Los profesores y las profesoras de este país compartimos oficio, pero, sin duda, no siempre compartimos los mismos recursos. Todos y todas trabajamos para sacar el agua que amenaza con hundirnos el barco, pero no todos contamos con las mismas herramientas: hay quienes tenemos el privilegio de tener cubetas, otros, mucho más, solamente cuentan con sus manos. No hay rincón de este país que no esté marcado por la desigualdad y la trinchera docente no es la excepción.
En México, cinco de cada cien personas privadas de su libertad, son mujeres. Estas mujeres son consideradas como grupo vulnerable de la población, porque se encuentran en situación de reclusión en espacios que no cuentan con las condiciones mínimas que favorezcan su reinserción y por ser México un país marcado por la desigualdad de género y la violencia hacia las mujeres.
La pandemia de la desigualdad nos afecta a todas, aunque no en la misma medida. Existen mujeres que cuentan con privilegios tales como una mejor posición social, un empleo digno y bien remunerado, redes de apoyo, mayor escolaridad o una plena consciencia de la desigualdad de género que se vive en México






