Estamos a punto de concluir el 2021, un año en que conocimos, enfrentamos y aceptamos “una nueva normalidad”; en el que, a pesar del miedo y la incertidumbre, volvimos a las calles, al trabajo, a los espacios públicos.
Como suele suceder, quedan estragos de la batalla —que aún no termina—, quedan en nuestra memoria la ausencia de los seres amados que partieron, secuelas físicas y emocionales en quienes se infectaron con el virus y sobrevivieron; crisis de ansiedad y pánico que nos impiden hacer lo mismo de antes y de la misma manera. Extrañamos las sonrisas, ver los rostros de la gente, darnos la mano y tocar los objetos con la confianza que antes lo hacíamos.
Sin duda, el Covid-19 nos cambió y cambió nuestras vidas, nos enseñó, entre muchas cosas, lo fácil que es perder lo tenemos: el trabajo, la salud, la familia, la libertad. Al mismo tiempo, los grandes problemas sociales se agravaron: la pobreza, el desempleo, la deserción escolar, el desabastecimiento de medicinas, la violencia, los feminicidios.
Hoy, más que nunca, en que la “nueva normalidad” nos exige incorporarnos al trabajo y a la escuela con medios digitales, en una debacle económica mundial que afecta a todas las familias, sin distinción alguna, nos enfrentamos a la sin razón de las autoridades, a la frustración y desesperación por seguir siendo parte de esta sociedad.
Grandes potencias acaparan las vacunas en esta batalla desigual por sobrevivir a la pandemia, mientras que los países subdesarrollados parecen estar condenados a tan solo esperar el resultado de la selección natural, porque no queda otra opción. Aunque sabemos que no todo está perdido, cuando vemos a una pequeña isla caribeña compartir, pese al boqueo comercial que vive, ayuda médica y vacunas creadas con sus propios recursos.
Sin embargo, en medio de un clima de desinformación, dudas y especulaciones, nos preguntamos si es posible restituir el estado de paz que por derecho nos corresponde.
La ONU señala que la paz no es la ausencia de guerra, sino un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad, por eso en esta edición de Lectámbulos, del mes de diciembre, nos preguntamos: La paz ¿Utopía o realidad?
¿Cómo y de qué manera podemos contribuir a restaurar la paz de nuestros hogares, de nuestros hijos, de nuestros alumnos, de nosotros mismos? ¿Será posible lograr una estabilidad e igualdad que nos permita vivir en paz o es tan sólo un espejismo en medio del desierto? ¿Qué nos corresponde, qué nos falta por hacer?
Gracias por acompañarnos mes a mes durante este 2021. Todos los que formamos parte de Lectámbulos deseamos que sus hogares se llenen de armonía y paz en estas fechas decembrinas, y cuya dicha se prolongue durante el nuevo año por venir.
Verónica García Rodríguez
9 de diciembre, 2021.










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