Mayo suele ser el mes dedicado a las madres, puesto que la figura de la maternidad sigue siendo idealizada para el género femenino por la virtud biológica de dar vida a un nuevo ser; sin embargo, alrededor de este hecho maravilloso giran otras variables que definen las circunstancias tanto de la mujer como de la nueva vida en cuestión.
Definitivamente, la maternidad continúa ligada a la idea del “hada del hogar”, como decía Virginia Woolf, o la sacralización de la mujer, refiriéndonos a Rosario Castellanos, en que la mujer es completamente invisibilizada para convertirse en una deidad: la madre; es decir, las madres vienen a ser una especie diferente a las mujeres dentro de la idiosincrasia latinoamericana.
Sin embargo, es hasta las revoluciones del siglo pasado que las mujeres comenzaron a hablar de sus cuerpos como un territorio, exigían derechos sobre su propiedad. No por nada comenzamos a ver la batalla entre los derechos reproductivos y el control de la natalidad que va de la mano con la posibilidad de que la mujer pueda incorporarse a la educación y a la vida laboral — y, por supuesto, a la vida política—, pero al mismo tiempo, se inicia una fuerte campaña por parte del poder para volverla al hogar. Un ejemplo simbólico —y que resultó efectivo— fue la conocida convocatoria del 13 de abril de 1922, que emitió el periódico Excélsior con el pretexto de instituir un día para celebrar a las madres mexicanas, en la cual premiaría a la madre que más hijos tenía, entre otras “virtudes”. Sin embargo, un análisis más detallado muestra que esta iniciativa de celebración fue más bien un pretexto para contrarrestar las demandas de control de la natalidad que reclamaban las primeras mujeres feministas en el México de los años veinte y a las que se oponía la iglesia católica y la sociedad conservadora.
En la actualidad, la celebración del Día de las Madres se replica sin la más mínima sensibilidad y reflexión: el sistema escolar lo celebra sin pensar en las diferentes maternidades o tipos de familias, ni en los infantes que no tienen a su madre con ellos por diferentes razones y realizan festivales que ponen en aprietos a las madres trabajadoras que difícilmente podrán acompañar a sus hijos.
Asimismo, por años se ha celebrado la maternidad y se ha juzgado a las mujeres que no han podido o han decidido no ser madres. Sin embargo, las nuevas generaciones están optando por no tener hijos, quizá como una postura política o debido al costo de la vida y a la gran responsabilidad que esto implica, sin que esto las haga menos mujeres. Estas jóvenes tienen de su lado la educación sexual —aunque el sexo todavía tenga muchos tabús—; la existencia y uso de los preservativos, así como la libertad para adquirirlos; e incluso leyes que protegen hoy los derechos reproductivos y sexuales, así como el aborto en determinadas regiones y circunstancias.
Por esta razón, hemos decidido denominar la edición de mayo de Lectámbulos: Madres y no madres: diversidades, puesto que más allá de la maternidad, hay mujeres hermosas deseando ser vistas, esperando por volver a ser ellas mismas; y mujeres que hoy tienen la posibilidad de decidir sobre su cuerpo y la responsabilidad de construir un futuro diferente para todas.










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