Cuando se llega a Ticopó, lugar perteneciente al municipio de Acancéh, en Yucatán, la conversación que sale a flote es la del henequén, planta ligada a prominentes familias yucatecas como la de los Molina venida de tierras aragonesas.
La imponente hacienda perteneciente, en el siglo XIX, a don Ricardo Molina Hubbe, hijo del matrimonio formado por don Ricardo Molina Solís y doña María Luisa Hubbe García Rejón, hermano y cuñada del Gobernador Olegario Molina Solís, son los personajes que más se mencionan, aunque, si las paredes hablaran, seguro recordarían también a don Avelino Montes por comprarla, en 1918, a don Lorenzo Peón, por las iniciales y fecha de 1930 registradas en la chimenea de la casa de máquinas; así como a doña Teresa Molina de Cassasús por heredársela a sus hijos Francisco y Joaquín; y a don Jorge Arcila Negroe por hacerla propiedad suya en 1975.
Más allá de que la casa principal data del siglo XVIII, tiempo en el que el henequén no hacía presencia en Ticopó, es el cultivo de esa planta la que le da un renombre mundial.
El relato que a mí más me gusta escuchar es el que cuenta, como buen agrónomo, el Ing. Bouillé.
El Ing. Bouillé, muy orgulloso, siempre cita al señor Mac-Kinney cuando de henequén se habla por las referencias históricas sobre el nombre y uso del henequén ligado a Francia que se leen en el “Boletín de la Dirección de Agricultura y Ganadería del Ministerio de Fomento de la República del Perú” un librito que desde niña observé en la tercera tabla del librero familiar.

Para Mac-Kinney, el nombre del henequén viene de un apellido francés, específicamente de Balduino Hennequin, originario de Artois que en tiempos de Felipe II logró convertirse en enemigo de la monarquía; en otras palabras, en una persona ingrata, apelativo que recibió el agave al vérsele como la planta más ingrata de todas, debido al suelo en el que vive, la posición de sus espinas, lo corrosivo de su savia y su apariencia; historia para nada sustentada, pero que al Ing. Bouillé le encanta recordarle a sus dos hijas soñadoras e imaginativas que Dios le dio.
Lo que sí es cierto es que en sus orígenes era una planta usada para la manufactura de artículos exclusivos de los naturales, pudiéndose encontrar en forma silvestre y en huertos de campesinos.
De 1780 a 1783 la fibra de la planta ingrata se conoció a nivel mundial, siendo Cuba el principal país al que se exportó.

Es hasta el siglo XIX que se convierte en una bendición, influyendo en mucho para aquilatarse su gran valor la invención de la primera máquina raspadora práctica: la llamada “rueda Solís” convirtiendo a Campeche, Chiapas, Tamaulipas y Yucatán en estados importantes al extender el mapa del país, siendo la región costera cerca del puerto de Progreso y los alrededores de Mérida los grandes emporios de la planta también conocida como Ki.
Ticopó es un referente para los ingenieros agrónomos chapingueros, como el Ing. Bouillé, cuando se habla del henequén vinculado a temas como: densidad de siembra, época de sembrío, cuidados culturales, abonamiento, enfermedades y plagas.
Yo fui a Ticopó a supervisar el Telebachillerato Comunitario, opción educativa creada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) que ofrece servicios de Educación Superior a comunidades rurales con menos de 2,500 habitantes que no disponen de servicio de bachillerato en un radio de 5 kilómetros, pero en el receso para comer, su hacienda me transportó a esa época del oro verde.
Referencia:
La sección técnica de propaganda agropecuaria, (1969), Boletín de la dirección de Agricultura y Ganadería, República del Perú, en: https://books.googleusercontent.com/books/content?req=AKW5Qaf8NLlScD_-cuqST3rpCFJEyWoI4mJeXiQI8LBSwvCToly-MLz3rmaPcguywRrV714Gzwf3es1HI7wqViw9FJ7uxOvhR18ipRZzbOUquNJnZEzwVOlgl0hFS8CcKxH7gZ9kWy-Txt46wumJrADFwMv_zo7iMvl9fiOaWBbrLhgTiQxhmhd6n4DrjLmts2eumJez6RDXjX35-cldh58LPfpQzLA8phOYTuMF0ys8ZfHK8t58RvK1-CXVic64djZtmVF-cq3X









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