, transformar y actualizar el objeto, pasar de lo básico y funcional, a un aura de más plenitud, y belleza que cuenta una historia renovación con más conciencia.
Esto se aplica a nosotros, aunque nos hayan educado para la función (en mi caso) de una mujer yucateca, no estamos condenados a repetir patrones limitantes y sobre todo revalorar nuestra función en nuestra vida si va dirigida a nosotros o a los demás.
Lo que verdaderamente nos define como en el rediseño son las decisiones que tomaremos para transformar lo que ya no funciona, las elecciones de las herramientas y el trabajo que realizamos día a día.
Para ilustrar esta idea, les contaré sobre el primer mueble que restauré y cómo esa experiencia transformó mi vida.
Estaba en casa, observando un cuarto que usábamos como bodega, y allí vi dos sillones estilo Luis XVI. Eran piezas imponentes, con tallados elaborados y una madera oscura cubierta de un barniz brillante que, con el tiempo, se había desgastado y opacado en algunas zonas. Al verlos, me preguntaba cómo habían llegado allí, pues no eran el tipo de muebles que mi familia solía tener; eran un estilo desconocido para mí.
Al principio, me incomodaba verlos y pasaba una y otra vez, sintiendo esa molestia, cabe aclarar que solo pasaba y volvía a sentir la molestia, pero no hacía nada al respecto.
Un día, procrastinando como suelo hacer para distraerme de lo que me rodea y me molesta, descubrí videos sobre pintura totalmente diferentes de muebles con técnicas distintas a las tradicionales, llena de colores y propuestas más artisticas con personalidad, resaltando la personalidad y caracteristicas de las restauradoras y me sentí inspirada, pensé yo puedo hacerlo. Me sumergí en esos videos, buscando ideas y soñando con la transformación de esos sillones que tanto me incomodaban.
Con el tiempo, decidí intentarlo: ¿qué peor podría pasar? El mueble ya estaba en mal estado, y muy feo, así que me armé con pintura, lijas y brochas, y me lancé a la aventura de restaurarlo o mejor dicho rediseñarlo. Ese proceso no solo transformó el mueble, sino que también me transformó a mí misma.
Al final, ese sillón Luis XVI se convirtió en el punto de partida de una segunda oportunidad para mí y el rediseño y restauración de mi vida interior.







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