Un nuevo marzo ha llegado, mes que se ha erigido como recordatorio de las luchas de las mujeres; sin embargo, no parece que las cosas hayan cambiado mucho. Es verdad, hoy tenemos en México una mujer presidenta, quien dijo: “llegamos todas”, “es tiempo de mujeres” y ha mostrado el carácter, la inteligencia y la fuerza de una mujer frente a uno de los países más poderosos del mundo, quien sin titubeos, ha dicho reiteradas veces: “la soberanía, no es negociable», «coordinación sí; subordinación, no”.
Esta última frase es muy simbólica, pues es la postura de las mujeres en las marchas del 8M, quienes no se rindieron ni subordinaron cuando, la primera vez que protestaron bailando, se rieron de ellas; o las que violentaron cuando simbólicamente lanzaron glitter; y desde entonces, las han criminalizado por manifestarse, por exigir a las autoridades no más impunidad ante las desapariciones y feminicidios, no más muertas ni desaparecidas. Está claro que la violencia genera violencia, y actualmente, vivimos una etapa de la historia en que las confrontaciones entre la sociedad y las autoridades cada vez se tornan más peligrosas al no tener claro los orígenes de las problemáticas.
La lucha por los derechos de las mujeres no es de hoy ni de ahora, son muchos siglos de vejaciones, acusaciones, torturas, señalamientos y dolor acumulados en la historia de las mujeres que se atrevieron a romper el status quo, lo cual dio como resultado que seamos consideradas ciudadanas con derecho al voto y ser votadas, que podamos ir a la escuela, titularnos en ciencias, entrar a las bibliotecas, elegir nuestra pareja y sobre nuestro cuerpo, divorciarnos y ejercer nuestro libre advedrío; sin embargo, aún las calles son inseguras, aún nuestro sexo y género se interponen en nuestro desarrollo laboral, aún sufrimos acoso, aún nos violan, nos secuestran y nos matan.
A veces se olvida que quienes forjaron los derechos de las mujeres de hoy, fueron mujeres extraordinarias que rompieron los cánones de su época, que se enfrentaron a su familia, a las normas establecidas y fueron muchas veces reprimidas por el Estado. Si revisamos sus historias, no tuvieron finales felices. Muchas de ellas escribieron de forma clandestina, firmaron como hombres, fueron iconoclastas, escribiendo paredes y monumentos, hicieron quemas de documentos, marcharon, gritaron y conspiraron contra las autoridades de su época.
Por eso, este mes de marzo, la editorial Lectámbulos, pone en circulación dos libros que hacen homenaje a estas mujeres: Mexicanas por descubrir de Laura Elena Rosado Rosado, que nos pone al descubierto la biografía de veintiún mujeres que vale la pena conocer y no olvidar; así como La mujer en la escena teatral latinoamericana, de Ana Várguez Pérez que reune la voz de escritoras, artistas y gestoras culturales que partiparon en los encuentros 2021 y 2023 del mismo nombre.
Así pues, hemos decidido dedicar esta edición de nuestra revista a las Mujeres extraordinarias, desde las que han hecho historia, hasta las que con su palabra honran el derecho que por tantos años se nos fue negado: la lectura y escritura; a las mujeres valientes que, incluso sangrando y con dolor, acuden al trabajo diario en casa o en la oficina; a las incansables mujeres buscadoras del paradero de sus hijas; a las mujeres que marchan y luchan por los derechos de las mujeres del mañana; a las que a pesar de la represión y el estigma no se someterán.










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