«Corruptopía» de Carlos Rodríguez Vidal

Premio de Cuento Satírico «Gonzalo Martre» 2025

En el hospital “Health & Hills”, el más exclusivo y costoso de toda la ciudad, ingresó por urgencias en una camilla Tadeo Mijatovic conocido legislador con más de 26 años en el congreso, fue rodeado inmediatamente por varios doctores y enfermeras y trasladado a la sección VIP. Su mirada era de pánico, de un terror absoluto. No sé qué me pasa, no pude aceptarlo, no se…fueron sus últimas palabras antes de caer rendido por los sedantes.

Mi experiencia como reportero me indicó que aquí había una historia.

Afortunadamente no tuve que esperar mucho para saber por dónde empezar ya que de las puertas de la exclusiva sección salió el Doctor Milivoj, de abundantes canas y voz cansada, le entregó varias carpetas a la enfermera de recepción, Otro más, ya van ocho esta semana, le comentó a ella que sin contestarle tomó los archivos y los asentó sobre el mostrador muy cerca de donde yo estaba esperando mi turno para pasar por un esguince en el pie.

Parecía que ella aún no se percataba de mi presencia y se mantenía en su silla llenando una montaña de formatos. Me acerqué pasito a pasito, o mejor dicho, brinquito a brinquito a los expedientes hasta que sentí que podía abrirlos sigilosamente. La enfermera se levantó a sacar unas copias y es entonces cuando aproveché para leerlos lo más rápido posible.

Los datos generales hablaban de cuatro hombres y cuatro mujeres, todos mayores de edad que presentaban síntomas propios de quienes han sido impactados por una experiencia aterradora y traumática: Dificultad para respirar, fuerte dolor en el pecho y sudoración intensa en todo el cuerpo. Pero hay algo peculiar en lo que también coincidían: los ocho eran políticos.

La enfermera regresó de la copiadora, con celeridad cerré las carpetas, pero antes ví escrito en un papelito entre las hojas las siglas S.H.A. y debajo con la clásica letra ilegible de un médico solo pude entender dos de las cuatro palabras: “Síndrome de…”, las otras fueron indescifrables. Poco después me avisaron que pasara a consultar y para mi buena fortuna el médico que me atendió era el mismo que dejó los expedientes afuera hace unos minutos.

Le expliqué que tenía ese esguince por estar jugando futbol con mi sobrino y recibir una fea barrida debido a su impotencia ante mis regates brasileños, aunque la verdad es que apenas íbamos a empezar a jugar cuando en lugar de patear la pelota la pisé y caí al suelo doblándome el tobillo penosamente, pero era casi lo mismo. Me recetó unos antiinflamatorios y reposo, antes de que se ponga de pie le agradecí y agregué: Mire doctor, soy reportero y me han informado que aquí está pasando algo que tiene que ver con una enfermedad y con los políticos de la región. Usted sabe que esta situación se conocerá tarde o temprano, ayúdeme a dar la noticia correctamente.

Se quitó los lentes y se miró fijamente en ellos, es verdad, le diré lo que está pasando, me contestó colocándoselos nuevamente y suspirando con resignación.

Me relató que el primer caso se dio en la zona sur, el legislador Igor Rakitic estaba en un día normal en su despacho atendiendo a unos constructores que querían un permiso para poner un edificio de renta de oficinas en un terreno abandonado por la municipalidad donde alguna vez alguien prometió que habría un parque, todo eran risas y cordialidad hasta que Igor se dispuso a firmar el permiso, y no pudo hacerlo. No, no es correcto balbuceó, ante la mirada atónita de los asistentes. El líder de los constructores se acercó a él y dándole unas palmaditas en la espalda le entregó un abultado sobre lleno de efectivo, lo usual en esas negociaciones, pero Igor confundido y temeroso no lo pudo agarrar, por más intentos que hacía su cuerpo no lo obedecía y se negaba a aceptarlo, No puedo, no está bien dijo y comenzó a sudar copiosamente, No sé qué me pasa, yo… se desplomó en su silla jadeando desesperado. Los constructores se levantaron indignados ¡En un año hay elecciones y ahí nos veremos otra vez! amenazó el líder saliendo del despacho seguido por todos los demás y azotando la puerta.

Igor se sentía morir, no sabía lo que pasaba, pero era la primera vez en toda su carrera que no aceptaba unos buenos fajos de billetes. Estaba aterrado, como pudo salió del despacho apoyándose en las paredes y afuera ya estaban dos legisladores más, todos con la misma mirada de pánico, sabían que algo andaba mal.

Y aquí estamos, dijo Milivoj sosteniendo varios archivos y mostrándomelos, pero sin soltarlos, todos los días están llegando más y más políticos preocupados porque no pudieron aceptar sobornos o porque se negaron a mentir frente a miles de personas. Ayer llegó la líder de la oposición, Martina Slobodan, está ingresada porque quería renunciar a su sueldo para devolver todo lo que ha robado en sus años en el congreso, imagínate el susto que tiene la pobrecita.

Insistí en que me dijera a que le atribuían esta situación. Me confió que todo apuntaba a un virus, lo nombró Síndrome de Honestidad Atípica, S.H.A. y hasta ese momento solo atacaba a políticos profesionales, pero también se habían detectado ya contagios en policías, jueces y notarios.

