Con los ojos entreabiertos, el rostro empapado de sudor por la extrema humedad que se percibía en el ambiente, descubrí una ligera melodía: … Just beat it! ... Just beat it! Respiré y cerré los ojos.

Todos los días, en el camino recorrido entre la casa y su estudio, Marina tenía que parar en ese semáforo. Era larga la espera. Algunos muchachos repartían volantes impresos: Clases de Baile Fino de Salón...

Con el primer sorbo, el capuchino que acaban de servirte se amarga en tu boca. Ricardo no te había ahorrado ningún dolor...