Un país donde ser mujer es un estado de emergencia

Hay libros que son una bofetada que te despiertan a la realidad, que hacen surgir sentimientos oscuros, de coraje, de impotencia, de horror. “Perras de reserva” (2022), de Dahlia de la Cerda, es uno de ellos.

Nacida en el seno de una familia trabajadora en el centro del país, tomó talleres y participó en concursos literarios, donde destacó desde sus inicios. En 2013 luego de que una prima suya fuera víctima de feminicidio se interesó por el activismo y comenzó a escribir sobre la violencia de género. En 2019 recibió el premio Cuento Joven Comala recopilando nueve cuentos escritos siendo becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y, posteriormente, le sumó cuatro más para formar la segunda edición del título que hoy nos ocupa y con el cual se hizo conocida a nivel internacional, ya ha sido traducida a diez idiomas.

La obra consta de trece cuentos que bien se podrían dividir en dos temas fundamentales; la narcocultura y la violencia de género, aunque por momentos se entrecruzan y se pierde la frontera entre ambos. Las primeras narraciones las encuadra en el territorio norte del país donde la cultura del narcotráfico está tan arraigada que forma parte del día a día de todos.

Cual fino estambre, las historias se van tejiendo entre ellas concatenándose los personajes que nos presenta la autora. La hija heredera de un “patrón”, crecida en un contexto donde el dinero no es problema, entre operaciones estéticas y artículos de lujo busca convertirse en la “buchona” perfecta, el modelo al que aspiran las jóvenes como máxima en ese entorno.

Delincuencia, dinero, poder y estilo de vida. Pero Dahlia igual nos presenta el otro lado, donde la precariedad, la violencia, la falta de oportunidad, la supervivencia, empujan a las mujeres a tomar decisiones donde el bautizo, con base en sangre y plomo, para ser sicarias también existe. Porque hay que buscarse la vida como te tocó vivirla, “la vida es una perra, por eso hay que patearle la jaula, aunque sea brava”. Las protagonistas se entrelazan, se comparten y nos muestran, incluso, a través de versos de canciones, cómo se vive la vida desde el delito en el contubernio entre la política y el narcotráfico.

El resto de las historias hablan abiertamente sobre la violencia de género, expresada siempre a través de voces femeninas. Nos muestra cómo se vive la violencia desde la infancia, el matrimonio infantil, el infanticidio y la búsqueda por sobrevivir en un país donde ser mujer es un estado de emergencia. Relatos de migración, venganzas vampirescas, prostitución, superstición, santerías, brujas, yerberas y curanderas, depresión, desapariciones, feminicidios y violaciones, incluso en la comunidad LGBTIQ+.

De la Cerda nos va contando cómo en nuestro país cada tres horas y veinticinco minutos una mujer muere de forma violenta a manos de su pareja, un familiar o un desconocido. Nos presenta un país en el cual existe el 98% de impunidad en estos delitos, donde la desaparición y la muerte son hechos del diario y que ya han perdido la capacidad de asombro en la población, y es necesario volver a pasmarnos con estos números y acontecimientos.

Desde el punto de vista y voz de la mujer, la autora nos presenta narraciones que no te dejan impasible, te atrapan, te golpean, te dan qué pensar, te conmueven y te acercan a una realidad negada, invisibilizada, hasta que te topas con historias como estas, relatos que te enseñan que “México es un mostro enorme que devora” (sic) a las mujeres por el simple hecho de serlo; no debería ser así.

Antropólogo social, diplomado en Mediación Lectora. Ha sido coordinador de programas educativos, curador textual, promotor cultural y evaluador de proyectos sobre derechos humanos y de educación superior.