Tenía suficiente información para iniciar la historia, me despedí del doctor y tomé las muletas para salir del hospital. De nuevo por urgencias vi que llegaba una ambulancia con la sirena encendida, los paramédicos descendieron a toda prisa e ingresaron a la presidenta del congreso Filipa Stankovich totalmente desmayada. Uno sus acompañantes que se identificó como su hermano, comentó que se puso así porque estuvo a punto de despedir a los familiares que metió a trabajar con ella, afortunadamente se desvaneció antes de anunciarlo, fueron momentos muy estresantes para todos, agregó conmovido y se dirigió a rápidamente a la sección VIP.

Al principio mi reportaje pasó desapercibido, al parecer a la ciudadanía en general le tenía sin cuidado un mal que solo afectaba a la clase política, pero los casos iban en aumento y cada vez más funcionarios se negaban a prestarse a actos de corrupción. Después de dos meses de haberlo publicado los ciudadanos comenzaron a sentir los estragos del virus. Las quejas se multiplicaban, las grandes mafias de la ciudad estaban furiosas y atacaban porque los jueces no dejaban salir de la cárcel a su gente, los ciudadanos se escandalizaban porque en las instituciones no aceptaban sobornos para poner los sellos en unos permisos sin cumplir los requisitos, los inspectores hacían su trabajo y revisaban que todos los comercios cumplieran la ley en sus establecimientos y con sus empleados, irritando a las cámaras empresariales, las multas iban en aumento ya que ningún policía aceptaba hacer un trato por un auto mal estacionado aunque sea “solo por un momentito”. Al principio los periódicos y los noticieros alababan este cambio y culpaban a la gente de no sumarse a los nuevos tiempos, pero cuando vieron que los partidos dejaron de comprarles publicidad y los políticos en general se negaron a pactar entrevistas a cambio de favores ordenaron a todos sus comentaristas, especialistas e intelectuales a que también se sumaran a las críticas, con furiosas columnas y editoriales.

Después de casi seis meses, el Dr. Milivoj accedió a entrevistarse conmigo nuevamente. Cuando regresé al “Health & Hills” el panorama era muy diferente al de la última vez, estaba lleno de políticos, policías y jueces por todos lados, todos con la misma mirada de pánico como la de quien está a punto de perder la vida tal como la conocía. Ya no había Sección VIP, los mismos enfermos se negaban a pasar y a tener un trato especial y pedían esperar su turno como todos, ante la mirada incrédula del personal médico acostumbrado a sus desplantes. Milivoj me actualizó sobre los adelantos para encontrar la cura a este virus y me dio buenas noticias.

Me explicó que estuvieron haciendo experimentos con algunos pacientes que se ofrecieron voluntariamente desesperados al saber que el gobierno central ya estaba preparando el envío de todo tipo de servidores públicos de otras latitudes del país para suplir a los contagiados y tranquilizar a la población.

Al parecer se originó en el papel moneda, todo nos indica que en algún lugar hay una persona honesta haciéndose pasar político, suponemos que recibió algunos billetes que estaban destinados para un acto corrupto y los devolvió, pero el Ph de sus dedos honestos contaminó esos billetes que luego llegaron a un político normal que sí los aceptó y esto fue desencadenando el desorden que tenemos ahora, hemos logrado aislar el Ph contaminante del irresponsable ciudadano y es cuestión de meses para que logremos anularlo, afirmó el doctor con una sonrisa esperanzadora.

La ciudadanía recibió con júbilo la noticia, se acercaban las elecciones y los primeros candidatos que salían a hacer campaña solo les decían la verdad, La economía no mejorará, no se regalará dinero a nadie si no lo puede justificar, si no tienen la capacidad no podrán entrar a trabajar al gobierno etc. nadie les prometía lo que querían escuchar, no regalaban dinero, ni televisiones, ni organizaban bailes y conciertos, lo único que hacían era proponer soluciones a largo plazo que implicaban trabajo y sacrificio para beneficio de las generaciones del futuro, una verdadera decepción para todos.

Como me vaticinó el doctor, más o menos a los tres meses se anunció con gran fastuosidad que existía la vacuna, los primeros en ponérsela desfilaban vitoreados por la gente como héroes. Entre flashazos de la prensa hacían demostraciones de su efectividad y se metían ágilmente sobres amarillos a la bolsa del saco sin ningún problema para demostrar que estaban curados.

Gracias a mi reportaje fui nominado al premio de «Periodista del año», todos coincidían en que yo era justo merecedor de ese galardón, grande fue nuestro alivio cuando anunciaron que el ganador era el cuñado del juez de la suprema corte demostrando nuevamente que el virus estaba totalmente derrotado.

La ciudad volvió a la normalidad, en las elecciones los ciudadanos votaron nuevamente por políticos que juraron un apego irrestricto a la ley con la tranquilidad de saber que jamás lo cumplirán.

Carlos Antonio Rodríguez Vidal (Mérida, Yucatán; 1979) Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación (ICSMAC). Ha publicado en la revista Camino Blanco (ICY, actual SECECULTA), en el periódico El Mundo al Día (Novedades). Ganador del concurso mensual de cuento breve organizado por el programa de radio Buenos días Madrid (Octubre 2018). Actualmente coordina la imagen y diseño de la compañía El Globo, Arte y Cultura A.C. de la cual es miembro fundador.