En tan solo el siglo pasado, se articularon diversas intervenciones que desde la política alimentaria ─y, más recientemente, cultural─ continúan desmembrando procesos sistémicos que garantizaban el buen funcionamiento del cuerpo y de los ecosistemas.

De todos los males de la humanidad, el desamparo ante nuestra naturaleza biológica es uno de los más potentes, la conciencia de vislumbrar el camino que viene nos vuelve tremendamente vulnerables y el miedo de enfermar o morir, nos va aplastando la fortaleza.