Un baile cualquiera

El baile estaba por comenzar, la gente entusiasmada hace fila para ingresar a la sala de fiestas, conocida como “La pastilla” los músicos afinan instrumentos y así tenerlos listos cuando arranque la melodía, los asistentes que logran ingresar al sitio caminan presurosos consiguen mesa y la ocupan. Era una de esas noches de sábado en que la diversión se torna obligada e imperiosa.

Casi en medio del salón un grupo de jóvenes platica animado. Destaca la figura de William estrafalariamente vestido con pantalones de campana, pelo largo, zapatos bicolor cual pachuco fumando un cigarro, en la otra mano sostenía la cajetilla de éstos cuya leyenda publicitaria reza la palabra  “Delicados”

Aquella noche se desarrolla sin percances; todo mundo espera con ansias el momento a mitad del baile cuando anuncien la presencia de  “Mike Laure y sus cometas” quienes amenizarían el show del evento.

Alondra no comparte esa felicidad ya que la sola mención precisamente de ese grupo trae a su mente recuerdos lamentables de los que nunca terminará de arrepentirse, pues en un baile similar años atrás cuando apenas era una chiquilla, durante la temporada de verano en el balneario de Yucalpetén del Puerto de Progreso Yucatán , había conocido a William,     –el individuo mencionado– quien caballerosamente con ese aire encantador que demostraba siempre, se acercó invitándole a bailar. Ella creyó que aquel sería el inicio de una noche maravillosa que en cambio se convirtió en una pesadilla atroz.   En ese entonces coincidentemente mientras Mike Laure tocaba su famoso éxito discográfico tan escuchado por esos días  “La rajita de canela”, el fulano le susurraba al oído:   estás bien chula cariño, ¿dónde has estado escondida que no te había visto?     eres preciosa yo quiero que me des tu rajita de canela.  La cautivadora personalidad de William la tenía completamente fascinada al grado de no tomar en cuenta las constantes recomendaciones de su madre y abuela quienes a cada oportunidad le aconsejaban no confiar en ningún malandrín de esos que se conocen en los bailes y que no debía tomar bebidas en vaso sino percatarse de que se la sirvieran en botella cerrada,  pero  ¡qué carajos! Se sentía embobada aspirando el perfume seductor de aquel tipo tan guapo, tan cautivador el cual pronunciaba insistente metiendo la lengua en su oído: déjame probar esa linda rajita de canela .

Por aquellas fechas se estilaba que los galanes invitaran a las chicas a un refresco para manifestar su interés, ese día no fue la excepción,  en un intermedio William regresó hacia ella con dos refrescos en la mano pero ¡oh!  estaban destapados; con eso y todo, su encantamiento no le permitió razonar que aquella bebida podía contener yumbina, que la excitaría y adormecería, ni siquiera se detuvo a pensar, estaba en extremo deslumbrada.

Nunca supo cuánto tiempo transcurrió. Al despertar desnuda, en una cama desconocida, turulata y atontada, entendió al fin lo que había ocurrido. Sorprendida y pronta como pudo se vistió,  tomó su bolso, salió del cuarto, esperaba encontrar a William y pedirle una explicación; ¡qué rabia! aquel cobarde, imbécil no apareció por ningún espacio de la casa, afuera tampoco. 

Crudamente enfrentó la realidad y comprendió que la habían abandonado en unos departamentos ubicados en Chicxulub, revisó su bolso, corroboró que su dinero estuviera intacto. Se sacudió el coraje, como pudo intentó calmarse, puso en orden sus ideas y tomó el camino de regreso a casa. Avergonzada se enjugó las lágrimas y nunca comentó el hecho con nadie

Ahora se lo encontraba ahí en “La pastilla,” quitado de la pena, regodeándose, lamiendo sus labios, atisbando a cuanta muchacha pasaba por su lado, pensó acercarse y saludarlo, se arrepiente –no, no debo acercarme reflexionó– sin embargo la tentación era mucha;  la furia mayor . Por su cerebro pasaron mil ideas aceleradas.  Mira en derredor, la gente baila, el ambiente era divertido a más no poder, nadie se fijaba de los otros, todos contentos, felices;  Alondra frenética acercándose a William,  toma un punzón que reposaba en un cubo de hielo en una mesa y trastornada lo clava en el corazón de William, él, sorprendido e incrédulo no acierta a comprender, cae al suelo, es evidente que ni siquiera la recordaba, los bailadores circundantes atónitos emiten un grito desgarrador.

Al amanecer los periódicos locales comentaron la terrible noticia.

Alondra ha cobrado venganza,  el bellaco no arrebatará de nuevo la virginidad a ninguna mujer,  jamás ese acto se repetirá en un baile cualquiera.

Narradora y docente de profesión. Es miembro del taller literario Café con piquete que coordina la escritora Melba Alfaro. Ha participado en diversas emisiones de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán, FILEY, con lectura de sus cuentos. Es autora del libro "La sombra del infortunio".